Desde hace un tiempo, un personaje secundario de la realeza británica está adquiriendo una relevancia inesperada: Edoardo Mapelli Mozzi -Edo-, el empresario británico‑italiano que se casó en 2020 con la princesa Beatriz y que era uno más en las citas familiares del rey Carlos III. Con una carrera en el sector del lujo inmobiliario entre Londres y Nueva York, siempre se había mantenido al margen de las cuestiones que afectan a la monarquía y hasta ahora había salido ileso de esa vinculación. Sin embargo, la caída sin retorno de la casa York, impulsada por los archivos oficiales del caso Epstein, han terminado con ese blindaje que tenían las hijas del expríncipe Andrés y Sarah Ferguson. En ese escenario, sumamente complicado para todos, resulta evidente que Edo ha empezado a pagar un peaje que había sido exclusivamente femenino. ¿Por qué él y por qué ahora?
En el verano de 2019, cuando se anunció el compromiso oficial de la nieta de Isabel II, Edoardo Mapelli Mozzi era presentando ante el mundo como un "joven magnate inmobiliario desciende de la aristocracia italiana y con un rico patrimonio". Se destacaba su formación en la Universidad de Edimburgo y su afición al críquet con fines benéficos. También que su padre fuera un conde italiano que había competido en unas olimpiadas con los colores del Reino Unido, mientras su madre, Miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE) por petición de David Cameron, se había casado tres veces: primero con su padre, segundo con un destacado miembro del Partido Conservador y, por último, con un importante escultor.
Edo parecía tenerlo todo: era un padrazo, tenía una excelente olfato para los negocios, descendía de la nobleza, escribía artículos sobre el desarrollo de Londres y era un apasionado del arte. Seis años después, esto ha cambiado significativamente. Primero llegaron los rumores de crisis matrimonial, supuestamente derivada de sus constantes viajes de trabajo y que ambos negaron con oportunas apariciones públicas; después surgieron voces que señalaban que ni era conde ni le esperaba una gran herencia; y luego llegó la presión del caso Epstein para sembrar la duda de si carrera profesional de Edo se vería afectada por la imagen negativa de ser un York o sí él mismo es la figura controvertida. De un modo un otro, Edoardo Mapelli Mozzi está sufriendo el "efecto consorte" o algo parecido a lo que vivieron en su día Meghan Markle, Kate Middleton, Sarah Ferguson, Sophie Rhys Jones o la propia Diana de Gales.
Entrar en la familia real británica por matrimonio nunca ha sido fácil, sobre todo para ellas, ya que de forma casi tradicional y bastante estructurada todas y pasan por un ciclo que comienza con la fascinación de la novia perfecta, para entrar en una fase en la que se buscan defectos, errores de protocolo o comparaciones, hasta llegar a una narrativa de conflicto, que bien puede ser familiar, institucional, con la prensa o con el público, y así se va erosionando su figura. Las hay como Meghan, que no aguantan la presión y huyen, y otras como Kate, que callan, resisten y vencen.
La gran novedad es que esa "prueba de fuego" afectaba sobre todo a las mujeres, pero con Edoardo Mapelli Mozzi esta cambiando. Ahora él esta siendo sometido a una sospecha preventiva y es protagonista de nuevas tensiones familiares sin tener, de momento, hechos concretos. Por un lado, subyace la idea de que él ha venido a llenar el vacío narrativo que han dejado Andrés Mountabatten-Windsor y Sarah Ferguson, los eternos villanos de esta historia; al tiempo que las princesas Eugenia y Beatriz han dejado de contar con un blindaje que era institucional y también emocional. La percepción de que las "niñas" habían sido víctimas de la ambición de sus padres ha ido cambiando, en parte por el papel que la propia Beatriz de York tuvo en la entrevista que concedió su padre a la BBC en el 2019 y porque cada día parecen más apartadas de la familia real, ni Carlos III ni el príncipe Guillermo han hecho visible un apoyo público como si hacían antes y que puede llegar cuando comiencen las carreras de Ascot o el torneo de Wimbledon.
