Fue la propia princesa de Gales la que abrió camino a las comparaciones con Sissi en 2022. Cuando cumplió 40 años, trazó un puente entre ambas con los retratos que eligió hacerse para enmarcar su aniversario y la entrada de una nueva década. Era un guiño directo al romanticismo del siglo XIX y a la iconografía de una emperatriz legendaria y, también, un viaje en el tiempo.
Kate se había inspirado en las obras con las que Franz Xaver Winterhalter inmortalizó a Isabel de Baviera. Entre ellas, La emperatriz Isabel con el pelo suelto (1864), la pintura "íntima" de la mujer más bella del imperio, y la favorita del emperador Francisco José. Las imágenes conectaron instantáneamente el Palacio de Kensington, en Londres, con el Palacio de Hofburg, en Viena. Kate y Sissi con la melena suelta y ondulada cayendo sobre los hombros y sus espaldas y su vestido de tul blanco vaporoso.
Casi un siglo y medio
Cada una en su tiempo -las separan casi un siglo y medio-, pero unidas por el poder de su pelo, su rasgo más distintivo. Sissi, en el mundo de los Habsburgo. Cuando la corte de Viena la asfixiaba, ella se refugiaba tras su melena, que era su corona real. Y Kate, en el de los Windsor usando el suyo, perfecto y brillante, como armadura y proyectando un mensaje: "Todo está bajo control, la Monarquía es sólida". Hay una enorme diferencia entre ambas empezando por sus propias vidas –la de Kate está llena de amor-, pero sí que comparten una enorme exigencia, la que hay detrás de su imagen.
Sissi tenía obsesión con su peso, controlado con curas de desayuno y de hambre, y su forma física (era anoréxica), pero su cabello era su gloria. Un testimonio del poder y el prestigio real que representaba un ideal de femineidad y un modelo a seguir. Le llegaba a los pies y su melena era tan densa y pesada que le producía fuertes dolores de cabeza obligándola a pasar días enteros con el pelo sujeto por cintas a ganchos de hierro -todavía pueden verse en las paredes de los palacios imperiales- para aliviar la presión. "Soy una esclava de mi cabello”, decía, pero no había nada que la enorgulleciera más.
Un secreto de estado, en manos de su peluquera
Su ritual de cuidado era sagrado. Un secreto de estado que estaba en manos de su peluquera, Fanny Feifalik, la persona más poderosa de la corte. Estuvo a su servicio más de 30 años, fue su leal servidora y le pagaba un sueldo astronómico (2.000 florines al año).
Fanny no solo se ocupaba del cabello tres horas al día, lo veneraba e inventó peinados majestuosos, como el de la "corona imperial" -trenzaba el cabello con diamantes reales- que se puso de moda en toda Europa. A diario, era casi una mañana entera dedicada a su pelo; y por la tarde, también había que prepararlo en círculo como un sol para que pudiera dormir cómoda. Sin duda, un tiempo precioso que la emperatriz aprovechaba para estudiar idiomas como el griego -hablaba cinco-; y leer -también era una intelectual- vestida siempre con una túnica de encaje blanco no muy diferente a la del retrato de Winterhalter.
Le aterraba perder su belleza, y después de cada ritual, Fanny le presentaba el cuenco de plata con los cabellos que había perdido. "Me levanté a las cinco, con una ducha de agua helada despabilé mi adormecido cuerpo y, tras tomar un ligero desayuno, me dediqué al cuidado de mi larga y espesa mata de pelo. A los 52 años todavía no me he encontrado un solo cabello blanco. A continuación, me puse a realizar concienzudamente mis habituales ejercicios de gimnasia: trapecio, pesas, y el salto a la comba con el que cada día termino mi puesta en forma", dejó escrito.
La fórmula secreta
Peinarse eran tres horas, y lavar el pelo, un día entero, cada dos semanas… Primero, venía la mascarilla de huevo y coñac o brandy seguida del lavado con jabones a base de birra, y esencias. Después, para cerrar las puntas, una mezcla de vinagre de manzana, agua de limón y ortigas; y la aplicación de una fragancia creada especialmente para la emperatriz de rosas búlgaras e iris florentinos -Creed's Fantasia de Fleurs EDP-. Tras el lavado, llegaba el secado, bajo el sol o ante la chimenea extendiendo el pelo sobre una mesa.
De la casi tortura del siglo XIX a la precisión milimétrica del siglo XXI. De los elixires artesanales y hierros y tenazas que su peluquera ponía al fuego para ondular su cabello, a la ciencia capilar de vanguardia y las herramientas de precisión… Dos imágenes de perfección que parece que no requieren esfuerzo, pero sí de horas de peluquería, un trabajo de ingeniería capilar en diferentes siglos.
