Todo el mundo cree conocer su historia. O, al menos, la de su familia. Pero muy pocos saben quién es, en realidad, Sonsoles Diez de Rivera. "Me unen a Balenciaga y piensan que no he hecho más que eso… Y no es así, he hecho muchísimas más cosas", nos confiesa al otro lado del teléfono. Con tal afirmación, no quiere decir que no le apasione hablar del genio de la costura. Más bien todo lo contrario. Cada vez que tiene oportunidad, descubre algunos de los secretos del diseñador y es la guardiana de su legado, que custodia como presidenta de la Comisión de Mecenazgo de la Fundación Cristóbal Balenciaga.
El modisto era parte de su 'familia' –"he vivido más con él que con un tío carnal"-, gran amigo de su madre, Sonsoles de Icaza y León, marquesa de Llanzol, una de las aristócratas más bellas y elegantes de su época que, decían, atraía todas las miradas cuando caminaba por la Gran Vía de Madrid. Su nombre siempre permanecerá ligado al del genio de Getaria, que la vistió desde que apenas era una niña. También a su hermana, Carmen Diez de Rivera, aunque ella es recordada por su impronta en los primeros años de la democracia. La llamada 'musa' de la Transición -fue jefa de Gabinete de la Presidencia con Adolfo Suárez, la única de la historia-, a la que el Gobierno ha querido reconocer con la Encomienda de la Orden Española de Carlos III, casi tres décadas después de su triste marcha; y que siempre, de alguna forma u otra, vuelve a la actualidad.
Se ha escrito mucho. Se ha dicho, también, bastante. Sin embargo, tras tantos libros, reportajes, documentales y artículos, la vida de Sonsoles sigue siendo, en parte, un 'enigma' que no han descifrado en los medios de comunicación. "Llevo treinta y tantos años en la Fundación Hispano Británica (de la que es vicepresidente) y no lo sabe casi nadie", nos comenta al comienzo de la entrevista. "También me ha condecorado la reina Isabel II (es MBE, Miembro Honorario de la Orden del Imperio británico)", en un acto al que acudió la infanta Margarita.
Le han consultado, en no pocas ocasiones, si no se plantearía escribir una biografía que podría resultar fascinante. "Me lo han dicho cantidad de veces", pero piensa que hay cosas que es mejor no contar, como le recomendaría su padre, Francisco de Paula Diez de Rivera.
Desde luego, puede decirse que es una mujer muy curiosa. Está investigando hasta ChatGPT
Yo he sido curiosa siempre y me encantan las novedades. Estoy fascinada con todo lo que ha aparecido, vamos a unas velocidades… Lo que quiero es que haya un más allá porque quiero ir a fisgar para saber qué nos espera. Me interesa una barbaridad y estoy al día de todo. Hago todo con ordenador.
¿De dónde diría que le viene esa curiosidad?
Desde niña soy muy práctica. Sé electricidad, fontanería elemental… Me molestaba que, cuando mis hijos eran pequeños, de repente la lavadora se estropeara porque tenían una peseta en el bolsillo, y me costaba la visita del fontanero como si hubiera venido el rey Juan Carlos a verlo, así que aprendí a desmontarla. Yo pensaba, si tengo el bachillerato antiguo (que era el de siete años), yo tengo que saber hacer esto, que es una mano de obra elemental, querido Watson.
Pero no deja de llamar la atención de una mujer como usted, que es aristócrata
Pero, aristócrata, ¿por qué es sinónimo de inútil? Cuando se enteran de que, en mi casa, tengo un semi taller de encuadernación y hago maravillas, me dicen: ‘Pero es que tú…’ Y, ¿qué pensáis? ¿Qué estamos todo el día en la peluquería, en las conferencias y luego me tomo una copita? ¡Nada de eso! Aquí estoy, hablando con usted, con mis dos ordenadores encendidos porque me acabo de comprar uno con el que no me apaño, porque lo cambian todo, y tengo el antiguo aquí, por si acaso.
