Del legendario zafiro de Kate Middleton al anillo de diamantes de Máxima de Holanda: las joyas reales más icónicas de todos los tiempos


Un recorrido por las joyas que han marcado la historia de la realeza, donde cada anillo encierra amor, legado y el brillo eterno de sus protagonistas más icónicos


28 de mayo de 2026 a las 22:09 CEST

El inicio del amor nace, se establece y después, queda sellado a través de diamantes. Quizá rubíes, aunque también zafiros. Piedras que entrelazan la historia, el mito y el compromiso de vidas tan irresistibles como únicas. Un gesto denominado amor, quizá la fuerza impulsora más poderosa del mundo. Una idealización que también adopta formas negativas; esa que Don Quijote comprendió al mirar a Dulcinea, o la que siglos después Ortega y Gasset terminaría definiendo como el "talento que pocas criaturas poseen". Un hecho que constituye un impulso cósmico, y un deseo absoluto de alcanzar la felicidad, dibujaría Platón. Porque el amor no se razona, sino que se siente, como estableció Bécquer, y es por eso que tal vez Shakespeare imaginó a Cupido ciego, porque el amor interpreta fantasías que príncipes y princesas persiguen para unir sus vidas bajo el destello de una joya inolvidable. 

Anillo de compromiso Kate Middleton© Getty Images
La princesa de Gales junto al eterno zafiro de Lady Di

De los faraones a la eternidad

Para comprender nuestro presente, basta con echar una simple mirada al pasado. Lo que hoy entendemos como un místico juramento —traducido en oro y piedras preciosas— nace en realidad hace casi cinco mil años en las tierras del Antiguo Egipto. Fueron los faraones y cortesanos quienes otorgaron a esta pieza el significado de amor, fidelidad y unión eterna; un lazo metafísico sin principio ni fin, aunque no como quizá imaginamos. En aquel entonces, los miembros de esta gran civilización trenzaban sencillos juncos y cañas a la orilla del Nilo para sellar el compromiso de los amantes. 

Mary de Dinamarca en la inauguración del Gran Museo Egipcio, 2025. © GTRES
Gran Museo Egipcio, 2025

Un hecho que nacía del profundo amor de parejas de un mismo estatus, donde cada detalle guardaba un significado. Los habitantes del Antiguo Egipto sostenían con absoluta certeza que del cuarto dedo de la mano izquierda brotaba la Vena Amoris —la vena del amor—, un canal místico que viajaba en línea recta hasta el corazón. Es por ello que se determinó que colocar el anillo en esa posición exacta suponía custodiar de por vida el núcleo mismo de los sentimientos de la pareja. Un simple gesto, nacido de un humilde lazo vegetal en el desierto, que siglos después se convertiría en una de las tradiciones más lujosas y codiciadas del mundo. Especialmente dentro de la realeza y la aristocracia, cuyas uniones han dejado constancia de poseer en sus manos algunos de los diamantes más extraordinarios jamás vistos.

La serpiente eterna de Victoria del Reino Unido

La historia de amor de Victoria del Reino Unido es, quizá, la de una leyenda hoy más viva que nunca. Un ejemplo de transformación junto al príncipe Alberto, cuyo encuentro se produjo bajo la dirección del tío de ambos, el rey Leopoldo I de Bélgica. Aunque eran primos, la soberana experimentó lo que se conoce como amor a primera vista; un idilio que culminó con la entrega de una joya de compromiso tan singular como precisa. Aquella pieza selló lo que el destino parecía haber escrito. 

La reina Victoria el día de su boda con su vestido de novia y broche de Zafiro© Cortesía de Royal Collection Trust
La reina Victoria el día de su boda con su vestido de novia y broche de Zafiro

El anillo de pedida de la Reina es uno de los símbolos más románticos de la historia, pues, elaborado con la silueta de una serpiente —que en la época victoriana era un emblema de sabiduría, eternidad y protección—, representó la perfecta elección por parte del príncipe al incluir una esmeralda coronando la cabeza del reptil. Una sortija que trascendió las épocas, y que además de desvelar una de las crónicas más sentimentales de nuestros tiempos, representó una de las más tristes. La joya permaneció en la mano de la Reina hasta el último día de su existencia, acompañándola en el estricto luto que guardó durante sus últimos cuarenta años de vida tras la muerte de su amado Alberto.

El diseño secreto de un príncipe para Isabel II

Las historias reales parecen establecerse en nuestras vidas como si de una inspiración propia se tratase. Es por ello que las tradiciones han perdurado en el tiempo, porque el sentir no es un hecho vinculado a un estatus, sino al propio corazón. Un amor —el de la Reina y el duque de Edimburgo— que traspasó las fronteras de Grecia y Dinamarca para asentarse en Inglaterra. Fue entonces cuando una jovencísima princesa Isabel, de apenas trece años, quedó ruborizada ante la presencia del joven príncipe Felipe. Un origen compartido que no era su único nexo a través del sentir, ya que sus lazos estaban unidos por el peso de la historia al ser primos terceros por doble vía, tanto por el linaje de la reina Victoria como por parte del rey Cristián IX de Dinamarca, lo que significó un 'sí, quiero' de más de setenta y tres años.