Tutoriales para la melena de Kate
Sí, detrás de la imagen de Kate, también hay una enorme exigencia. Dieta, ejercicio, rituales para sus cuidados faciales y cabello perfecto. La princesa personifica el "peinado real" del siglo XXI con su melena XXL que le llega a la cintura; – la lleva más larga que nunca, alrededor de 50 centímetros-; y es una de las más admiradas y copiadas del mundo. Siempre impecable, es un tema recurrente en la prensa británica. Hay miles de entradas en internet y cientos de tutoriales para mujeres que persiguen su pelo… Y hay un resumen para tanta información.
La princesa de Gales se lava el cabello cada dos o tres días, usa productos de muy alta calidad, que también cuidan el cuero cabelludo y estimulan el crecimiento capilar y se corta las puntas frecuentemente. Sin olvidar la alimentación con una dieta rica en nutrientes que aseguran que el cabello crezca fuerte y saludable.
Kate rechaza los sulfatos, las siliconas, los parabenos y apuesta por tratamientos -las marcas que más aparecen son Kérastase y Sachajuan- que hidratan, aportan volumen, potencian el color y el brillo. Son productos que llevan queratina, proteínas de seda y vegetales, antioxidantes y aminoácidos, vitaminas, humectantes, ceramidas y aceites Aceites vegetales. Y se sabe por una persona que trabajó en palacio que usa el aceite de argán para las puntas.
El color triunfador
La princesa usa mascarillas hidratantes, tratamientos para combatir el encrespamiento y un espray protector térmico que protege la fibra y el color que ha ido cambiando con el paso de los años, aunque manteniendo siempre su base. En los primeros años de matrimonio, su cabello era castaño oscuro, después añadió un tono rojizo y finalmente llegó el color triunfador que ajusta según las estaciones: más oscuro en invierno y más claro en verano, con un toque de sol, y un extra de luminosidad que consigue con las mechas babylights o reflejos color miel. Es el 'Bronde de Mamá Elegante’, que ha puesto de moda.
Sissi contó con Fanny;y detrás de Kate también hay un equipo de confianza. La Princesa de Gales sigue siendo fiel al salón Richard Ward Hair & Metrospa, de Chelsea -ya iba antes de su boda, en 2011- y a Amanda Cook Tucker, que la atiende en casa. Fue ella, en un viaje que hizo con la princesa, la que nos dejó una gran pista para saber más sobre cómo logra su peinado y el magnífico brushing. Dejó a la vista (sin querer) su kit de herramientas, que incluía 13 cepillos -ocho redondos y cinco planos-, entre ellos, el Mason Pearson Handy Bristle & Nylon; siete peines; dos secadores de pelo; tres tenacillas; tres juegos diferentes de rulos para sus ya míticas ondas; la crema Kiehl's Crème with Silk Groom; la espuma Charles Worthington y la laca L'Oreal Elnett, que, por supuesto, se agotaron enseguida.
La fortuna de un imperio
Sissi gastaba la fortuna de un imperio en cuidar su pelo. Y la princesa la genera para la industria cosmética cada vez que sale a la calle. En el siglo XXI, el "efecto Kate" agota los productos de peinado y los salones de Londres se llenan de mujeres pidiendo su corte en capas y su brillo. Es una de las mujeres más seguidas del mundo y despierta más fascinación que los peinados trenzados con estrellas de diamantes de la emperatriz austriaca.
Casi dos siglos después de su nacimiento, el mundo sigue atraído por su vida. Estaba hecha de amor y de desesperación. Había tenido todo, pero vivió asfixiada bajo su corona y sufrió la pérdida de sus seres queridos. El asesinato salvaje de su heredero; la muerte de su hermana pequeña, Matilde, que fue quemada viva, en París; el suicidio de uno de sus cuñados, el conde Trani; el fusilamiento de otro, Maximiliano, en México; que Carlota, la viuda de éste enloqueciera y viviera por el resto de sus días encerrada; que su primo, Luis II de Baviera, se ahogase en el lago Starnberg; que su sobrino, el archiduque Juan de Toscaza, se perdiera en el mar; que el archiduque Guillermo se matara al caer de su caballo; que el archiduque Ladislao muriera en un accidente de caza… Son los muertos los que no la dejan en paz y la empujan a una vida errante. "Mi corazón se ha secado… Soy demasiado triste y en mi boca no tengo más palabras que sufrimiento y muerte… Ya solo se me conoce como la emperatriz errante… Es cierto, lo aseguro, que huyo para sobrevivir"; y, en todos los puertos y costas, "todos han visto pasar a la dama de negro oculta tras sus velos de riguroso luto"… "Yo soy gaviota de ningún país".
Nació el 24 de diciembre de 1837, se convirtió en Emperatriz a los 16 años, tras su boda con Francisco José 1898, y murió asesinada por un anarquista, cuando se disponía a tomar el barco para Caux, en el lago Leman de Ginebra. Tenía 61 años, medía 1,72 de estatura, y pesaba 49 kilos.
















