Menorca en primavera: dónde reservar y guía para disfrutar de la isla fuera de temporada


Menorca se transforma en primavera: más verde, más tranquila y con mesas que vuelven a abrir. La temporada secreta para disfrutarla sin multitudes —y con mejores reservas— empieza ahora.


Terraza en una plaza de Cuitadella, Menorca© Shutterstock
Por: Paloma Herce
5 de mayo de 2026 a las 7:30 CEST

La isla más al norte de las Baleares es uno de esos rincones del Mediterráneo que se está convirtiendo en lugar favorito de escritores, artistas y actores, como Monica Bellucci u Olivia Palermo. Ellos ponen un pie en plena temporada estival, pero no saben que el mejor tiempo para disfrutar de sus aguas turquesas y su arena roja no es cuando damos la bienvenida a San Juan, es cuando empiezan a nacer las flores. La primavera es el momento: cuando la isla está teñida de verde y también más vacía. Los días acompañan para pegarse un baño y los restaurantes empiezan a abrir, muchos de ellos renovados para la nueva temporada. Porque tras el otoño tardío —la temporada acaba a finales de octubre— y los meses fríos de invierno, Menorca se despierta de su letargo. Los menorquines empiezan a animar su agenda y la isla comienza a dar la bienvenida a aquellos que deciden poner un pie en ella fuera de temporada. 

Calas vacías fuera de temporada en Menorca© Shutterstock
Calas vacías fuera de temporada en Menorca

Menorca no es solo la isla del viento —la Tramontana, el xaloc, llebec— también es la del poc a poc, y precisamente la temporada previa a la estival invita a eso. A bañarse en una cala recóndita y vacía, a estrenar esos locales que se renuevan y a disfrutar de la gastronomía menorquina. Esta no es una guía para descubrir esos sitios de moda donde ver y dejarse ver, aunque Menorca es poco de eso, son esos lugares locales donde disfrutan los menorquines de sus platos, donde pasean de verdad y donde puedes encontrarles en familia. Algo difícil, no te creas, porque los isleños disfrutan mucho de los ratos en casa.

Mahón, la capital

Si quien viene de fuera se suele hospedar en Ciutadella, es Mahón la ciudad que más respira ese espíritu isleño. Aunque las últimas aperturas han convertido la capital en un rincón absolutamente cosmopolita. Franceses y peninsulares están abriendo tiendas y restaurantes que dan cobijo a locales y viajeros —Tabouret, La Cerería, Casa M, Nanai Atelier, Can San, Boba’s Menorca—. Los turistas se refugian en urbanizaciones al norte y al sur. Hay que destacar, en primer lugar, Ses Forquilles. En su primera ubicación ya se convirtió en el lugar de referencia para celebraciones y para aquellos menorquines que buscaban una cocina con una vuelta de tuerca. Desde hace pocos años, unidos al patio del hotel Cristine Bedford, tienen ubicación en la calle San Fernando, una de las más coquetas del centro. Una carta disfrutona y una bodega que no está nada mal, es sin duda el restaurante de referencia de la zona. Si queremos algo más informal, podemos reservar mesa en su otro proyecto Ses Culleres, con vistas al imponente puerto de Mahón. Sus bravas, sus canelones… Tiene una carta más casual pero con un buen nivel de cocina. Es uno de esos restaurantes abiertos todo el año por lo que es fácil ver a mahoneses por aquí.

Ses Forquilles, uno de los restaurantes de referencia en Mahón, Menorca© Ses Forquilles
Ses Forquilles, uno de los restaurantes de referencia en Mahón

Destacan también Candela y Agustínbistró y bar de tapas—, en la Plaza de España, donde disfrutar de una carta que va variando en función de la temporada, y que se apunta en una pizarra, y que juega con producto local. El pescado, por supuesto, juega fuerte. Aunque hay menorquines que destacan sus torreznos, tan exóticos por aquí, como uno de sus mejores platos. Exóticas también las gildas, que podemos encontrar el nuevo Bar San Jorge. Irea y Patxo han convertido la antigua peña madridista en un bar con tintes vascos. Un bar que, como nos contaban, guarda muchos elementos de lo que fue antes. Porque no está mal saber de dónde venimos. Se encuentra a dos pasos del teatro, el teatro de ópera más antiguo de España. 

