Cardona se ha ganado, por su riqueza patrimonial y su paisaje medieval, un lugar destacado en la Red de Pueblos de Película, un proyecto de La Travelling Set que se puso en marcha hace solo unos meses y convierte los destinos históricos en escenarios cinematográficos. Aunque, más allá de resultar interesante para el cine, este pueblo de Barcelona es un escenario vivo donde cada calle, cada torre y cada muralla parecen susurrar historias de otra época.
La joya de Cardona es su imponente castillo, que ha sido testigo de siglos de historia y, en octubre de 1964, del talento de uno de los grandes maestros del cine mundial: Orson Welles. Fue aquí donde el legendario director estadounidense filmó Campanadas a Medianoche, la película que él mismo consideraba su obra maestra, uniendo la épica shakesperiana con la atmósfera medieval de las murallas catalanas. Hoy, las piedras de la fortaleza conservan el eco de aquel rodaje, y se pueden recorrer los mismos escenarios por los que Welles dirigió a sus actores, reviviendo la magia de un set que se transformó en historia cinematográfica.
La originaria residencia desde el siglo XI de los duques de Cardona, reyes sin corona, es un repertorio infinito de torres, fosos, murallas de diferentes épocas que permiten dejar volar la imaginación a escenarios de batallas y asedios pasados. Con unas vistas impagables desde sus baluartes, en el conjunto destaca la colegiata de San Vicenç, ejemplo deslumbrante del románico lombardo catalán. Desde la majestuosa torre Minyona, la que fuera la torre de vigía más alta del castillo, con 25 metros de altura, se otea todo el territorio bañado por el río Cardener, desde el Cadí hasta la cercana e icónica Montserrat.
Parte del castillo se ha convertido en Parador de Turismo, lo que permite, además de la visita, dormir entre sus muros centenarios y sentir en primera persona la atmósfera de un lugar de película. Desde las torres que dominan el paisaje hasta los patios que conservan el aire de antaño, hospedarse aquí es como entrar en un decorado medieval sin renunciar al confort moderno.
Además del castillo en lo alto de la población, Cardona tiene otro icono extraordinario, este en las entrañas de la tierra: un fenómeno geológico único en el planeta, su inagotable sal potásica, que sigue aflorando de sus ya extintas minas y sale a la superficie formando una montaña de 120 metros de altura. Este diapiro salino de más de 40 millones de años fue una fuente de riqueza en la Edad Media para los duques de Cardona que, desde la fortaleza, controlaban con mano de hierro el tesoro oculto que hoy nos sigue sorprendiendo.
El mejor modo de entender el papel determinante de este elemento en la historia de la ciudad es visitar el Parque Cultural de la Montaña de Sal (cardonaturisme.cat), en la antigua Mina Nieves. Un apasionante recorrido por un mundo subterráneo que se realiza con casco y discurre por 500 metros de galerías, a un desnivel de 86 metros de profundidad.
Durante la visita se contempla el infinito repertorio de estalactitas y estalagmitas que se esconde en oquedades como la Sala Coral o la conocida como Capilla Sixtina. La inmersión también permite conocer la explotación de sal que, hasta 1990, convirtió las minas en unas de las más florecientes de Europa.
Una divertida actividad familiar es apuntarse a la visita teatralizada 'Geotok, la octava maravilla', que se organiza los fines de semana y festivos y discurre por las profundidades de la montaña de sal de la mano de un grupo de geólogos TikTokers.
EN BUSCA DE LAS JOYAS PATRIMONIALES
Para descubrir el casco antiguo de Cardona, hay que tomar como referencia la calle Escassany, su eje urbanístico, en la que se descubren viviendas nobiliarias, como la Casa Sala o la Casa Rovira. Y desde ahí caminar por su entramado de callejuelas, soportales y plazas medievales forjado desde el siglo XI al amparo de la riqueza que reportaba la sal y su mercado.
El paseo lleva a algunas de las joyas patrimoniales de la villa, como la capilla de Santa Eulalia mártir, los pórticos de en Soler o la plaza de la Fira, en la que se encuentran edificios como el ayuntamiento y el conjunto parroquial de Sant Miquel. También merece la pena la caminata hasta La Coromina, un pequeño núcleo histórico de origen medieval integrado en Cardona.
DÓNDE COMER
Si dormir entre los muros con siglos de historia del Parador de Cardona (parador.es) es una experiencia histórica, su restaurante suma otra gastronómica. En el casco antiguo de Cardona, y ocupando la antigua escuela de las monjas carmelitas vedrunas, Les Monges es otra de las referencias en la ciudad, en el hotel boutique Bremon (hotelbremon.com). Buena opción de cocina casera es El Menut de la Bauma (elmenutdelabauma.com), abierto desde 1935 como café.