"Desde niña soy muy práctica. Sé electricidad, fontanería elemental… Me molestaba que, cuando mis hijos eran pequeños, de repente la lavadora se estropeara porque tenían una peseta en el bolsillo, y me costaba la visita del fontanero como si hubiera venido el Rey, así que aprendí a desmontarla"
Quizá tenemos una idea preconcebida de lo que significa ser un aristócrata
Bueno… Hay de todo, como en la viña del Señor. Yo estuve treinta y tantos años cooperando con la ONG Nuevo Futuro, que, anualmente, organizaba un mercadillo llamado El Rastrillo, y yo tenía un restaurante llamado 'El rincón del gourmet', ése era mi puesto que, durante los nueve días que duraba, pasaban por mi puesto veintidós restaurantes de Madrid, los mejores, contribuyendo con un menú completo, dos platos y postre, y la gente venía a comer allí, pero los restaurantes eran como Horcher, Jockey… todos los más reputados de la ciudad me regalaban todo, con lo cual, al cabo de los nueve días, sacaba 74.000 euros limpios. Debo tener, como decía, una 'boca de fraile', y tenía una caja de herramientas que mi marido, que era ingeniero industrial, me preguntaba y yo le decía que era mía. Hasta mis propios hijos dicen que esto es una ferretería. En el bolso llevo hasta un alicate, a lo mejor no llevo lápiz de labios, polvos, ni nada…
Una manitas de toda la vida
Mi propia madre me decía: ¿pero de dónde has sacado ese espíritu de asistenta? Pues me gusta hacer esas cosas con un poco de inteligencia y sentido común. Nunca mando nada que no sepa hacer yo, guisar, planchar, almidonar, coser y fregar.
Pero en su época, se esperaba otras cosas de las mujeres, rompió todos los moldes
Estábamos educados así. No nos lo cuestionábamos. Yo no podía poner a mis hijos en el pasaporte, ni abrir una cuenta de banco. No pude alquilar el piso porque era menor de edad (entonces tenías que tener 21 años). Mi padre me tuvo que dar permiso para que me casara y yo pasaba de eso, de la potestad de mi padre (que me parecía lo normal) a la de mi marido. No podía hacer nada. Tenía que pedir permiso para todo. Yo no era nadie ni las mujeres de mi época tampoco.
Contaba que usted se casó a los 19 años, era, desde luego, muy joven
Pues sí. Tuve a mis hijos muy joven y ahora tengo unos señores que no se atreven ni a llamarme mamá porque les da vergüenza. Entonces soy jefa o soy madre. Me llevo sólo veinte años con el mayor y veintiuno con el siguiente.
Pero se separó
Sí, fue muy difícil. Mi marido era una persona muy inteligente, pero, cuando su padre se arruinó, él se vino abajo. Entonces decidió emprenderla conmigo. Y como yo me había casado, hasta que la muerte te separa… Tragaba y tragaba. Y un día me dijo que iba a pedir la administración de mis bienes porque tenía derecho (nosotras no lo teníamos) y acababa de heredar de mi padre. y yo pensaba que me iba a arruinar lo que había heredado, así que pensé: vamos a hacer separación de bienes (que eso se podía hacer) y para eso te tienes que ir de casa. Y sucedió que, cuando empezó a cuidar a los niños, los cambió de colegio a uno peor y lo pasaron fatal.
Y decidió empezar a trabajar
Yo tenía dinero, pero algo tenía que hacer. Me puse a trabajar inmediatamente. Estuve llevando la representación de una empresa barcelonesa de clínicas, en Madrid, llave en mano. Y luego, un buen día, en el Museo del Prado. El Secretario de Estado vio que no había jefe de Protocolo, y en aquel momento, precisamente, se estaba muriendo el hermano de mi padre (que no tenía hijos y la única sobrina que tenía era yo y me ocupaba de eso). Estaba ocupándome de él y fue un reto. Y Pedro Schwartz, que llevaba la Fundación Hispano Británica, me comentó que querían hacer, como en Inglaterra, una cena y baile pagado. Eso en España era un reto porque no se destilaba y lo conseguí. Di una cena enorme porque tengo muchas amistades. Y a partir de ahí empezó lo de la Fundación, me quise ir en un momento dado, pero el presidente no me dejó y aquí estoy, después de 49 años y, de repente, me encuentro con que la Reina de Inglaterra me ha dado un MBE, que es miembro del Imperio Británico. Me llamó el embajador para decírmelo. Eso ya fue después del Museo del Prado, y de las Sociedades Estatales, que me dieron la Cruz de Isabel la Católica. Tengo una condecoración española y otra inglesa.
"Recibí con mucho estupor la noticia de que la Reina de Inglaterra me había dado un MBE (Miembro del Imperio Británico). Me llamó el embajador para decírmelo. Eso ya fue después del Museo del Prado y de las Sociedades Estatales, que me dieron la Cruz de Isabel la Católica"
¿Y cómo recibió la noticia del reconocimiento de la reina Isabel II?
