Lady Gabriella Windsor encarna el equilibrio entre la vida de una mujer independiente y moderna y la 'lady' que siempre ha sido estrechamente vinculada a la familia real británica. Hija del príncipe Michael de Kent –primo de la reina Isabel II– y de María Cristina von Reibnitz, cumple 45 años en un momento marcado por la melancolía tras celebrar el centenario de Isabel II y superar el duro golpe que supuso perder a su marido, Thomas Kingston, hace poco más de dos años.
Sus vínculos con los Windsor
Nacida el 23 de abril de 1981 con el nombre de Gabriella Marina Alexandra Ophelia Windsor —aunque conocida cariñosamente como Ella—, su historia está marcada por una herencia familiar que ha moldeado su identidad. Gran parte de su juventud transcurrió en el Castillo de Windsor, escenario emblemático de la monarquía británica, donde creció rodeada de la historia viva de la institución.
Sin embargo, más allá de su papel vinculado a la estructura dinástica, la vida de Ella también ha estado marcada por el capítulo más romántico de su vida. Su historia de amor con el empresario Thomas Kingston culminó con una boda de ensueño en el marco incomparable de la realeza.
Su historia de amor
"Estoy muy feliz de estar con alguien muy especial. Soy muy afortunada", desveló una joven Lady —distinción reservada a las altas damas de la nobleza británica—, que apenas dejaba entrever, con un fino hilo de voz, una historia que con el tiempo se transformaría en un capítulo íntimo y melancólico. Los caminos de Ella y Thomas se cruzaron en 2014 gracias a unos amigos en común. Aunque el financiero no pertenecía a la realeza, sí se movía en los círculos de la alta sociedad. Asimismo, la presentación oficial —que tuvo lugar en 2015— marcó un momento clave en la pareja, que poco a poco fue consolidándose.
Un gesto que culminó con el anuncio oficial del Palacio de Buckingham: "El príncipe y la princesa Michael de Kent están encantados de anunciar el compromiso de su hija Lady Gabriella Windsor con el señor Thomas Kingston. El compromiso tuvo lugar en agosto; el señor Kingston propuso matrimonio en la isla de Sark", detallaban. Posteriormente, la pareja contrajo matrimonio en una romántica ceremonia celebrada en la Capilla de San Jorge, con la solemne presencia de la reina Isabel II y de destacados miembros de la Familia Real británica.
Fue en mayo de 2019 cuando Lady Gabriella vistió un diseño de aire romántico firmado por la creativa italiana Luisa Beccaria, que evocaba tanto el pasado familiar como la propia estructura dinástica. Lo acompañó con una pieza que no solo remite al ideario romántico, sino también a la historia más reciente de los Windsor.
Bajo un imponente velo de tul, la novia recuperó una tiara que perteneció a su abuela, la princesa Marina de Grecia, quien la lució en su enlace con el príncipe Jorge, duque de Kent e hijo de Jorge V. Concebida como un obsequio de la ciudad de Londres, la diadema —de inspiración clásica rusa— está engastada en diamantes sobre una delicada estructura de oro y plata.
Años más tarde, en 1963, sería la princesa Alexandra quien la recuperase para su propia boda, reforzando así su carácter dinástico. Tras el fallecimiento de Marina en 1968, la joya pasó a manos del príncipe Michael de Kent, integrándose en una nueva etapa familiar. No obstante, no sería hasta 1978 cuando reapareciera con especial significado: aunque María Cristina von Reibnitz no la llevó durante la ceremonia en Viena, sí la escogió para el baile posterior, devolviendo a la tiara su papel protagonista en una celebración marcada por la continuidad y la memoria.
El punto de inflexión que redefine el rumbo
Sin embargo, cinco años después todo dio un giro inesperado. Fue el Palacio de Buckingham, en febrero de 2024, —como en ocasiones anteriores— el encargado de comunicarlo con estas palabras: "Con el más profundo dolor anunciamos la muerte de Thomas Kingston, nuestro querido marido, hijo y hermano. Tom era un hombre excepcional que iluminaba la vida de cuantos lo conocían. Su pérdida ha causado un enorme impacto en toda la familia, y pedimos que se respete nuestra privacidad durante el duelo". El comunicado fue suscrito, además de por su viuda, por sus padres, Martin y Jill Kingston, y sus hermanas, Joanna Connolly y Emma Murray.
Thomas fue hallado sin vida por los servicios de emergencia en Gloucestershire la tarde del pasado domingo, lo que dio lugar a una investigación. Esta concluyó que había sufrido efectos adversos relacionados con medicación prescrita. No obstante, se precisó que en el momento de su fallecimiento no estaba tomando dichos fármacos y que no existía ningún indicio sospechoso, aunque sí se había observado una "reacción intensa" al primer ISRS, un tipo de antidepresivo, según explicó su madre.
Al parecer, dicha reacción se derivó del tratamiento indicado por un médico de cabecera de la Royal Mews Surgery, clínica que atiende al personal de la Casa Real británica en el Palacio de Buckingham y que forma parte del Servicio Nacional de Salud. En la información oficial del NHS se señaló que estos medicamentos —los ISRS— suelen presentar menos efectos secundarios que otros antidepresivos, siendo lo habitual que estos sean leves. Sin embargo, entre los efectos menos frecuentes se incluyen pensamientos suicidas o impulsos de autolesión al inicio del tratamiento.
Ante esta situación, la familia Kingston reclama que tanto el paciente como sus familiares firmen, junto al médico, un documento que certifique que han sido debidamente informados sobre estos posibles efectos. Una causa que también alcanza a Lady Gabriella, quien hoy cumple 45 años marcada por la tragedia, aunque con el recuerdo intacto de que, en otro tiempo, fue feliz junto a la persona que eligió.














