Ana Belén y Víctor Manuel empezaron a frecuentar Menorca a partir de 1983, cuando su hijo David tenía apenas 7 años y su pequeña Marina era una recién nacida. La pareja compró una preciosa casa de arquitectura menorquina en la zona residencial de La Solana, muy cerca del centro de Mahón y del puerto, para descansar y crear su refugio familiar más íntimo. Marina San José lo llama “mi casa”, porque aquí están los mejores recuerdos de su infancia y porque a él se escapa siempre que tiene ocasión para disfrutar del mar, de la naturaleza, de atardeceres mágicos y de tantas otras cosas como ofrece la isla.
La capital de Menorca es una ciudad pequeña, de solo 30.000 habitantes, pero a la que no le falta de nada. En su puerto, que divide la ciudad en dos —la que se vive al borde del agua y la del centro histórico elevado—, en sus encantadoras calles, sus mercados y su impresionante entorno natural se vive la vida tranquila, pero también se siente con fuerza la historia y el arte (contemporáneo).
El alma marinera de la ciudad se concentra en los 6 kilómetros de puerto que se extienden entre la lonja y el muelle de Levante, donde atracan desde modernos yates hasta tradicionales llaüts. Aquí se encuentra el Mercat del Peix —mitad mercado de pescado, mitad restaurante— y los antiguos almacenes, que han sido reconvertidos en galerías de arte, espacios culturales, bares —como el musical Texas, en el que Ana Belén se ha atrevido con el karaoke— y restaurantes.
El puerto es el mejor lugar para degustar, con vistas al mar, una de las tradicionales calderetas que tanto gustan a Marina San José. Buena recomendación es Arjau (arjaumao.com), restaurante famoso también por sus arroces y la langosta al gusto: grillé, frita con huevos y patatas...
Paseando por el puerto se ven varios islotes, la isla del Lazareto —refugio de aves—, la imponente fortaleza de la Mola, en la misma bocana, y otro puerto de menores proporciones, Cales Fonts, en Es Castell, perfecto para cenar o tomar algo en sus cuevas mientras cae la tarde y la ciudad se refleja en las aguas del mar.
El puerto está conectado con la ciudad a través de la Costa de ses Voltes, una avenida llena de curvas en cuyos pasos de cebra intervino ese gran pensador del color que fue el artista venezolano Carlos Cruz-Diez.
LA ANTIGUA CIUDAD MEDIEVAL
Si el Mercado del Claustre del antiguo convento del Carmen es el punto de encuentro local y el mejor lugar para hacerse con los productos tradicionales —ensaimadas, sobradas, gin o abarcas—, para empezar a descubrir la antigua ciudad medieval de Mahón, hay que situarse junto al portal de Sant Roc. Este es el único resto importante de la muralla defensiva que rodeaba la ciudad en la Edad Media. Hoy esta es una de las principales puertas de entrada al recinto amurallado, que da acceso a las calles estrechas del casco viejo y a agradables plazas, como la cercana plaza del Bastió, rodeada de casas tradicionales; la plaza de s’Esplanada, perfecta para sentarse a tomar un café, o la de la Constitución, en una de cuyas esquinas se encuentra la terraza del café Es Dineret, abierto en 1854.
En este espacio llaman la atención el reloj de 1731 en la fachada de la casa consistorial y la iglesia neogótica de Santa María, con un órgano monumental que impresiona no solo por el tamaño, sino también por su historia. Pues cuando se construyó a finales del siglo XIX, era uno de los más grandes de la época y, más que una obra decorativa, es conocido por su potencia sonora y riqueza tímbrica. Para oír cómo suena, hay que acudir a los conciertos que se organizan en verano y fechas señaladas.
Durante el siglo XVIII Mahón fue base naval del Imperio británico y de esa época se conservan vestigios arquitectónicos, como los boinders, los miradores acristalados pintados, característicos de las viviendas burguesas, que se pueden ver en la calle Hannover. El centro cultural Ca n’Oliver también ilustra sobre este episodio histórico.
Muy cerca de este antiguo palacete de alma burguesa se encuentra un lugar que conoce bien Marina San José, consolidada como una de las actrices más respetadas de la escena teatral española, el Teatro Principal, el más antiguo de España, modelo de patrimonio arquitectónico y levantado en 1829 al estilo de los teatros italianos del XVIII.
LA ISLA DEL REY
Pero hay que volver al puerto para tomar un ferri en el muelle de Levante que, en 15 minutos, acerca hasta la isla del Rey, así llamada porque en ella desembarcó Alfonso III en 1237 para conquistársela a los musulmanes. Luego los ingleses construirían un hospital naval transformado hace unos años en el centro de arte Hauser & Wirth, que ha situado a Menorca en el mapa del arte contemporáneo.
Además del nivel de sus exposiciones, en este acogedor espacio cautiva su jardín, creado por el paisajista holandés Piet Oudolf y con esculturas de Chillida o Louise Bourgeois.
A dos pasos de la ciudad, la playa salvaje de Mesquida —a cuyas espaldas se encuentra una de esas torres de defensa británica que construyeron los británicos— regala la sensación de estar en otro mundo. Son 300 metros de arena fina y aguas turquesa, rodeada por dunas y vegetación autóctona ideal para nadar, tomar el sol o hacer esnórquel en un entorno natural protegido, que Marina San José bien conoce y disfruta desde su infancia.















