Modelo internacional, presentadora y una de las grandes embajadoras de la elegancia española, Nieves Álvarez sigue emocionándose ante esos lugares capaces de transmitir calma, belleza y autenticidad. Acostumbrada a recorrer el mundo desde muy joven, nos recibe frente al Mediterráneo, entre pinos y terrazas suspendidas sobre el mar, en el Mandarin Oriental Punta Negra, el nuevo refugio de lujo que acaba de abrir sus puertas en Mallorca. En un entorno donde la naturaleza y el llamado lujo silencioso marcan el ritmo de la estancia, conversamos con ella sobre los viajes que dejan huella, los hoteles que se recuerdan como un hogar, su historia de amor con París —la ciudad donde se casará este verano— y esa búsqueda constante de destinos auténticos capaces de sorprenderla todavía. Porque, para Nieves, viajar sigue siendo una de las grandes formas de aprender, emocionarse y soñar.
Mallorca tiene algo magnético que hace que uno quiera volver siempre. ¿Habías estado antes?
Mallorca fue uno de los primeros viajes que hice con mi familia cuando era muy pequeña: mi primer viaje en avión. Lo recuerdo como muy familiar. Me gusta mucho por su luz, sus paisajes, su arquitectura y esas casas maravillosas. También ha sido uno de los destinos que más he visitado por trabajo, porque se hacían muchísimos catálogos alemanes y era el preferido para venir a hacerlos. Siempre lo recuerdo como un destino de madrugones para coger esa bonita luz de primera hora del día, pero muy agradable, con esa combinación de gastronomía y paisajes. Es maravilloso.
El Mandarin Oriental Punta Negra, donde nos encontramos, abre en uno de los enclaves más privilegiados de la isla, rodeado de mar y naturaleza. ¿Qué sensación te ha producido llegar aquí por primera vez?
Es un enclave de lujo. La arquitectura tiene mucho de Mandarin. Me han llamado muchísimo la atención los acabados; los pequeños detalles de decoración de las habitaciones son de un nivel increíble. Más allá de lo que es un hotel y lo que significa Mandarin —que ya sabes que vienes a un lugar de lujo con ciertos servicios y características que solo encuentras aquí—, se ha cuidado ese lujo silencioso que también implica Mallorca. Se aprecia la cultura mallorquina y la artesanía local en los detalles, en la carpintería de las habitaciones, en los espejos...
Gracias a tu exitosa carrera has podido recorrer el mundo y alojarte en hoteles exclusivos. ¿Qué has aprendido de la experiencia?
Esta profesión me ha permitido conocer algunos de los lugares más extraordinarios del mundo, pero también me ha enseñado que lo importante es saber adaptarse y disfrutar cada experiencia con la misma alegría.
¿Qué buscas cuando te alojas en un hotel de lujo?
Cuando voy a este tipo de hoteles, no necesito ostentación ni grandes malabares para sentirme relajada, a gusto, sentirme en casa. Es esa manera que tienen los empleados de acogerte, de sonreírte, de hacerte la estancia agradable..., eso es lo que buscas. Estás de vacaciones y quieres sentirte tranquila, serena y rodeada de buena energía. Para mí, el lujo es autenticidad. Son esos pequeños detalles y las personas que consiguen que la experiencia sea especial. Y también creo que uno mismo debe saber tratar a los demás, agradar y comportarse. Para mí eso es esencial. Yo busco, sobre todo, mucha paz. No necesito grandes cosas en mis vacaciones.
ESPÍRITU SOFISTICADO
El MANDARIN ORIENTAL PUNTA NEGRA, situado en Calvià, combina a la perfección el lujo sutil con la belleza natural de Mallorca. El hotel cuenta con seis restaurantes: Matsuhisa, de cocina japonesa de estilo Nobu; Leña by Dani García, donde se cocina a la brasa; Jacinta, una sofisticada taquería mexicana; Leppoc, que apuesta por platos centrados en el producto; Thalos, junto a la piscina, una propuesta gastro inspirada en la cocina griega; y Sobretaula, la relajada terraza frente al mar para las tardes de verano.
