Todo el mundo conoce —y ha probado— las papas arrugadas canarias con sus mojos. Pero la cocina marinera es la que define la gastronomía tinerfeña, y no solo porque en la mesa encontramos siempre los pescados y mariscos más frescos, sino porque por el mar han llegado a su despensa ingredientes que forman parte de una gastronomía con sello propio. En apenas unos kilómetros, el paisaje y los productos cambian totalmente: de los barcos cargados de pescado en la costa a los viñedos sobre ceniza volcánica, los quesos artesanos, las papas o las frutas tropicales que nacen junto al mar.
Santa Cruz de Tenerife, que en 2027 será escaparate de la gastronomía canaria con 137 actividades previstas a lo largo del año, es un buen punto de partida para descubrir esta despensa. En su Mercado de Nuestra Señora de África, conocido popularmente como La Recova, se pueden encontrar frutas recién recolectadas, quesos tinerfeños de leche de cabra, mieles y otros productos artesanos elaborados por chicharreros, que es como se conoce popularmente a los habitantes de Tenerife. Para probar las papas arrugadas con sus dos mojos tradicionales, La Hierbita y La Bodeguita Canaria son dos direcciones clásicas; en El Aguarde, la tortilla de papas es otra de las especialidades.
PAPAS, MOJOS Y GOFIO: EL TRÍO MÁS 'CHICHARRERO'
Las papas antiguas de Canarias, con denominación de origen protegida, llegaron desde América hace más de cinco siglos y en el archipiélago se cultivan hasta 46 variedades. Tenerife conserva algunas de las más apreciadas, como la negra —que solo se cultiva en esta isla—, la yema de huevo o las bonitas. En Santiago del Teide, el Museo de la Papa explica la historia y la cultura en torno a este cultivo esencial.
El gofio, por su parte, formaba ya parte de la alimentación de los guanches y sigue siendo imprescindible en desayunos, potajes, postres y platos salados. Se trata de una harina de cereales tostados —maíz y trigo— que no puede faltar en recetas como el escaldón, mezclado con caldo de pescado o de carne hasta conseguir una textura cremosa. En La Laguna, la Tasca El Obispado prepara una versión clásica con cebolla roja y queso fresco canario. Para conocer su historia, hay que acercarse hasta el Molino de Gofio del Hoyo, un molino de agua del siglo XVII en La Orotava, que puede visitarse junto a La Casa de los Balcones
PESCADOS DEL ATLÁNTICO Y COCINA TRADICIONAL
El mar marca buena parte de la despensa de Tenerife. Viejas, sama, cherne, abades o medregales llegan cada mañana a los puertos pesqueros y protagonizan platos como el sancocho canario, preparado con pescado salado, batata, papas y mojo. En el sureste, el pueblo marinero de San Miguel de Tajao reúne establecimientos como Rocás, Delicias del Mar o Playa Tajao, donde se puede elegir la pieza del día directamente del mostrador. Las lapas a la plancha con mojo verde son otro de los bocados imprescindibles. En Santiago del Teide, el restaurante Pancho, en la playa de La Arena, trabaja con el pescado que traen sus pescadores habituales: brota rosa, atún, obispo, bicuda y cherne, un pescado similar al mero que abunda en sus aguas.
El conejo en salmorejo, preparado con vino, vinagre y una mezcla de condimentos, es otro de los platos que aparecen en cualquier rincón de la isla y suele acompañarse de papas arrugadas o guisadas. También el cabrito, especialmente en los guachinches, las casas de comida tradicional que forman parte de la identidad gastronómica tinerfeña.
DEL GUACHINCHE A LAS ESTRELLAS MICHELIN
El recorrido gastronómico puede continuar por el norte, donde Puerto de la Cruz, La Orotava, Tacoronte o Icod de los Vinos forman un eje perfecto para alternar cocina tradicional, bodegas y guachinches. Guachinche Ramón es el claro ejemplo de estas casas de comida. La familia sigue elaborando el vino en los viñedos que rodean la casa y sirve la comida en el antiguo garaje familiar. El camino hasta llegar atraviesa uno de los paisajes agrícolas más hermosos del Valle de La Orotava, con el Teide vigilando el horizonte.
El Talegazo es otra parada imprescindible. Rodeado de vegetación y con espectaculares vistas hacia el Parque Nacional del Teide, es uno de esos lugares donde las familias tinerfeñas celebran cumpleaños, reuniones y domingos interminables alrededor de las costillas con papas y piña o las carnes a la brasa servidas sobre piedra caliente.
En el sur, Costa Adeje y Guía de Isora se han consolidado como destinos gastronómicos de primer nivel, con chefs cada vez más conectados con los productores locales. Tenerife cuenta con una importante presencia en la Guía Michelin, con restaurantes como El Rincón de Juan Carlos, de los hermanos Padrón, dentro del hotel Royal Hideaway Corales; Nub, en el hotel Bahía del Duque; San-Hô, con Adrián Bosch, también en el hotel Corales; o las últimas incorporaciones como Haydée by Víctor Suárez, además de propuestas como El Taller de Seve Díaz, en Puerto de la Cruz.
PLÁTANOS, QUESOS Y VINOS VOLCÁNICOS
El paisaje agrícola cambia radicalmente entre el norte y el sur y también lo hacen sus frutas. El plátano de Canarias es el gran icono insular, pero aguacates, mangos y papayas ocupan cada vez más espacio en mercados y restaurantes. Algunas fincas, como Las Margaritas, en Arona, abren al público para conocer este cultivo.
Los quesos de Tenerife son otras de sus joyas gastronómicas, elaborados con leche de cabra, de sabor intenso y mucha personalidad. Los que se producen en las zonas agrícolas de Benijos, Teno o Arico cuentan con importantes reconocimientos y muchos son ahumados o cubiertos de pimentón o gofio.
Y, cada vez más valorados, están los vinos. Tenerife cuenta con cinco denominaciones de origen —Abona, Valle de Güímar, Valle de La Orotava, Tacoronte-Acentejo e Ycoden-Daute-Isora— y una tradición vitivinícola marcada por el origen volcánico de sus suelos. Puedes visitar las bodegas, como Altos de Trevejos, en Vilaflor, donde se elaboran vinos de altura que expresan el carácter volcánico y el microclima singular de la zona. Además, se ubica en una antigua casona tradicional canaria del siglo XIX declarada Bien de Interés Cultural (BIC), en San Miguel de Abona.
Las históricas Bodegas Monje y Linaje del Pago se encuentran en El Sauzal, y bodegas como Viñátigo, en La Guancha, y Presas Ocampo, en Tacoronte, reivindican variedades autóctonas de la isla como la listán blanco, la malvasía o el verdello. Brindar con un vino de Tenerife es el mejor broche para terminar esta ruta que celebra que Santa Cruz de Tenerife será la nueva Capital Española de la Gastronomía 2027.













