No es sencillo, y sí un privilegio, pertenecer a la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España, que hoy en día cuenta con 126 municipios tras las 4 últimas incorporaciones en 2026. Más de 300 tiene Galicia, eso sin contar con las numerosísimas aldeas y parroquias que hay salpicadas por sus cuatro provincias y llegan a sumar más de 3.000, pero solo 5 pueblos forman parte de este selecto club y de ellos 3 están en Ourense: Castro Caldelas, Oseira y Vilanova dos Infantes, además de Mondoñedo, en Lugo, y Ponte Maceiras, en A Coruña.
Nos quedamos en Vilanova dos Infantes, una de las aldeas históricas más singulares de la provincia, a apenas un par de kilómetros de Celanova, bajo la sombra del antiguo castro de Castromao, la capital prerromana de los coelerni. Hoy es un núcleo muy pequeño, de unos 150 vecinos, pero con una densidad histórica sorprendente para su tamaño, y conserva su trazado de origen medieval.
Vilanova fue municipio independiente hasta 1927, cuando quedó anexionado a Celanova, y sus orígenes están vinculados a la familia de San Rosendo, fundador del gran monasterio celanovés. Aquí se situaba su casa familiar y, muy cerca, en Santa María, Ilduara Eriz y su hija Adosinda promovieron un cenobio femenino del que hoy no quedan restos, pero sí una placa que lo recuerda. Se cree que de aquel lugar podría proceder el Cristo románico que se conserva en la iglesia parroquial de San Salvador.
¿Qué ver en Vilanova dos Infantes?
El conjunto medieval de Vilanova está presidido por la Torre del Homenaje, su monumento principal. No solo se conserva como elemento defensivo restaurado, sino que funciona como centro de interpretación y espacio cultural, gestionado por la Fundación Curros Enríquez. También alberga la oficina de turismo, la biblioteca y exposiciones sobre los antiguos oficios y la tradición musical del pueblo, cuya banda local se remonta a 1860.
El complemento a la torre es la Cova de San Vivián, que no es espectacular por su tamaño, sino por lo simbólico y lo misterioso que es este espacio subterráneo excavado en la roca de origen incierto. En él se descubre, entre otras tradiciones, que Vilanova llegó a contar con más de 150 artesanos del calzado hasta mediados del siglo XX, una de sus señas de identidad.
Paseando después por sus calles empedradas, se ven restos de distintas épocas: vestigios romanos reutilizados en construcciones tradicionales, hórreos, cruceiros y petos de ánimas, junto a esculturas contemporáneas dedicadas a figuras locales como Luis Soto, Petra Enríquez o el Padre Silva.
Pero Vilanova dos Infantes no es solo un conjunto monumental y ahora uno de Los Pueblos más Bonitos de España, sino una experiencia viva. Porque sus vecinos mantienen una identidad muy marcada, que se hace visible en celebraciones como la romería do Cristal (15 de septiembre) o la fiesta etnográfica Raigame (mediados de mayo), donde la aldea se llena de música, danza y tradiciones.
OTRAS VISITAS JUNTO A VILANOVA DOS INFANTES
Monasterio de San Salvador de Celanova
Sorprende encontrar, en pleno centro de Celanova, un conjunto monumental de la magnitud de este monasterio fundado en el siglo X por San Rosendo. Si su iglesia barroca y sus claustros muestran por qué ha sido durante siglos uno de los grandes centros de poder religioso de Galicia, lo más especial se esconde en su interior: la Capil
Casco histórico de Celanova
Además de visitar el monasterio, hay que dar un paseo por el pueblo de Celanova, cuya vida gira en torno a la plaza Mayor, con soportales. Desde ella parten calles como la rúa Arriba y la rúa Abaixo, con casas tradicionales de piedra y balcones de madera.
Un poco más apartado se encuentra la Casa de los Poetas, lugar de nacimiento de Curros Enríquez, que recuerda la vinculación de Celanova con la literatura gallega.
Hórreos de A Merca
A pocos minutos en coche se encuentra uno de los conjuntos etnográficos más singulares de Galicia: una agrupación de alrededor de 35 hórreos alineados. Más que un monumento, es un pequeño museo al aire libre de arquitectura rural gallega.
Castro de Castromao
A solo unos kilómetros de Celanova, en una colina a unos 730 metros de altitud, se encuentra este antiguo castro celta. El recorrido permite ver restos de viviendas circulares y estructuras defensivas, además de disfrutar de amplias vistas sobre el valle.
LOS OTROS PUEBLOS DE OURENSE, ENTRE LOS MÁS BONITOS DE ESPAÑA
CASTRO CALDELAS
A la entrada de la Ribeira Sacra, Castro Caldelas aparece encaramado sobre una colina que domina el valle del río Edo. Es una villa pequeña, pero con carácter, donde el casco histórico empedrado te lleva directamente hasta su castillo medieval, antigua fortaleza de los condes de Lemos y hoy convertido en espacio cultural con museo, biblioteca y oficina de turismo.
El paseo hasta la parte alta es corto pero agradable: calles en pendiente, casas de piedra con balcones de madera y algunos escudos que recuerdan su pasado señorial. En el centro, la plaza de la Torre marca el ritmo tranquilo de la villa.
Más allá del casco urbano, merece la pena acercarse al santuario de los Remedios o bajar hacia la zona del río, donde hay miradores al Sil.
OSEIRA
Oseira es, en realidad, sinónimo de su monasterio. En un valle tranquilo del interior de Ourense, a menos de una hora de Vilanova dos Infantes, se levanta la abadía cisterciense de Santa María de Oseira, conocida como el “Escorial gallego”. Es un conjunto monumental sorprendente por su escala y su sobriedad.
Construido entre los siglos XII y XVI, conserva claustros, iglesia y espacios monásticos que todavía transmiten la vida ordenada y silenciosa de la orden cisterciense. La visita guiada ayuda a entender mejor un edificio que, por fuera, ya impone por sí solo.
Alrededor, bosques, senderos rurales y caminos de piedra invitan al paseo. A pocos kilómetros, la comarca de O Carballiño completa la visita con su gastronomía más conocida, especialmente el pulpo á feira.