Si pudieras diseñar tu propia suite soñada, ¿cómo sería?
¿Una suite perfecta? Pues que tenga vistas al mar. A mí el mar me parece el cuadro perfecto, la banda sonora perfecta. Me da una paz y una calma que no necesito más. El sonido del mar por las mañanas, esa luz que te entra... me da serenidad. Con tener una habitación o una suite —por supuesto, si es suite, mejor (ríe)—, pero mirando al mar, ya está. No necesito más.
El hotel parece diseñado para desconectar del mundo sin renunciar a la sofisticación. ¿Te gusta buscar zonas tranquilas para las vacaciones?
Sí, aunque es cierto que por mi carácter soy una persona muy inquieta. Esa paz que busco me dura 24 horas, porque a las 24 horas ya estoy pensando qué haría en el hotel o qué actividades hay que hacer, porque necesito moverme y soy muy activa.
¿No eres de quedarte en el hotel? ¿Te gusta hacer actividades?
Eso es, enseguida necesito hacer actividades o cualquier excursión que haya. No soy de estar tumbada en la piscina tomando el sol, porque no me atrae. Me gustan esos ratitos de estar en la playa, de coger mi libro y leer, pero siempre lo asocio a algún tipo de actividad. En cuanto consigo bajar el acelerón y los nervios que traemos de la ciudad, de la rutina diaria y del estrés —que a veces necesitamos uno o dos días para calmarnos y entrar en modo vacaciones—, ya necesito mi bicicleta y salir a descubrir cosas.
«El mar me parece el cuadro perfecto y la banda sonora perfecta»
Después de tantos años viajando, ¿qué lugar ocupan hoy los viajes en tu vida?
Me encanta viajar; creo que es una de las cosas que estaba en mi destino. De alguna manera, todos tenemos un destino escrito, y el mío tenía que ser algo vinculado a los viajes, porque mi madre siempre me decía: "Hija, ¿por qué no eres azafata?". En mi familia, cada vez que alguien se apuntaba a un viaje —da igual que fuera a Chinchón o a Portugal—, yo quería ir. Mi madre siempre me decía cuando era joven que debería ser azafata, porque me encantaría estar todo el día de un sitio para otro. Al final, no fui azafata, pero casi. En mi caso, ha sido la mejor universidad que me ha dado la vida: viajar, conocer culturas, respetarlas y entender el porqué de ciertas tradiciones cuando vas a un sitio. Ves las cosas de otra manera, a través de los ojos de otras personas.
¿Qué buscas hoy en un viaje que quizás no buscabas hace veinte años?
Todo cambia. La madurez te hace viajar de otra manera. Quizás ahora busco mucho más lo cultural, algo a lo que antes no le daba tanta importancia. También poder disfrutar de un lugar donde, además, haya una exposición o algo concreto que lo asocio a esas cosas temporales en ciertas ciudades que sé que puedo disfrutar en ese momento. Me gustan los lugares auténticos y ver que en ellos voy a descubrir algo que sé que no voy a poder ver en ningún otro sitio. Me gustan los lugares auténticos, sobre todo ahora que, debido a la globalización, a veces vas por el mundo y parece que no te mueves porque todo es igual. Cuando me planteo un viaje largo o una experiencia, siempre pienso: ¿qué me va a aportar? ¿Qué voy a descubrir que no conozca?
Ahora que está tan de moda, ¿la gastronomía te mueve a la hora de viajar?
No es lo que más me mueve ni lo que más busco a la hora de viajar. Me gusta, pero es un complemento. No me muevo solo por ir a comer a cierto restaurante. En mi caso no es el motor de mis viajes.
¿Alguna época del año preferida para hacer escapadas?
Viajo todo el año, pero si es por placer, siempre lo asocio un poco a agosto, que es mi mes sagrado de vacaciones. Luego necesito pequeñas escapadas: si me puedo coger una semana libre, me escapo. Eso me da mucha fuerza para romper el invierno, que es lo que peor llevo. No soy una mujer de frío para nada. Pese a mi nombre, el frío y yo no nos llevamos nada bien. El invierno a veces se me hace muy largo, así que intento escaparme a un destino de calor, de sol, sin esperar a un puente. Necesito el sol. La luz es algo que me da mucha energía.
