El Salón de la Paz del Castillo de Fredensborg fue testigo de un nuevo capítulo en la iconografía de la monarquía danesa. La reina Margarita reapareció en público valiéndose de un andador para entregar unos premios relacionados con el periodismo. Ataviada con un gran lazo, sus habituales joyas, labios y uñas de llamativo rojo, la madre del rey Federico X retomó a su agenda a comienzo de octubre tras encadenar complejos ingresos hospitalarios debido a una angina de pecho y un trombo en la cadera. Aunque el pasado verano la Margarita ya se dejó ver en público con el andador, este detalle es el que llamó la atención de los medios que acudieron a la cita. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando el Palacio Real de Dinamarca compartió imágenes de la cita y en ellas no hay ni rastro del andador. A sus 86 años, la reina Margarita sigue marcando cómo quiere aparecer en el imaginario institucional.
La llegada de la reina Margarita fue rápida, es más, medios daneses como Billed Bladet han titulado por la "agilidad" de la que fuera reina del Estado hasta el 2024. Lo cierto es que caminaba a toda velocidad en el turno de los saludos, mientras en el bolsillo del propio andador sobresalía un ramo de flores que le acababa de dar el hijo del galardonado.
Después se sentó en primera fila para seguir un acto en el que se premiaba a Massana Egede, uno de los principales periodistas, jefe de medios de comunicación y personalidades mediáticas de Groelandia, con el premio Ebbe Munck, que recuerda al célebre periodista danés que operó con la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial. Para la entrega del galardón, la soberana se puso en pie y esa fue la foto que compartió la Casa Real danesa, con el andador retirado al fondo de la imagen. Después el periodista, que acudió con toda su familia, incluido el pequeño Ingmar, disfrutaron de un almuerzo en el que se vio a la reina riendo a carcajadas con algunas anécdotas del periodista.
Esa fue la cita y después llegaron las fotografías oficiales en las que, como hemos comentado, no estaba la reina con el andador. Una prueba más de que Margarita de Dinamarca es una reina como las de antes, puede aceptar la fragilidad física en un acto público, pero no pasará a la historia, ni formara parte de su plano estético. Algo que era muy habitual en los soberanos y soberanas de generaciones anteriores, que ocultaban su deterioro y, si la enfermedad era grave, se mantenía como un secreto de Estado. Mostrar debilidad física equivalía a vulnerar el mito de la institución. Hoy, esa mística se ha desmoronado, abriendo paso a una transparencia inédita. El ejemplo más claro es el del soberano británico Carlos III, que hizo público su diagnóstico de cáncer. En apenas un par de generaciones, los monarcas han completado un viaje vertiginoso: pasaron de ser percibidos casi como divinidades intocables a mostrarse como seres humanos vulnerables ante la enfermedad.
Es posible que la reina Margarita no haya completado esa transformación del todo. Su resistencia a la humanización de la realeza viene de lejos. Durante décadas se proclamó una fumadora orgullosa, ignorando de manera sistemática cualquier consejo médico sobre su salud, hasta que el propio parlamento danés la obligó a dejar de fumar en público. Para la reina Margarita ceder ante las recomendaciones terrenales era una concesión que su dignidad real no podía permitirse.
Fue el 14 de enero de 2024 cuando Margarita II hizo historia al anunciar su abdicación. Sin embargo, su retirada dista mucho de los manuales de la realeza contemporánea. Cuando Beatriz de Holanda dejó el trono en 2013, recuperó el título de princesa y redujo su agenda a la mínima expresión, asumiendo un retiro discreto y estrictamente protocolario. Margarita siempre manejó otro estilo. Ella no se ha marchado del todo; se ha desplazado lateralmente. Aunque oficialmente ya no ocupe la primera línea institucional, conserva intacta la autoridad y el papel de jefa de familia que siempre la caracterizó. Una muestra inequívoca de este poder en la sombra ocurrió en público, cuando no le tembló el pulso al corregir visiblemente a la nueva reina consorte, Mary. El estilo de la madre de Federico X es el de una soberanía perpetua: abdicó de las obligaciones diarias de la Corona, alegaron motivos de salud y dolores de espalda, pero jamás de su condición de matriarca de la realeza danesa y casi del Estado.