Con mucho estupor, porque yo hago las cosas porque sí, pero me divertí muchísimo, tanto en el Museo del Prado como en las Sociedades Estatales, como organizando con el embajador de la Morena, que fue nuestro embajador en Gran Bretaña. Aprendí muchísimo de él. Me movilicé una barbaridad y éramos él, una secretaria y yo. Y yo servía vicepresidenta ejecutiva, pero también señora de lavabos (hacía de todo). Era multifunción. También formo parte de la Diputación de la Nobleza, donde he ayudado a organizar unos viajes maravillosos… así que no he parado. Estoy deseando que me dejen una mesa camilla, un ganchillo, un globo, un gato y una toquilla.
Pero eso también nos mantiene activos
No te creas, no tengo mucha hambre. Entre otras cosas he podido encuadernar en mi casa y me lo paso fenomenal. Voy una vez a la semana, cuatro horas, a un taller, porque, claro, no puedo tener las grandes chapas de cartón… Se me pasan las horas, se me olvida hasta comer. No puedo estar quieta, pero, si lo estoy, voy pensando cosas. Me levanto a las 06:00 horas de la mañana con clarividencia.
Es una experta en protocolo. ¿Dónde lo aprendió?
Bueno, eso lo aprendí en casa de mis padres. Allí había un protocolo, aunque no lo llamábamos como tal porque todo el mundo vivía así. Éramos cuatro niños y tenías que saber los cubiertos perfectamente. Mi madre tenía invitados muy variopinto, lo mismo comía Antonio, el bailarín, que Ortega y Gasset o Balenciaga. Los niños estábamos ahí a la hora de almorzar y no hablábamos más que si se nos preguntaba subliminalmente. Todo eso se ha quedado. Sabíamos perfectamente cómo había que hablar a una Alteza Real. No me costó ningún trabajo saber cómo había que colocar en una mesa a la gente, claro que también hay que aprender muchísimo (en las Sociedades Estatales) porque había Comunidades, y cuando venían los representantes de cada una, había que saber dónde ponerlos en fila para saludar al Rey o al Presidente del Gobierno. Pero eso lo aprendí porque me parece que es de cajón.
Ha conocido a gente muy importante en casa de sus padres, imagino que tuvo que ser enriquecedor
Pues es que nos pareció normal. Me parecía estupendo, entonces comprendía que mi madre tenía una gama extensa de gente.
¿Hay alguno que le causase gran impresión?
Balenciaga. Lo he tratado tanto que ahora me dedico a dar conferencias (de hecho, acabo de venir de la Universidad Politécnica para dar una conferencia sobre él). No me importa, es mi vida, he vivido más con él que con un tío carnal. Era una persona fantástica, elegante por dentro y por fuera. Un señor con toda la palabra. Maravilloso.
Llegó a decir que, para usted, era el Zara de su época
Claro, para mí de pequeña era así. Es ahora cuando me he dado cuenta de lo privilegiada que era. Mi madre vestía de todo eso. Cuando tuve la Primera Comunión mi traje era de Balenciaga. Luego, a los doce años, volvía a ser el traje de Balenciaga… Pensaba que eso era así. Mi madre, que sí que era una señora (que es como piensan que debo ser yo), tenía su chófer, su coche, por las mañanas se iba a Balenciaga a hacerse lo que tuviera que hacerse y después se iba al Ritz con un grupo de amigos, venía a casa, comía, dormía la siesta, y tenía conferencias con Zubiri, con Ortega y Gasset, un concierto, un estreno de no sé qué teatro… Ésa era la vida de una señora de categoría que no es la mía.
Su madre era un icono de elegancia, ¿tuvo alguna influencia en usted?
¡Una barbaridad! Porque se pasaba el día explicando la proporción. Hay que saber muy bien cómo es tu cuerpo. Las rodillas no se enseñan nunca porque es rarísimo que se puedan enseñar, sólo cuando tienes catorce o quince años, y a partir de ahí, no lo hagas porque nadie las tiene bonitas. Luego las chaquetas, que tienen que tener proporción, el sombrero, que decía Balenciaga es lo que equilibra la silueta… Todo eso, subliminalmente, se queda. Yo, en este momento, me visto en el mercadillo. Sé perfectamente lo que me va y cómo me lo pongo. Y la gente todavía me pregunta que seguro que es de Balenciaga. ¡Por favor! Lo compro en internet, en un mercadillo… Tengo cuerpo, como decía mi padre, de pobre porque te sirve todo, pero es que lo sé llevar.
