La periodista catalana, que acaba de cerrar una de las etapas más importantes de su carrera, se despidió hace solo unos días de sus oyentes en la emisora en la que ha trabajado los últimos 21 años de su vida, dando pistas de sus planes inmediatos. Aseguró que ahora lo que quiere hacer es “poner los pies en remojo, beber mucha pomada y pasarlo muy bien”, una declaración que no deja de ser un guiño inequívoco a Menorca, donde suele pasar largas temporadas estivales. Y concretamente a Sant Lluís, el bonito pueblo menorquín que lleva años siendo el lugar donde ha encontrado su refugio de desconexión del frenético ritmo de la actualidad.
Sant Lluís tiene un inconfundible aire mediterráneo y francés, puesto que fue fundado durante la breve dominación francesa de la isla, entre 1756 y 1763, y aún conserva restos de aquel pasado. Efectivamente, el nombre mismo rinde tributo a Luis IX de Francia, y muchas de sus calles conservan nombres de procedencia francesa.
¿Por qué Sant Lluís es uno de los pueblos más bonitos de la isla?
Situado a apenas diez kilómetros de Mahón, Sant Lluís es uno de los pueblos más blancos de la isla. Todo en él es de este color: las casas, los distintos caseríos y las construcciones tradicionales. Para exprimirlo de todo, hay que pasar en él unas vacaciones, pero si no es posible, al menos habrá que dedicarle un día entero para disfrutar de todos sus rincones. Si empiezas a primera hora, el punto de partida no puede ser otro que la plaza de Sa Creu, su corazón. Allí se encuentran el ayuntamiento y la iglesia parroquial, en cuya fachada se puede ver la inscripción que recuerda el pasado francés de la localidad. Desde aquí hay que echarse a andar y perderse por las calles blancas y silenciosas de uno de los municipios más fotogénicos de Menorca.
El paseo te llevará irremediablemente hasta el Molí de Dalt, el molino de viento del siglo XVIII que se ha convertido en el icono de la localidad. Restaurado y transformado en museo etnológico, entrar en él permite descubrir cómo era la vida tradicional en la isla.
Las playas y calas que rodean el refugio de Àngels Barceló
Pero si hay algo que ha convertido a Sant Lluís en uno de los destinos más deseados de la isla, son las playas y las calas que lo rodean: Punta Prima, Binibèquer, Binisafúller y Binidalí. No es extraño, por tanto, que una figura tan conocida como la periodista haya encontrado aquí su refugio estival.
Después de recorrer el casco histórico, la siguiente parada es Binibèquer Vell (Binibeca), a apenas unos minutos en coche. Levantado entre finales de los años 60 y principios de los 70, este antiguo poblado de pescadores es uno de los pueblos más ‘jóvenes’ de España. Se diseñó a modo de laberinto y sorprende por sus callejuelas estrechas, sus casas de un blanco impecable y ese aire marinero que invita a perderse y a disfrutar de la esencia mediterránea.
Dónde comer como un local
A la hora del almuerzo se regresa a Sant Lluís para sentarse en una de las mejores mesas de la isla: Sa Pedrera d'es Pujol (sapedreradespujol.com). Ubicado en una antigua casa de piedra, este restaurante es un referente gastronómico no solo del municipio, sino también de Baleares. Sus arroces, pescados y calderetas hacen honor a la tradición culinaria menorquina.
La sobremesa pide mar, así que lo mejor será ir a Punta Prima, la playa más popular de la zona, y darse un baño en sus aguas cristalinas con la silueta del faro de Isla del Aire en el horizonte. Este pequeño islote deshabitado es conocido por su colonia de lagartija balear, una especie endémica.
Si prefieres rincones más tranquilos, tienes a mano Es Caló Blanc, Cala Rafalet o Binidalí, tres pequeñas joyas bañadas por el azul del Mediterráneo, más o menos rocosas y más o menos salvajes.
Atardeceres frente al Mediterráneo
Con la caída de la tarde llega uno de los momentos más agradables del día. En el centro de Sant Lluís, La Venta (laventamenorca.com) ofrece una agradable terraza ajardinada ideal para probar productos locales y brindar con una pomada bien fría, esa mezcla de ginebra y limonada que se ha convertido en la bebida por excelencia del verano menorquín, y que Àngels Barceló tanto aprecia.
Si prefieres prolongar la jornada junto al mar, Sa Barraca, en Punta Prima, es uno de los lugares que abren en temporada donde tomar unas tapas y contemplar la puesta de sol frente al Mediterráneo. Y si buscas un ambiente más animado, Bambú Menorca (bambumenorca.com), en Binibèquer, se ha convertido en uno de los locales de moda para disfrutar de cócteles y música al atardecer.
La cena merece una parada especial en Pan y Vino (panyvinomenorca.com), uno de los restaurantes más prestigiosos de Menorca. Rodeado de jardines y con una atmósfera íntima y romántica, este establecimiento se ha convertido en una referencia gastronómica para quienes buscan una velada tranquila y una cocina de gran nivel.
Dónde dormir cerca de Sant Lluís
En el entorno de Sant Lluís, el alojamiento se mueve entre las vistas al mar y el encanto rural, con opciones que encajan con el ritmo pausado del sureste menorquín. Entre las más destacadas se encuentra el Hotel Rural Biniarroca, un antiguo caserío rodeado de jardines mediterráneos que ofrece un ambiente de calma absoluta, con piscinas escondidas entre vegetación.
Muy cerca, el Alcaufar Vell (alcaufarvell.com) ocupa una finca histórica del siglo XIV, rehabilitada con respeto a su carácter original, donde los huéspedes descansan en habitaciones amplias y disfrutan de una cocina de gran nivel que lo ha convertido también en destino gastronómico. La alternativa más contemporánea la ofrece el Barceló Nura, una arquitectura de líneas limpias, espacios abiertos y servicios de spa.
Así es el lugar donde Àngels Barceló cambiará los madrugones de la radio por los baños en el Mediterráneo y la tradicional pomada menorquina. Mientras su audiencia asimila el adiós de una de las voces más reconocibles de las ondas, ella ya tiene claro dónde quiere escribir la siguiente página de su vida.












