Ha crecido al lado de muchas generaciones, e incluso ha llegado a tomar ese papel de “mejor amiga” o “hermana mayor” en la pantalla. Anne Hathaway (43) lleva más de 25 años dedicándose a lo que mejor sabe, la actuación. Empezó a finales de los 90 con sus primeros trabajos; sin embargo, no fue hasta 2001 cuando dio el gran salto, nada más y nada menos que con Princesa por sorpresa. En 2006, también protagonizó otro de los grandes clásicos que han marcado la industria, El diablo viste de Prada, donde dio vida a Andy Sachs, la asistente de Miranda Priestly. Este 2026, veinte años después, vuelve a retomar este icónico papel en la secuela de la película, pero ahora como editora de reportajes en Runway.
La secuela ya ha superado los 430 millones de dólares en taquilla global, marcando un año lleno de éxitos para el elenco, del que también forman parte Meryl Streep, Emily Blunt y Stanley Tucci. Y aunque la trama ha sabido dar continuidad a la historia, conquistando tanto a los amantes de la moda como a quienes no lo son, fueron los looks los que realmente marcaron la diferencia. Piezas de las últimas colecciones, combinaciones que se sienten cálidas y especiales y, por supuesto, trucos de estilismo que tienen todo para marcar un antes y un después. Porque, aunque la historia sigue evolucionando, hay algo que permanece intacto: la importancia de la moda.
El crecimiento estilístico de Andy Sachs
Hay que recordar la primera película de El diablo viste de Prada para volver a encontrarnos con esa Andy que veía la moda como algo muy lejano. Como un segundo plano, casi sin importancia, más cercano a una necesidad que a una forma de expresión. Vestía casi de manera automática y conocía, e incluso le interesaba, MUY poco la industria. Fue ahí cuando, poco a poco, comenzó a tener criterio, a experimentar con las prendas y a soñar con las marcas y sus diseños. Así, en esta segunda parte, vemos una evolución de su estilo mucho más clara. Sabe muy bien qué le gusta, entiende la importancia detrás de cada pieza y deja que los detalles sean los que le den ese toque especial a todo.
Aunque en la película la vemos con looks icónicos y repletos de color, entre nuestros favoritos también se encuentran aquellos mucho más cercanos al día a día, como esa fórmula infalible que le vimos repetir en varias ocasiones: pantalón con pinzas, top entallado con cuello en V y blazer relajada. Un conjunto que demuestra que, así como nosotras, ella también tiene un 'uniforme' al que recurre sin falta. Dentro de esa misma línea, hubo una prenda que destacó especialmente por su versatilidad, la camisa. La llevó en diferentes ocasiones, pero siempre dándole un toque especial a través de pequeños gestos de estilismo que transformaban por completo el resultado final.
El detalle más especial: la manga de la camisa
Así como tiene claras algunas de sus fórmulas infalibles, hay trucos de estilismo que le vimos repetir. Entre ellos, el que más llamó nuestra atención fue su forma de remangarse las mangas de la camisa. Un detalle aparentemente sencillo, pero capaz de transformar por completo el resultado final. Hablamos de llevar el puño de la manga por encima del codo y ajustar el resto del tejido mediante dobleces que se sientan naturales. “Es un truco que no se le ocurriría a cualquiera y que refleja a una Andy mucho más creativa, segura y auténtica”, nos comenta María Requejo, estilista de moda.
Ya sea con unos vaqueros, unos pantalones de sastre o una falda midi, darle un giro especial a las prendas más clásicas puede marcar la diferencia. “Más allá de los looks, la elección de las piezas y la devoción por las marcas, es en los pequeños detalles donde realmente se nota el estilo”, añade nuestra experta. En ocasiones, nos dejamos llevar por encontrar las prendas perfectas; sin embargo, el éxito de un conjunto también reside en la intención y en ese toque genuino de personalidad que aportan los pequeños gestos. Porque, en materia de moda, prestar atención a los detalles es también una forma de darle otra dimensión al conjunto.







