No están siendo momentos fáciles para Sara Carbonero. Hace apenas un mes, la periodista se despedía de la mujer más importante de su vida, su madre, Goyi Arévalo, fallecida tras una larga enfermedad. Desde entonces, se ha refugiado en el cariño de sus seres queridos para sobrellevar este doloroso duelo, especialmente en el apoyo de su pareja, Jota Cabrera; de su hermana Irene; de sus dos hijos, Martín y Lucas; y de amigas inseparables como Isabel Jiménez. También ha encontrado consuelo en la música y en las profundas reflexiones del ilustrador Alfonso Casas, quien, al igual que ella, perdió recientemente a su madre. De una de sus publicaciones más emotivas, Sara ha querido destacar un fragmento especialmente significativo:
"Todavía hoy mi hijo mira de vez en cuando esa esquina del salón y sonríe. Lo hace mucho menos, como si cada día que pasa en este mundo lo aleja de ese otro lugar y poco a poco empieza a perder la capacidad de percibirlo. Pero yo he decidido ver en cada una de sus sonrisas la presencia de su abuela, y de todas las ausencias que nos acompañan cada día. Porque ver en la sonrisa de mi hijo la presencia de mi madre es definitivamente algo en lo que estoy dispuesto a creer. Mamá, gracias por quedarte a la fiesta".
Una vez más, la canción elegida para acompañar este texto refleja a la perfección el delicado momento emocional que atraviesa la periodista. Se trata de Hoxe, mañá e sempre, de Valeria Castro y Tanxugueiras, un tema que habla de la ausencia materna y del recuerdo imborrable de quienes ya no están. Tal y como explicaron las propias artistas sobre el significado de esta canción, "hace referencia a que cuando nosotras marchemos tendremos que estar tranquilas, porque lo vivido es suficiente, ya hicimos lo que teníamos que hacer. Hay que disfrutar del presente, de la vida, que cuando marchemos ya habrá gente que nos recuerde aquí para mantenernos vivas".
Sara aseguró que lo que peor lleva tras la muerte de su madre es que "la vida siga como si nada porque para mí es como si el mundo se hubiese parado, como si me hubiesen amputado una parte del cuerpo". "Aún no puedo creer que no vaya a sonar el teléfono cada mañana, la primera de las tres o cuatro llamadas del día. Ni que no pueda volver a abrazarte ni olerte nunca más. Tampoco podré buscar refugio en ti ni escuchar tus consejos, esos que siempre me salvaban", escribió en sus redes sociales tras el funeral de su progenitora. "Sé que lo que tú querrías es vernos bien, por eso intento cada día levantarme. Por eso no quiero que la tristeza y la rabia que siento ahora me paralicen. Por eso aquí abajo somos más piña que nunca, Irene, los niños… Nos cuidamos como a ti te gustaría. Ayúdanos y danos fuerza para aprender a vivir sin ti, mándanos alguna señal", añadió junto a varias fotos de su infancia.