¿Es innato entonces?
No me cuesta, no estoy pensando ni meditando sobre lo que me pongo. Sé muy bien lo que voy a llevar para cada ocasión y nunca es parecido a lo que lleva el resto. Fíjese, no pasa de moda porque mi nieta quería llevar un traje de su bisabuela, un Balenciaga, a un guateque, y le dije que era mejor que no, porque imagínate que se estropea. Está en un museo.
Eso demuestra su atemporalidad
La palabra Balenciaga sigue siendo sinónimo de elegancia, de buen gusto y de belleza. Yo he viajado mucho con él. He estado en sus casas, en París, en la finca que tenía en Orléans, en Igueldo, cuando yo veraneaba… Hablábamos de lo divino, de lo humano y de lo que hiciera falta mientras los niños estaban por el jardín. Era una persona entrañable.
Pero usted se consideraba la 'fea' de la familia
Bueno, es que en mi casa había dos bellezas. Yo era un sándwich entre dos bellezas. Mi madre y mi hermana. Como yo era morenita, mi madre me decía que tenían que ir impecables, tener muchísimo cuidado, tenía que ir peinada con raya en medio, dos coletas y un pringue que le ponían a mi hermano Paco. Mi hermana, en cambio, iba llena de bucles, maravillosa, con unos ojos verdes, maravillosos; y mi madre fantástica. Y yo, nada en medio de todo aquello, así que, en lugar de achantarme, me dije: Pues no me va a ver ni mirar nadie, entre estas dos, es imposible. ¿Qué tengo que hacer? Pues lo más ocurrente, lo más imprevisible, la más divertida, la más entretenida, lo más… Algo va a salir de esto.
Y lo consiguió
Me costó mucho trabajo. Ahora, por ejemplo, estoy organizando un foro en la Fundación Hispano Británica sobre mantones porque me gusta, a mi madre también. Ella era de mantilla, de peineta, de abanico, de mantón… le encantaba, a pesar de su aspecto, que no era nada español. Era rubia y muy alta, pero a mí me lo ha pegado, porque también soy de todo eso, soy muy étnica. Conocí a un catedrático, hijo de Alcalá Zamora, se tuvo que ir de España, y le incautaron todo lo que tenía, entre eso, una colección de mantones que tenía su madre. Desde los más antiguos hasta los más modernos. Había de todo y me encantó, pero no había nada escrito sobre mantones. Pasaron meses hasta que descubrí un libro, el mejor que se ha escrito, de una inglesa. El único que se había escrito.
¿Cómo vivió el tránsito hacia la Democracia? Ahora que se conmemoran 50 años
Pues muy preocupada, porque mis padres, sobre todo mi madre, se acordaban de cómo fue todo aquello. Te preguntas cómo superaron el horror de una Guerra Civil. Las guerras fratricidas son como son. Y mi padre era militar, así que hizo la guerra.
¿Le contó alguna vez algo?
Nunca, jamás. Mi padre no hablaba de eso. Nos dijo: de eso no se habla ni se pregunta.
"Mi madre se pasaba el día explicando la proporción. Hay que saber muy bien cómo es tu cuerpo... Y todo eso, subliminalmente, se queda"
¿Se ha planteado escribir su biografía?
Me lo han dicho cantidad de veces. No, porque, en el fondo, hay cosas que no sé…
¿Es mejor no contar?
Escribí un diario cuando fui dos años jefe de Protocolo del Museo del Prado, que fue maravilloso. Mis años gloriosos, la verdad.
De hecho, dice que los 50 fue su época gloriosa
Pero gloriosa, gloriosa.
Muchos piensan lo contrario
Es cuando ya te serenas, sabes lo que está bien, lo que está mal, lo que puedes hacer, hasta dónde llegas… Una maravilla.
¿Ha visto la serie Anatomía de un instante, que ha tenido un gran éxito?
No creo que lo quiera ver, no sé, porque he visto tantas cosas que no… Ahora estoy leyendo la historia de Julio César de Santiago Posteguillo. Lo más gracioso es que es muy parecido a lo que pasa hoy. ¡Qué barbaridad! Lo que más me gusta es la técnica de cómo organizaban los ejércitos, me encanta. Me gusta el orden, yo soy cuadriculada porque a mí me han educado ingleses y alemanes. Mi mente funciona así. Organizo, preveo… pero, cuando la cosa es de improviso, salto a meridional, o sea, a mediterránea y latina. Improviso de miedo. Tengo las dos cosas.