«Viajar ha sido la mejor universidad que me ha dado la vida»
¿Qué destino del mundo te ha hecho sentir especialmente feliz?
Me fascina Asia, la cultura asiática y su forma de entender la vida. Sus países siempre me han sorprendido y me han aportado mucha paz.
¿Qué debe tener un lugar para que quieras volver?
Los lugares a los que vuelvo con frecuencia los asocio a emociones y amistades, como las Baleares, que asocio a mis mejores amigas. Regreso porque forman parte importante del corazón. Siempre es bonito volver cuando te has quedado con ganas de más. Cuando un lugar te deja huella, quieres regresar; y lo importante es precisamente eso: que te deje huella.
Te casas este verano en París, una ciudad profundamente ligada al amor. ¿Qué significa para ti?
París para mí es como mi segunda casa. Soy española y luego creo que soy francesa. Es una ciudad que a nivel profesional y personal me ha dado tanto... Mis mejores amigas son españolas, pero las he conocido en París. Mi ahijado vive allí. Cuando pensamos en dónde casarnos, queríamos encontrar un punto medio que fuera un lugar importante para ambos. Los dos decidimos que era París, porque él creció y estudió allí, tiene familia y uno de nuestros primeros viajes cuando empezamos a salir fue a esta ciudad. Siempre que podemos, nos escapamos un fin de semana a París. También tengo a mis grandes amigos allí.
Es verdad que es una ciudad en la que sufrí mucho, porque fue muy hostil al principio cuando llegué. Era una ciudad fría, pero las relaciones de amor a veces no son siempre fáciles. Lo mío con París ha sido una relación de amor que se ha ido construyendo y a la que le debo mucho a la moda y al haber descubierto esos rincones míticos. Ahora llego allí y me siento como en mi segunda casa.
Es curioso cómo las relaciones pueden cambiar la perspectiva de una ciudad...
Eso es. Mi mejor amiga es sevillana y vive en París; nos conocimos mientras trabajaba en la moda y es mi hermana del alma. Tengo muchas amigas que viven allí. Es como que vuelvo a casa, vuelvo al hogar, vuelvo a buenos recuerdos. Vuelvo a una ciudad y a una profesión que me ha dado mucho y que todavía me sigue dando. Cuando llego a desfilar en la costura, o veo a gente, a maquilladores, a amigos que encuentro después de muchos años, siempre miro atrás con gratitud y siempre me hacen sacar una sonrisa.
«Lo mío con París ha sido una relación de amor que se ha ido construyendo»
¿Algún destino al que os apetezca viajar tras la boda?
Gracias a la moda, pude ir hace muchos años a Japón. Fue un viaje que me marcó, lo viví con mucha intensidad y me fascinó su cultura. En cuatro días pasé por Tokio, Kioto, Osaka y volví a París. Ahora quiero volver, así que vamos a ir a Japón.
LOS SUEÑOS DE NIEVES ÁLVAREZ
¿Qué sueños has cumplido que un día te parecían imposibles?
He cumplido tantos... Al final, lo que he aprendido es que hay que soñar y trabajar para hacerlo realidad.
¿Y te quedan por cumplir?
Sí, me quedan sueños por cumplir y sé que lo voy a hacer. Nunca hay que dejar de soñar.
El viaje soñado que aún tienes pendiente es a…
Bután. Llevo 30 años diciendo que quiero ir y lo conseguiré algún día.
¿Con quién harías ese viaje soñado?
Con mis hijos.
¿Algún sueño inconfesable?
Sí, pero es eso, inconfesable (ríe).
Créditos: Fotografía; Eduardo Miera; Ayudante de fotografía: Luis Spinola; Estilismo: Leire Peña; Ayudante de estilismo: Victoria Izaguirre; MUAH: Pilar Lucas

















