Sara Carbonero, de 42 años, está atravesando una etapa muy delicada. El pasado 12 de abril, la periodista recibía el golpe más duros de su vida: su madre, Goyi Arévalo, fallecía tras una larga enfermedad. Dos semanas después del último adiós, que tuvo lugar en Corral de Almaguer, el pueblo natal de la familia, Sara ha compartido en sus redes sociales una desgarradora carta sobre el profundo dolor que siente en estos momentos.
"Cuánto te echo de menos, cómo duele, mamá", decía la periodista en el post más triste que ha escrito hasta la fecha, subrayando que "aquí estoy escribiendo las palabras más difíciles de toda mi vida". Un texto que comparte con el corazón en la mano y la esperanza de que lleguen a la persona indicada, su madre del alma, quien siempre leía todas sus publicaciones. "Lo hago por ti, porque siempre me decías que escribiese más, que te encantaba leerme".
Sara ha compartido también unas preciosas fotos que reflejan los momentos más felices de su vida, marcados por la protectora e inquebrantable figura de su madre. Gracias a estas imágenes, la periodista también nos ha permitido conocer la faceta de su madre como abuela y también descubrirla en su juventud, confirmando el gran parecido que guarda Irene Carbonero, hermana de Sara, con su progenitora.
Es entonces cuando Sara ha confesado que no solo el desarrollar sus capacidades con la prosa lo hacía por su madre, sino que, en un conjunto, no concebía el no intentar superar las expectativas de su progenitora, indicando que "en realidad todo lo hacía por ti, mamá". "Para que estuvieses orgullosa, para sacarte una sonrisa, para verte feliz", continuaba escribiendo.
A pesar de que no vivieran juntas desde hacía mucho tiempo, Sara y su madre seguían estando presentes, casi a diario, en la vida de la otra, impregnadas en su rutina de manera natural, sin imposiciones ni pretensiones. Es por eso que, ahora, el silencio de su teléfono marcará con más peso el ritmo de su jornada.
"Aún no puedo creer que no vaya a sonar el teléfono cada mañana, la primera de las tres o cuatro llamadas del día", ha admitido en su desgarradora carta, lamentando el, tampoco, poder disfrutar de su contacto físico, "ni que no pueda volver a abrazarte nunca más".
Sara también ha expresado cómo echa en falta el poder recurrir al apoyo incondicional de su madre, quien le ofrecía su sabiduría (esa que solo te llega con la edad) y ayuda para tomar las mejores decisiones. "Tampoco podré buscar refugio en ti ni escuchar tus consejos, esos que siempre me salvaban", ha escrito al respecto.
Sara y Goyi compartían un estrecho vínculo que no hacía más que reforzarse con el tiempo, consolidándose como pilares fundamentales en su día a día. Es por eso que la periodista indica que "lo que peor llevo es que la vida siga como si nada", ya que "para mí es como si el mundo se hubiese parado", "como si me hubiesen amputado una parte del cuerpo".
A pesar del profundo dolor que siente, Sara encuentra el valor de continuar con su rutina gracias a la fuerza de su madre, admitiendo que "sé que lo que tu querrías es vernos bien, por eso intento cada día levantarme". Confiesa que tras este mismo motivo "no quiero que la tristeza y la rabia que siento ahora me paralicen".
Sin embargo, con la pérdida de su madre, Sara y su hermana Irene se han unido aún más si cabe, estrechando su vínculo y convirtiéndose así en sus respectivos motores tras este doloroso golpe. "Por eso aquí abajo somos más piña que nunca, Irene, los niños…", indicaba en su devastadora prosa, subrayando que, pase lo que pase, "nos cuidamos como a ti te gustaría".
La dulce descripción de su madre
Aquellos que la conocían afirmaban que Goyi era una de esas personas que irradiaban luz y que, con su pérdida, los rincones que habitaba se han vuelto un poquito más grises. "Mamá, desde donde quiera que estés necesito que sepas que has dejado un vacío muy grande porque eras una mujer excepcional", ha asegurado Sara en su carta, teniendo una preciosa conversación con su madre sobre la asombrosa ola de cariño y apoyo que ha surgido tras conocerse su muerte.
"No sabes lo que te quería la gente y cómo me han hablado de ti todos estos días"; explicaba, subrayando que "en la iglesia no cabía un alfiler". "Todo el que tuvo la suerte de conocerte te define como una mujer buena, generosa, dulce, valiente, luchadora", continuaba, indicando que su madre fue "una mujer que nunca tuvo una mala palabra hacia nadie, una mujer sin prejuicios".
Sara ha seguido haciendo un dulce retrato de su madre, negro sobre blanco, permitiéndonos conocer aún más a la que es la mujer más importante de su vida. La periodista ha hecho hincapié en que Goyi "era todo amor, bondad, que se desvivía por los demás", sobre todo, "por tu familia, tus nietos, tus amigos...".
Con el duelo llega aceptar la nueva y delicada realidad a la que nos enfrentamos cada mañana, siendo uno de los pensamientos más reconfortantes el imaginar que, tras la muerte, encuentras la paz eterna. "Me alivia imaginar que ahora estás en un lugar mejor, eso dicen", escribe Sara, lamentando que, bajo su perspectiva, "sigo pensando que deberías seguir aquí, que nos quedaban muchas cosas por hacer, por disfrutar y por vivir".
"Que ya tocaba la racha buena", ha añadido, unas palabras con una descomunal fuerza emocional que ha continuado indicando que "no habrá un solo día en el que no piense en ti". "Tu recuerdo seguirá vivo por siempre y tú seguirás viva en mi corazón", ha escrito, suplicando una señal del destino: "Ayúdanos y danos fuerza para aprender a vivir sin ti, mándanos alguna señal. Estaré atenta". "Te escribiré cada día. Dirección el cielo. Tanto amas, tanto duele. 'Y yo a ti, mamá'. Siempre", ha concluido su desgarradora carta.
