Vistas al casco antiguo de la ciudad de Mahón, Menorca © Shutterstock
Vistas al casco antiguo de la ciudad de Mahó

Otra mención es Cristanal y Gradinata. Un local genuino lleno de radios y una carta en la que solo hay pequeños bocadillos —manolitos—, se convierte en sitio de encuentro para una cena o un aperitivo. Para un vino con vistas al ayuntamiento, y a la plaza que da a la Iglesia de Santa María, tenemos el Nou Bar. Cuando hace bueno, si somos dos, hay que coger mesa en la terracita que rodea al edificio. 

La preciosa Plaça del Príncep, donde se encuentra Es Suis, Mahón, Menorca
La preciosa Plaça del Príncep, donde se encuentra Es Suis.

Otro rincón a tener en cuenta, en la preciosa Plaça del Príncep, es Es Suis, para vinos y bikinis. Detrás están Pau —el conocido chef Pau Sintes—, Christian y Luis, con experiencia ya en hostelería. “La idea nació una noche cenando los tres. Queríamos crear algo juntos: un concepto sencillo, accesible y transversal, porque los sándwiches no entienden de clases sociales ni de edad” nos cuenta Christian. “Nuestra carta se articula en cinco bikinis, cada uno con el nombre de las cinco calles que desembocan en la Plaza del Príncipe. Hace casi 100 años ya existía en ese mismo local un bar con ese nombre. Investigamos su historia y decidimos recuperarlo para no perder esa parte del pasado”. Como novedad, nos chivan que abrirán próximamente El Trocadero 1934, bajo el concepto de una coctelería clásica. “Ya existió en 1934 y fue un cabaret” añade Christian Balle. 

Pau, Christian y Luis, al frente de Es Suis, un local perfecto para tomar unos vinos y unos bikinis en Mahón, Menorca
Pau, Christian y Luis, al frente de Es Suis, un local perfecto para tomar unos vinos y unos bikinis

Dejando la noche, y siendo ya de día, para desayunar la recomendación es Es Llonguet. Indispensable irse con un arsenal de formatjades y rubiols. Para comprar sobrasada, nada como el Mercat del Carmen. Después, un aperitivo en el Mercat des Peix, con ambiente los fines de semana.

Cristanal y Gradinata, uno de los locales de encuentro para aperitivo o cena de Mahón, Menorca© Cristanal y Gradinata.
Cristanal y Gradinata, uno de los locales de encuentro para aperitivo o cena de Mahón

Ciutadella, la otra cara

No es habitual que los habitantes de Mahón vayan a Ciutadella y viceversa. 50 kilómetros son muchos en la isla. Teniendo esto en cuenta, hay que darse cuenta de las diferencias que existen, porque existen, en tan pocos kilómetros. Imprescindible hacer parada en el Bar Imperi para comer sus fantásticos llongets, sus famosos bocadillos. Para hacer inmersión menorquina, el de cuixot camot en Mahón— con queso. Es un embutido típico de la isla pero que en función del rincón, se dice de una manera u otra. Tienen vinos y vermut de la isla.

Plaza de Ciutadella, Menorca© Shutterstock
Plaza de Ciutadella

Otro rincón que hay que apuntar es Molí des Compte, en un antiguo molino. Con comida casera, brasa… Está ubicado en un antiguo molino, en Ciutadella. Es Tast de Na Silvia, que cumple 25 años, es otro restaurante a tener en cuenta, pero se encuentra en reformas y habrá que estar pendiente de su renovación. Para disfrutar de una cocina con 100% sabor menorquín, porque todo es kilómetro cero, no existe lugar mejor. Un paseo por la palaciega Ciutadella es imperdible entre plan y plan. El debate, claro está, es quien defiende qué ciudad es más bonita. Mientras Mahón, teñida de amarillo pastel, esté repleta de preciosas casas inglesas de la burguesía, la antigua capital de la isla está coloreada de un tono arena propio de los edificios palaciegos del centro. 

