En cuanto la carretera abandona la línea de costa del Maresme y empieza a ganar altura, el paisaje cambia sin avisar. Las casas se espacian, el tráfico se diluye y aparecen las primeras hileras de viñedo en terrazas pegadas a la pendiente, como si hubieran elegido el lugar con precisión.
En este tramo del litoral barcelonés, el mar nunca desaparece del todo; su presencia es constante. Se intuye entre claros, detrás de los pinos o al fondo de las curvas. Es el entorno en el que creció Marc Cucurella, el jugador de la selección española que está de actualidad por un doble motivo: su presencia en el Mundial de Fútbol —donde el lateral izquierdo ya ha estrenado su cuenta goleadora en el último partido ante Arabia Saudí— y su reciente fichaje por el Real Madrid, después de una etapa en el Chelsea.
¿DÓNDE ESTÁ EL PUEBLO DE MARC CUCURELLA?
El pueblo de Cucurella pertenece a la comarca del Maresme, un maridaje de paisajes en azul marino y verde que se despliega entre la espesura del Parque Natural del Montnegre i el Corredor y 52 kilómetros de arenales bañados por el Mediterráneo. Su fisonomía no se parece a la de los municipios costeros de este tramo del litoral barcelonés. Aquí el terreno se eleva, se estructura en bancales y se cubre de viñedo.
Alella es el reino de la variedad autóctona pansa blanca, que da vinos de perfil ligero, con una frescura muy marcada por la cercanía del mar. La DO Alella es una de las más antiguas de la península y de las más pequeñas —poco más de 200 hectáreas—, y esa escala contenida se nota en todo. No hay grandes complejos vinícolas; las explotaciones son familiares, y muchas de ellas están integradas en masías que forman parte del paisaje desde hace generaciones.
DE CATAS A VINOTERAPIA
En las 9 bodegas de la DO Alella se crían vinos de gran calidad, la mayoría ecológicos, y una buena elección para descubrirlos y degustarlos es la histórica Alella Vinícola (alellavinicola.com/es), una empresa pionera en viticultura respetuosa con el medio ambiente que, además de ubicarse en un edificio modernista de 1906 proyectado por Jeroni Martorell, discípulo de Gaudí, ofrece talleres de cata, incluido uno en el mar.
Otra propuesta es visitar muy próxima al Mediterráneo la innovadora bodega familiar Alta Alella (altaalella.wine/es), cuyos vinos y cavas naturales se elaboran sin la mínima intervención y reciben el nombre de los que crean la banda sonora en sus viñas: los pájaros que habitan en el Parque Natural Serralada de Marina. Vinoterapia y pícnics o calçotadas entre viñedos son otras ideas de enoturismo.
DEL VIÑEDO AL PASEO MARÍTIMO EN MINUTOS
Alella es un municipio con 10.000 habitantes y alta densidad residencial por su cercanía a Barcelona, aunque pequeño en monumentalidad, con la iglesia de Sant Feliu como punto de referencia del centro urbano. Entre algunas masías rehabilitadas y caminos que suben hacia las viñas, el pueblo se va abriendo poco a poco hacia el paisaje.
A pocos minutos hacia abajo, el Maresme recupera su condición litoral. Uno de los grandes atractivos de esta franja costera es su variado catálogo de arenales, empezando por los más familiares de Pineda de Mar, Malgrat de Mar, Mataró o Santa Susanna. No se queda atrás en atractivo El Masnou y, sobre todo, su playa de Ocata; y las calas de Sant Pol de Mar, una rareza entre tanto arenal infinito.
Tras el baño en estas, un buen plan es deambular por su casco antiguo, entre el cogollo de palacetes donde las familias burguesas de Barcelona de finales del siglo XIX tenían su residencia veraniega, y acabar en el restaurante de Cuina Sant Pau, en el mismo edificio donde estaba el famoso restaurante de Carme Ruscalleda, este dirigido por su hijo, Raül Balam.
EL GRAN PULMÓN VERDE
El Parque Natural del Montnegre i el Corredor es el espinazo montañoso de la comarca y centro de la Cordillera Litoral Catalana. Entre sus 20.000 hectáreas de pinos, robles y encinares se encuentran tesoros como el dolmen neolítico de Pedra Gentil o villas con encanto como Dosrius, Arenys de Munt o Sant Cebrià de Vallalta.
EL MODERNISMO EN EL MARESME
La comarca también es un activo para los apasionados de la cultura y el arte gracias a su arquitectura modernista. Y es que un puñado de los más célebres arquitectos de este movimiento artístico y arquitectónico encontraron en la comarca su espacio creativo. Villas como Argentona —con la Casa Puig i Cadafalch, la Casa Garí y la capilla del Sacramento de la iglesia de Sant Julià—, Sant Andreu de Llavaneres y Canet de Mar, con la Casa Roure y la Casa-Museo Domènech i Montaner, lo confirman.
LA NAU GAUDÍ, LA PRIMERA OBRA DEL GENIAL ARTISTA
Sorpresas modernistas se encuentran también en Mataró, la capital de la comarca del Maresme. Puig i Cadafalch dejó su sello en el mercado de El Rengle, en la Casa Coll i Regàs, en la tienda La Confianza… Pero no fue el único. El genial Gaudí construyó en 1883 su primera obra, la Nau Gaudí, actual sede del Museo de Arte Contemporáneo y la colección Lluís Bassat.
CASTILLO DE SANTA FLORENTINA
En Canet de Mar se alza el Castillo de Santa Florentina, una impresionante fortaleza levantada sobre una antigua villa romana y transformada por el arquitecto modernista Domènech i Montaner en un palacio residencial de veraneo de aire medieval y romántico. Sus salones, torres y estancias sirvieron de escenario para algunas de las escenas más celebradas de Juego de tronos (castelldesantaflorentina.com).
FARO DE CALELLA DE MAR
Sobre un promontorio a 50 metros de altura, el faro domina la línea de costa entre Barcelona y la Costa Brava. Se construyó a mediados del siglo XIX, donde antes hubo una torre de vigilancia contra piratas, y alberga en su interior un centro de interpretación.














