Es una de las ciudades más innovadoras de Europa, un auténtico centro neurálgico de las últimas tendencias urbanitas que basa todo su éxito en un ensamblaje peculiar: el de un perfil rabiosamente moderno en sintonía con un solemne sabor histórico… y todo ello aliñado con elegancia marinera. Así se presenta Hamburgo, la segunda metrópoli alemana, cuna de fuertes personalidades (como la ex canciller Angela Merkel) y de mentes creativas (como el diseñador de moda Karl Lagerfeld).
Dinámica, atrevida, amante de los espacios verdes y devoradora de cultura, Hamburgo tiene su alma en el puerto sobre el río Elba, el tercero mayor de Europa por detrás del de Rotterdam, en los Países Bajos, y el de Amberes-Brujas, en Bélgica. Un puerto que no solo trajo esplendor a la ciudad en los tiempos de la Liga Hanseática, sino que fue, además, un punto de conexión con el mundo exterior y una puerta abierta al trasvase de culturas. Hoy, más allá de su función comercial, alberga un vibrante centro de ocio con restaurantes, tiendas y museos.
Nada como este viejo muelle para iniciar la ruta por el rostro más cosmopolita de la urbe. Porque en el trasiego de los barcos de todos los continentes, en la arquitectura portuaria de contenedores gigantes y edificios de carácter naval reside su personalidad. ¿Una idea? Degusta un Fischbrötchen o bollo de pescado en cualquiera de los bistrós que flanquean las orillas del puerto. Estos deliciosos panecillos frescos rellenos de caballa, arenque o salmón, y rociados de cebolla, pepinillos y salsa remoulade, son el tentempié favorito de los locales.
ARQUITECTURA DEL PASADO Y DEL FUTURO
En el puerto, mirando hacia el cielo, la vista se topará con el que ya está considerado el nuevo símbolo de Hamburgo: la Filarmónica del Elba (Elbphilharmonie), diseñada por Herzog & de Meuron. Un grito arquitectónico que se eleva sobre el techo de un antiguo almacén de ladrillo, y que recrea con vidrio el movimiento de las olas. Desde su inauguración a principios de 2017, más de tres millones de personas han asistido a sus conciertos para admirar una acústica que, según los expertos, figura entre las mejores del mundo.
Desde aquí se abre paso el distrito marítimo de HafenCity, donde empaparse de arquitectura contemporánea. Una ciudad dentro de la ciudad que, ahí donde se la ve, es el mayor proyecto urbanístico del norte de Europa, al que se le conoce como la urbe del futuro: aquella que provee, en un mismo radio, residencia, trabajo y ocio. Edificios proyectados por arquitectos de renombre, oficinas, universidades, parques, restaurantes, hoteles, paseos peatonales y espacios para el esparcimiento y la cultura.
Justo al lado, el urbanismo retrocede unos siglos en lo que se conoce como la Speicherstadt, una suerte de Venecia postindustrial en lo que históricamente fueron los almacenes de café, té, tabaco y alfombras orientales. Compuesto por canales, torreones de gótico báltico y fachadas de ladrillo guillermino, este barrio está declarado Patrimonio de la Humanidad, como también lo está el cercano Kontorhaus, el primer distrito de oficinas de la Europa continental. Aquí la arquitectura, exponente del expresionismo alemán, tiene su gran hito en La Chilehaus, que evoca la proa de un barco y fue uno de los primeros rascacielos de Alemania.
LA CREATIVIDAD DEL BARRIO DE SAN PAULI
Esta capacidad para combinar el ayer con el mañana es la que hace de Hamburgo una ciudad especial. Se aprecia, por ejemplo, en el túnel del Elba, en el barrio de San Pauli, abierto en 1911 para transportar personas y vehículos a una profundidad de 24 metros bajo el río. Lo que en su día fuera una rompedora obra de ingeniería es hoy un agradable paseo de unos 15 minutos (ida y vuelta) para peatones y ciclistas, entre mosaicos decorativos de época y con vistas panorámicas al puerto.
También en estas calles llama la atención un búnker de la Segunda Guerra Mundial, reconvertido en un multiespacio para el ocio. Una mole de hormigón, construida en 1942 por trabajadores forzados, que se ha reciclado en un hotel (REVERB by Hard Rock), restaurantes (Karo & Paul, La Sala, Constant Grind, Green Beanie…), salas para eventos y un jardín colgante que trepa por la azotea, al que se viene para hacer deporte con una bonita panorámica de 360 grados.
Es lo que tiene San Pauli: una creatividad desbordante. Por algo este barrio, famoso por la divertida afición de su equipo de fútbol (algo así como una versión alemana del Rayo Vallecano) y por impulsar la carrera de los Beatles cuando aún eran unos desconocidos, es el hogar de artistas, bohemios y graffiteros, que contribuyen a conservar el aire canalla de antaño.
LOS TEMPLOS CULINARIOS
Tan rica como la arquitectura y el arte es la escena culinaria de la que es conocida como la 'Dama del Norte alemán'. Una gastronomía que, como la propia ciudad, está abierta a todas las influencias del mundo. Delicias mediterráneas que encontramos en el Barrio Portugués, en restaurantes como Olá Lisboa, Porto o Praça de Coimbra. Pero también aires escandinavos en restaurantes como Aska, en una antigua barcaza sobre el río a pocos pasos de la Filarmónica.
Para los fans de la comida japonesa está Café by Dokuwa y para quienes crean que la cocina italiana nunca falla está el mítico Kiosque con pasta, pizzas de masa madre y un rico tiramisú. Pero que no teman quienes apuestan por los clásicos de toda la vida. Para ellos pervive Altes Mädchen, un templo clásico de cocina regional con la imprescindible cerveza alemana.
Después de una copiosa cena, lo suyo será entregarse al descanso en un hotel como 25 Hours. Si no se quiere dormir mucho, hay sauna, yoga, conciertos y clases de cocina para permanecer entretenidos. Y es que este establecimiento, ubicado en HafenCity, no solo refleja en su diseño el ambiente portuario de Hamburgo, sino también el espíritu joven que distingue y domina a la ciudad.