¿Encaja Edo en el molde tradicional de consorte masculino invisible?
Posiblemente Edoardo Mapelli Mozzi era el eslabón más vulnerable de esa casa al tener una vida profesional propia y visible, una familia anterior, una ex pareja con presencia pública y al haber compartido en entrevistas y redes sociales algo de su vida. Esto no encaja con el patrón, ya que los hombres que entran en la realeza británica por matrimonio no han sido nunca tratados como protagonistas, ni siquiera siendo el propio marido de Isabel II, duque de Edimburgo. No se les exige representar nada, no se les atribuye responsabilidad institucional y no suelen simbolizar tensiones internas. En definitiva, suelen ser personajes con una cobertura amable, incluso cuando ha habido material para lo contrario.
A Mark Phillips, el primer marido de la princesa Ana, se le criticó cuando hubo hechos concretos, pero no se le aplicó la dinámica que vivieron Diana Spencer o Sarah Ferguson. Timothy Laurence, el segundo marido de la princesa Ana, es un personaje casi invisible, una figura de apoyo que nunca ha sufrido un desgaste. Después está Mike Tindall, el yerno ideal, muy británico, muy deportista y con un humor con el que se explican sus salidas de tono. Eso sin olvidar que su mujer, Zara Tindall, no es princesa, mientras que Eugenia y Beatriz sí tienen un título real (por expreso empeño de su padre) y eso lleva implícito la representación de la Corona aunque no se tengan labores institucionales vinculadas a la jefatura del Estado. Por otro lado, hay algo que marca la diferencia, si Carlos III o el príncipe Guillermo les muestran confianza, cercanía o complicidad en público eso se hace extensivo a la percepción que se tiene de ellos.
Después está Jack Brooksbank, el marido de Eugenia de York, percibido como afable, discreto y "easygoing". Él vivió un episodio aislado a raíz de sus famosas fotos en un barco con modelos, tomadas durante un viaje que formaba parte de su trabajo y que no revelaron nada comprometido. Hasta el momento, Jack encaja en ese perfil de consorte masculino clásico que pasa desapercibido y no genera fricciones, es más, su ambición profesional, que la tiene, ya que empezó trabajando en la noche londinense y ahora es ejecutivo del sector inmobiliario de lujo internacional, se lee siempre en clave positiva. Es el hombre hecho a sí mismo que sin terminar la universidad se ganó los ascensos uno a uno con el fin de sostener a su familia.
¿Por qué él y por qué ahora?
Aunque ambos pertenecen al mismo círculo familiar, la caída en desgracia casa York, la percepción pública de Edoardo Mapelli Mozzi y Jack Brooksbank es muy distinta. Edo proyecta una imagen más internacional y pulida, marcada por su origen y una estética cuidadosamente construida, mientras Jack, en cambio, encaja en un registro más relajado y típicamente británico, asociado a un perfil cercano y sin grandes pretensiones. Estas diferencias no hablan tanto de quiénes son realmente, sino de cómo se a tienden a interpretar ciertos códigos: Edo puede parecer más distante y Jack es el "tipo normal" que no genera sospechas. Esa brecha de percepción explica, en parte, por qué uno resulta más vulnerable al escrutinio mediático que el otro.
Es posible que este momento esté relacionado con el impacto de los archivos desclasificados en Estados Unidos sobre el caso Epstein, documentos que han dejado a la Casa York sin margen de defensa y con un prestigio difícilmente recuperable, pese a haber sido durante generaciones uno de los títulos más importantes de la realeza, el reservado al segundo hijo varón de un rey. A ello se suma el vacío narrativo que ha dejado el príncipe Andrés, cuya retirada a una vida silenciosa ha eliminado al "villano" habitual. Y, por último, está esa evidencia de que los tiempos han cambiado y de que esa atención que recaía solo sobre las mujeres consortes, por primera vez, puede dirigirse hacia un hombre.




















