La princesa Amalia de Holanda se ha convertido en la protagonista de los últimos acontecimientos de la realeza europea tras su ascenso a cabo, un hito que destacó su presencia en Milán durante los Juegos Olímpicos de Invierno, acompañada de sus padres, los reyes Guillermo y Máxima. No obstante, esta semana —en relación con su viaje a Italia— la princesa retoma su agenda con un acto que pone de relieve su papel institucional en el Palacio de Noordeinde en La Haya.
Unas medallas de oro
La princesa Amalia volverá a asumir un papel relevante en su vuelta a la agenda oficial con un acto en uno de los cuatro palacios de mayor uso de la familia real, una ocasión que pretende poner de relieve la pasión de Holanda por el deporte. El próximo 24 de febrero, los Reyes, acompañados de su hija, recibirán a los medallistas de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán 2026, celebrando así los logros deportivos que enorgullecen al país. Un encuentro que comenzará con una recepción en la Sala de Cristal, ofrecida por los miembros del Gobierno, seguida del traslado de los medallistas al Palacio, donde serán recibidos por la Pareja Real y la futura reina del país.
Este acto pone de relieve —una vez más— la implicación de la Casa Real con los deportistas, un compromiso que ya quedó patente durante su asistencia a la inauguración de los Juegos, donde dejaron imágenes memorables que, entre otras cosas, sirvieron para subrayar el firme apoyo de la institución a la continuidad del deporte. Y es que el acto sirvió para recordar los primeros juegos olímpicos a los que Amalia asistió, por lo que su aparición en los próximos días adquiere un significado distinto.
Una princesa testigo de los deportes nacionales
A lo largo de los años, Amalia ha reivindicado su gusto por los deportes, un hecho que —casi por inocencia— ha formado parte de su vida gracias a los Reyes, quienes siempre que han podido han sido testigos de cómo el equipo naranja de Holanda ha ido consiguiendo logros a través de medallas que, en los próximos días, adquirirán un valor especial en el Palacio de Noordeinde. Es por ello que la princesa, durante sus intervenciones ante los medios en Milán, recordó de forma constante sus vínculos con el los Juegos Olímpicos, rememorando con sus palabras sus diferentes asistencias a los actos deportivos más destacados.
Y aunque en 2016 pudimos verla junto a sus padres —y acompañada de las princesas Alexia y Ariane— en Río de Janeiro, su última aparición se dio en los Juegos Olímpicos de París, donde pudimos verla de lo más sonriente junto al rey Felipe.
Un reencuentro cargado de emoción
Fue el pasado 23 de enero cuando, frente a la reina Máxima, la princesa Amalia asumió un nuevo reto tras completar el Entrenamiento Militar. Ataviada con uniforme de camuflaje, la cara pintada y un fusil reglamentario entre las manos, la futura reina ascendió a cabo militar, reforzando sus lazos con las Fuerzas Armadas.
Un gesto inusual que la convirtió en la primera mujer de la Casa Real neerlandesa en iniciar servicio militar como reservista, siguiendo los pasos de sus homólogas, como la princesa Leonor, Ingrid de Noruega o Elisabeth de Bélgica. Ahora, la veremos de otra manera, aunque de la misma forma siendo miembro activo de la Casa Real, a través de un nuevo acto que pondrá de relieve el deporte nacional.











