Carnavales hay muchos, pero el del pueblo burgalés de Mecerreyes es de los más auténticos e irrepetibles, porque sus protagonistas, más que simples figuras carnavalescas, son fuerzas antiguas y arquetipos primarios, criaturas que emergen del mito y la realidad. Algunos son estafadores y parodias grotescas, figuras exageradas y distorsionadas que se burlan del poder y la tradición; otros son seres salvajes, cubiertos de piel, plumas y elementos naturales, que evocan los espíritus precristianos de la fertilidad, la caza y el cambio de estación.
Este ritual pagano de origen remoto se celebra en Mecerreyes desde hace siglos. Aunque quedó en el olvido durante varias décadas, en la década de 1980 se recuperó gracias a un grupo de vecinos que, con la colaboración de los más mayores del pueblo, fueron reuniendo recuerdos de sus tradiciones. Hoy es testimonio vivo del patrimonio rural burgalés.
CELTÍBEROS, CASTELLANOS Y PAGANOS
El Carnaval de Mecerreyes no tiene nada que ver con los que se celebran en España. Se le conoce como la Corrida del Gallo y es una fiesta ancestral ligada a ritos de fertilidad que marca el inicio de los orígenes de lo que hoy es el Domingo de Carnaval (este año el 15 de febrero). Una mezcla de elementos celtíberos, castellanos y paganos que representan la lucha entre el bien y el mal y el tránsito entre la vida y la muerte.
ZARRAMACOS Y OTROS PERSONAJES
El protagonista de la Corrida del Gallo es el rey, al que da vida un niño del pueblo, de unos 10 años, ataviado con sus mejores galas. Lleva un gallo en la mano (en la actualidad se usa uno de trapo) y camina por las calles flanqueado por los danzantes, que bailan al ritmo de dulzainas y tamboriles, entre copla y copla. Es el momento de entrar a por el gallo. El que logre atraparlo y hacer un recorrido antes de entregárselo de nuevo al rey recibirá el aplauso del público, pero no resultará tan fácil.
Merodeando alrededor están los zarramacos, unos curiosos personajes vestidos con pieles y cencerros a la cintura cuya función es azotar a los mozos que entran a por el gallo ayudados de una tarrañuela (palo). El que reciba un garrotazo, deberá entregar el gallo al zarramaco habiendo perdido su oportunidad de lograr la hazaña. Haciendo respetar las normas, los alguaciles, que llevan alforjas con ceniza y otros elementos para derramar a los pies de quien no cumple con las reglas que el Mozo Mayor recita ante los presentes. La fiesta termina cuando el rey pincha al animal, momento en el que da comienzo la subasta de un gallo de verdad y comienza el Baile de la rueda. Una convocatoria en la que no falta la música popular ni la degustación de postres típicos de la zona.
Mecerreyes se transforma entonces en un escenario donde los ritos ancestrales cobran vida a través de los disfraces. Son las Zarramacadas, que un año más llenarán las calles de alegría y tradición. Los protagonistas de uno de los carnavales más antiguos de España se visten con máscaras y trajes elaborados con huesos, paja, plumas, ramas, pieles de animales o tejidos artesanales. Detrás de estos existe un trabajo de recuperación de las prendas con las que, durante siglos, se celebró un ritual que hasta hace poco estaba al borde de desaparecer.
EL MUSEO DEL CARNAVAL
Tan arraigado está el Carnaval en este pueblo de la comarca de Arlanza, que cuenta incluso con su propio espacio temático: el Museo del Carnaval y del Gallo de Mecerreyes. En él se exponen una veintena de disfraces de las Zarramacadas, una recreación de la Corrida del Gallo, así como el detalle de algunos de los personajes más representativos de esta fiesta ancestral.
COVARRUBIAS, EL PUEBLO BONITO BURGALÉS
Desde Mecerreyes solo es necesario conducir unos minutos para llegar a Covarrubias, uno de Los Pueblos más Bonitos de España. Las siluetas del torreón de Fernán González y de la excolegiata gótica presiden su caserío medieval de plazas empedradas, calles estrechas y fachadas de entramado de madera, que evoca en cada rincón el origen de Castilla.
Por Covarrubias pasan, además, dos caminos históricos: el del Cid y el de San Olav, vinculados respectivamente al principal héroe castellano y a la princesa Cristina de Noruega. En la ermita contemporánea de San Olav y en la estatua situada frente a la colegiata, donde descansan sus restos, se descubre la historia de esta mujer del siglo XIII.
Covarrubias es también la puerta de entrada al Parque Natural de la Sierra de la Yecla y Arlanza, un entorno de alto valor paisajístico que combina desfiladeros, algunos de los bosques de sabinas más extensos del planeta y formaciones calizas de gran belleza. La Yecla es la profunda garganta abierta en las Peñas de Cervera que se puede recorrer a través de una serie de pasarelas metálicas y permite observar a los buitres leonados que anidan en los cortados rocosos.










