La reina Sonia rinde homenaje a Harald V en su última despedida con un histórico broche que llegó a sus manos por amor


Una alhaja que aguarda una de las historias más románticas de la Corte Real de Noruega


La reina Sonia ha salido junto a los miembros de la Familia Real al exterior del Palacio Real de Oslo© Getty
Actualizado 31 de agosto de 2026 a las 18:36 CEST

El amor suele considerarse el alivio más profundo del corazón en medio del desconsuelo: una especie de calma que logra transmitir paz al alma cuando aquello que marcaba tu vida parece haber desaparecido. El amor entre Harald y Sonia ha constituido a lo largo de las décadas un auténtico resplandor frente a las cortes reales de Europa, dominadas históricamente por matrimonios forjados con un mero fin dinástico. Sin embargo, ellos aparecieron para cambiarlo todo. Ahora, la reina Sonia ha realizado una de sus primeras apariciones tras el fallecimiento del monarca, subrayando su posición institucional a través de una de las alhajas más impresionantes del joyero real. Con una rosa entre sus manos, la ha depositado suavemente sobre el jardín temporal formado en el Palacio Real de Oslo, rindiendo así su homenaje más sincero al que fue el amor de su vida. 

Los miembros de la nueva Familia Real de Noruega© Getty
Los miembros de la nueva Familia Real de Noruega

Los diamantes del amor

La reina Sonia ha sido otra de las protagonistas en el traslado del féretro de Harald V de Noruega, quien ha sido trasladado del Salón Rojo del Palacio Real de Oslo hasta la Capilla Real, lugar que se abrirá a la multitud en las próximas horas. Un gesto que, tras este despliegue de solemnidad, ha completado con una salida a los exteriores del Palacio Real de Oslo, donde con delicadeza y gesto de emoción ha posado una rosa roja sobre el jardín temporal que se ha forjado en las inmediaciones palaciegas. Una acumulación de pétalos y velas que los ciudadanos han ido posando sobre el exterior de palacio desde el anuncio del fallecimiento del monarca, siendo uno de los mayores gestos de amor que el pueblo de Noruega ha ejercido sobre el hombre que ha reinado durante treinta y cinco años. Ha sido en esta salida, acompañada por Haakon VIII, la reina Mette-Marit y la princesa Marta Luisa que ha desvelado uno de los gestos más románticos formulados hasta el momento.

La reina Sonia ha posado sobre su pecho un broche de más de un siglo, que aguarda una historia más que romántico© Getty
La reina Sonia ha posado sobre su pecho un broche de más de un siglo, que aguarda una historia más que romántico

La reina Sonia de Noruega ha llevado durante décadas el broche de la Compañía de Pañeros de la reina Maud, una joya que parece guardar, entre sus diamantes y perlas, un pequeño fragmento de la memoria de la Corona. Heredado de su suegra, la reina Maud, Sonia lo convirtió con el tiempo en una pieza profundamente ligada a su propia imagen, luciéndolo en numerosas ocasiones junto a la Tiara de Perlas y Diamantes de la reina Maud. Desde los años setenta, el broche la ha acompañado en celebraciones, ceremonias y encuentros de la realeza, como si viajara con ella llevando consigo la historia de una generación a otra, y que ahora se ha visto reflejada en este complicado momento.

La reina Sonia ha querido ser testigos de los homenajes a su marido el rey Harald© Getty
La reina Sonia ha querido ser testigos de los homenajes a su marido el rey Harald

El origen del broche se remonta a 1896, cuando la princesa Maud de Gales contrajo matrimonio con el príncipe Carl de Dinamarca. Entre los numerosos regalos que recibió con motivo de la boda se encontraba este delicado broche de diamantes y perlas, ofrecido por la Drapers’ Company, una de las antiguas compañías gremiales de la City de Londres. Años después, el destino llevaría aquella joya mucho más al norte. En 1905, Maud y Carl se convirtieron en el rey Haakon VII y la reina Maud de Noruega, y el broche pasó a formar parte de la nueva colección de joyas de la Corona noruega. Un broche que aguarda una historia de amor y que ahora, la reina Sonia ha desempolvado para marcar el último homenaje al amor de su vida, el rey Harald de Noruega. Todo ello enmarcado en el profundo luto de la Reina, marcando así el fin de un matrimonio y el inicio de una nueva era en el país, de la mano de Haakon VIII y la reina Mette-Marit.