S’Amarador, un buen restaurante en Ciutadella, Menorca© S’Amarador
S’Amarador, un buen restaurante en Ciutadella

Dejando a un lado el debate, hay que mencionar el Café Balear o S’Amarador, pero no son los rincones que suelen visitar los locales. Aunque si queremos comer o cenar con vistas al puerto, no existe lugar mejor. Y más ahora que estamos fuera de temporada. Para un café pausado, hay que disfrutar la Cafetería Ánima, en una callejuela del centro. Tienen una muy buena selección de café y té, velas y productos con encanto y sus bizcochos y dulces están realizados con productos de la zona. ¿Crespellets o ensaimadas? Hay que ir a comprarlas a Herbera Bakery. Hay otros dulces típicos de la isla que merece la pena probar. Puedes encontrar formatjades de cordero, la receta original. 

Ciudad de Ciutadella, isla de Menorca, Catedral de Santa María© Shutterstock
Catedral de Santa María

Más allá de las ciudades

Pero Menorca no son solo Mahón o Ciutadella. Podemos encontrar restaurantes y rincones que merecen la pena por toda la isla. Uno de ellos está en Mercadal. Si queremos probar auténtica cocina menorquina, el Molí d’es Raco es donde hay que reservar. Ubicado en un antiguo molino de harina, con más de tres siglos de antigüedad, es uno de esos lugares con encanto en los que vas a escuchar hablar la lengua de la isla. Eso siempre es buena señal. El cordero es uno de los platos estrella. 

Arroz en Es Molí de Foc, del valenciano Vicent Vila, Menorca© esmolidefoc
Arroz en Es Molí de Foc, del valenciano Vicent Vila.

En Sant Climent, muy cerca de Mahón, tenemos uno de los mejores lugares para disfrutar de un arroz. Muchos menorquines cuentan los días para la llegada de la primavera y así poder reservar mesa. Estamos hablando de Es Molí de Foc, del valenciano Vicent Vila, que trajo su saber hacer desde el litoral mediterráneo. También se encuentra en un antiguo molino, del siglo XIX, en pleno centro de este pequeño pueblo de casas blancas. Otro restaurante es Ca Na Pilar, en Es Mignorn Gran. Liderado por Ona Morante, se encuentra en una casa de arquitectura menorquina de más de 200 años. Y para grandes celebraciones, Sa Pedrera des Pujol, con Daniel Mora y Nuria Pendás detrás, es el restaurante gastronómico de la isla. Llevan dando de comer desde los años 60.

Faro de Cavallería, Menorca© Shutterstock
Faro de Cavallería

¿La última recomendación? Coger el coche y pararse en las diferentes localidades de la isla: Ferrerías, Es Migjnorn Gran, San Luis, Fornells… Pero también en Na Macaret, Alcaufar y otros rincones con encanto donde se respira esa paz propia de la isla. Porque los menorquines no van a la playa, van a darse un baño, nosotros podemos hacer lo mismo y después dejarnos llevar, paseando entre sus casitas blancas. Tomando algo en el Faro de Cavallería, en el que ahora no hay mucha gente, o en cualquier bar de cualquier plaza de la isla. También por todos los yacimientos talayóticos que hay, o por algún tramo del Camí de Cavalls, el plan dominical de los menorquines. Aunque la mejor decisión es dejarse mecer en una silla menorquina —de madera y lona— mientras se disfruta de un vino de la isla —los hay, triunfa el Merluzo de Bodegas Binifadet o los rosados de Torralbenc— y ver la vida pasar. Otra opción es un Negroni en el Bar Lemon de Cales Fonts. Ese es el verdadero lujo de la vida isleña. Además de venir a la isla fuera de temporada.