La reina Isabel II junto a Felipe de Edimburgo© Getty Images
La reina Isabel II junto a Felipe de Edimburgo

Fue años después de aquel primer encuentro cuando el compromiso dio inicio a una unión legendaria. Para la pedida, el propio Felipe se trasladó a una joyería local, transformando una tiara de diamantes que le había regalado su madre —la princesa Alicia— en un perfecto solitario de talla brillante. Sin embargo, el misticismo real no terminó ahí. Para el día del enlace, esta sortija de compromiso se complementó con la alianza de bodas —una pieza diferente, realizada en oro galés— que guardaba un mensaje grabado en su interior, un secreto compartido entre la pareja que nadie más ha logrado conocer. La Reina nunca se desprendió de ninguna de las dos piezas, las cuales la acompañaron fielmente a lo largo del segundo reinado más longevo de la historia, consolidando una de las crónicas de amor más profundas de nuestra realidad. 

El anillo de Isabel II© Getty Images
El anillo de Isabel II

El destello millonario que cambió el destino de Grace Kelly

La historia de Grace Kelly es, sin duda, una de las más románticas de nuestra propia historia, en la que Hollywood trascendió los muros del palacio. Aquella conquista supuso, en el Principado de Mónaco, la unión de la gran opulencia dorada de los rincones del cine. En 1955, el príncipe Rainiero III selló su propia historia para siempre junto a Grace Kelly. Aunque inicialmente le obsequió una discreta alianza de la firma Cartier trenzada con rubíes y diamantes —haciendo un elegante guiño a los colores de la bandera monegasca—, el destino de esta unión pronto tomaría un rumbo mucho más deslumbrante. El príncipe, al percatarse de la magnitud de las joyas que las actrices lucían sobre los platós de Hollywood, entendió que la princesa merecía una pieza aún mayor.

Grace Kelly junto al diamante del amor© Getty Images
Grace Kelly junto al diamante del amor

Encargó de nuevo a Cartier la creación de un colosal anillo con un diamante de talla esmeralda de 10,47 quilates, flanqueado por dos brillantes tipo baguette. Una obra de arte de la alta joyería que hoy en día está valorada en más de cuatro millones de euros. La actriz quedó tan fascinada por la pieza que incluso exigió lucirla en su última película, Alta Sociedad, convirtiendo su promesa de amor real en un mito eterno de la gran pantalla.

El singular y patriótico diamante naranja de Máxima de Holanda

La Casa Orange-Nassau otorga guiños tan especiales como dinásticos, en los que las referencias a su propio nombre trascienden la iconicidad de su propio destino. Sobre la mano de Máxima de los Países Bajos deslumbra el profundo vestigio de una historia, con piedras naturales "coronadas" por una piedra de color naranja con la que rinde un guiño al nombre de la dinastía. Una pieza que se rodea de diamantes blancos y con una banda de colores tan espectaculares como significativos. Una joya cargada de historia que selló un amor que nació en la Feria de Sevilla.

El anillo de la reina Máxima, la piedra más significtiva© Getty Images
El anillo de la reina Máxima, la piedra más significtiva

Kate Middleton junto al eterno zafiro de Diana de Gales

La actual Princesa de Gales posa sobre su mano el hilo que une dos generaciones, una marcada por la tragedia y otra que continúa escribiendo las páginas de su propia historia. El famoso anillo de compromiso de Kate Middleton guarda la profundidad de una conexión ligada a la Familia Real, especialmente a Diana de Gales. Una pieza elegida por la propia princesa de Gales en 1981, de la joyería real Garrard, y que cambió el destino de la familia. Un diseño elaborado con un zafiro central de Ceilán de 12 quilates, rodeado por 14 diamantes y montado en oro blanco, rompiendo con la costumbre de los miembros de la realeza, que acostumbraban a llevar anillos realizados exclusivamente a medida.

La princesa de Gales junto al eterno zafiro© Getty Images
La princesa de Gales junto al eterno zafiro

Tras la muerte de Diana, la joya pasó a manos del príncipe Guillermo, quien se la entregó a Kate Middleton como símbolo de compromiso. Desde entonces, la pieza se ha convertido no solo en un símbolo de amor entre la pareja real, sino también en un recordatorio constante de la existencia de Diana de Gales. Desde entonces, la Princesa de Gales luce sobre su mano una historia compartida, reviviendo en cada aparición el legado de la madre de sus hijos. Los anillos de compromiso, en la historia de la realeza, han funcionado siempre como sellos de unión que trascienden lo material, relatos que conectan épocas y amores, y que mantienen viva la esencia simbólica con la que fueron concebidos.