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Así aprenden los pequeños Windsor las estrictas reglas de palacio

Todos los jóvenes de la Familia Real británica, desde el duque de Cambridge hasta su hija Charlotte, han tenido que acomodarse al exigente protocolo marcado por Isabel II

por hola.com

Cuando en 1952, el rey Faruk fue derrocado, aseguró que en unos años únicamente quedarían en el mundo cinco reyes: los cuatro de la baraja y la reina de Inglaterra. A buen seguro que el entonces monarca de Egipto tenía muy presente la férrea institución británica y sus estrictas tradiciones, con las que durante décadas han cumplido escrupulosamente todos y cada uno de los miembros de la familia Windsor, incluidos los más pequeños de la casa. Desde Zara Tindall hasta sus primas Beatriz y Eugenia de York, pasando por el duque de Cambridge, el de Sussex y, más recientemente, Charlotte, George, Louis y el resto de primos que suelen correr por los pasillos de Buckingham. 

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Todos ellos, pequeños y mayores, han tenido que aprender una serie de normas y reglas desde una edad bien temprana. Pero, ¿cómo lo hacen? Una de las primeras cosas que hubieron de imitar del resto de sus parientes fue el saludo real. No solo a la hora de encontrarse frente a la Soberana -las mujeres han de realizar una reverencia sutil y los hombres inclinan levemente la cabeza ante ella-, sino ante los ciudadanos o cuando tienen delante a otra persona. La manera de estrechar la mano o de levantarla para saludar es también todo un ritual. Aunque algunos miembros del clan Windsor, como Charlotte de Cambridge, tiende a fijarse mucho en su bisabuela para posteriormente copiar sus gestos y dejar de dar palmas para comenzar a saludar con la mano abierta, tal y como ocurrió durante la celebración del Trooping de color del año pasado.

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Hace un par de años, en este mismo evento, el duque de Cambridge ya recibió una regañina por parte de su abuela, quien le corrigió para que se pusiera de pie en lugar de charlar con su hijo George agachado a su altura. El primogénito de Carlos de Inglaterra acató las órdenes de la Reina con la cabeza gacha. Y es que el Trooping the color cuenta con un ritual muy preciso que todos los miembros de la Familia Real británica tienen que respetar, desde la llegada en carruaje tirado por caballos hasta el desfile aéreo o la llegada de Isabel II al balcón.

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Los más pequeños del clan Windsor también han aprendido a montar a caballo, uno de los pasatiempos favoritos de la Soberana y del resto de su familia. Así, desde temprana edad, Zara Tindall -hija de la princesa Ana-, Eugenia y Beatriz de York -hijas del príncipe Andrés- han cabalgado sobre equinos -como en el Royal Windsor Horse Show-, y han sido numerosas las ocasiones en las que se han dejado ver practicando hípica. Cabe recordar además que Zara es una ecuestre de éxito y ha participado en no pocas competiciones. En cuanto a sus primos, el duque de Cambridge y el de Sussex se han decantado más por el polo, un deporte que practican desde bien pequeños. Ya con su madre, Diana de Gales, se divertían jugando con los ponys e incluso haciendo sus primeros pinitos con esta disciplina que siguen practicando en la actualidad, sobre todo el príncipe Harry.

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Aunque no es una norma de obligado cumplimiento, otra de las tradiciones con las que suele cumplir la Familia Real es el esquí. Como sucede con la hípica, los Windsor comienzan a una edad muy temprana a practicar este deporte de invierno. Así, las hijas del duque de York y los del príncipe de Gales han posado en varias ocasiones con sus equipaciones, aunque estas sesiones de fotos eran mucho más frecuentes allá por los años 90. Algunos de ellos no han continuado después con esta afición, aunque quien sí lo ha hecho es la princesa Eugenia, quien por cierto conoció a su ahora marido, Jack Brooksbank, durante unas vacaciones en la estación de esquí de Verbier.

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