El rey Carlos Gustavo de Suecia cumple este jueves 80 años y lo hace convertido en el rey europeo que lleva más tiempo en el trono. La jornada ha sido pensanda llevando la estructura de la mayoría de celebraciones reales en el Palacio Real de Estocolmo, ha culminado el día con una gran cena de gala. A la cita han acudido representantes de ocho casas reales reinantes, tres casas principescas y jefes de Estado de Finlandia e Islandia. Todas europeas, así que especialmente llamativa ha sido la presencia de los reyes de Tailandia, Maha Vajiralongkorn, la reina consorte, Suthida de Tailandia, la cuarta esposa del monarca conocido por Rama X, en la que ha debutado con un profundo gesto hacia la Reina Madre.
Las apariciones de los reyes tailandeses en grandes citas de la realeza no forman parte de la tradición, pero en los últimos años Rama X y la reina Suthida han hecho un acercamiento evidente. Estuvieron entre los invitados a la Coronación de Carlos III en el Reino Unido y ahora forman parte de una celebraciones históricas, en las que se les ha visto integrados y charlando con los invitados que estaban más cerca suya, Federico y Mary de Dinamarca.
Suthida ha ejercido una presencia en la que, con apenas un atuendo, una pieza histórica y una esencia propia, ha sabido destacar como pocas. Por ello, la noche en la que el rey Carlos Gustavo de Suecia alcanza su octogésimo cumpleaños quedará marcada para siempre en el calendario de la reina de Tailandia. Ha sido en el Palacio Real de Estocolmo donde ha protagonizado su debut internacional, en lo que supone la primera visita oficial de la esposa de Rama X al continente europeo, una puesta de largo especialmente esperada. Por ello, cada uno de los detalles que han formado parte de esta puesta de largo en Europa merece especial atención.
La Reina ha sido la encargada de transmitir —a través de minuciosos gestos— la historia más reciente, así como la más arraigada de Tailandia, en un momento que ya roza lo legendario. Suthida, ataviada con un diseño acorde al estricto código white tie del evento, se ha envuelto en un profundo luto blanco, como es costumbre en Asia, respetando el riguroso protocolo que rige a los miembros de la familia real tailandesa. Fue el pasado mes de octubre cuando la reina madre Sirikit —madre de Rama X— falleció a los 93 años. Desde entonces, y tras la desaparición de quien fuera reina de Tailandia durante más de seis décadas, los miembros de la Dinastía Chakri deben guardar luto durante un año.
Desde entonces, Suthida se ciñe a la sobriedad del blanco y el negro, los únicos tonos permitidos por el protocolo tailandés. Un ejercicio de memoria y respeto que eleva al incorporar una de las alhajas predilectas de la reina madre Sirikit. Es por ello que la reina ha lucido la impresionante tiara de esfinges, formada por un halo de diamantes que también puede utilizarse como collar. Su historia se remonta a la década de 1920, cuando fue usada por primera vez y perteneció originalmente a la reina Saovabha Phongsri, convirtiéndose en una de las piezas más especiales de la colección real.
El histórico debut de la Reina
La llegada de la reina Suthida, de 47 años, ha sido impactante, sobre todo porque viene a recordar que posiblemente tenga uno de los joyeros más originales y desconocidos de la realeza, una mezcla entre el histórico joyero real y piezas de nueva adquisición. Su suegra, la fallecida reina Sirikit, ya era famosa por tener un gran joyero que mezclaba piezas tradicionales de la realeza, como una clásica tiara Fringe de diamantes, una pieza versátil (se usa tanto de collar como de diadema), que se puso tan de moda que casi todas las casas reales tienen una de este tipo; con joyas de inspiración real tailandesa.
Tanto los diseño como los patrones, insectos, aves y formas de alguna de las piezas corrsponden a motivos tradicionales que se conservan desde los primeros reinos en torno a los que se estructuró el reino de Siam, uno de los más fastuosos que hubo en Asía y famoso por el lujo, la cultura y el arte.
Como es habitual en la reina tailandesa para su primera aparición en el Palacio Real de Estocolmo todo giraba en torno a un gran cinturón, una pieza tradicional que es un símbolo de la realeza tailandesa, una pieza que se puede llevar tanto a la cintura como cruzado sobre los hombros, donde también se puede añadir algún broche a modo de hombrera, como los tradicionales cisnes que son únicos en un joyero real. En este caso, la reina Suthida, ha hecho una apuesta sencilla y dentro de su estilo, fiel a sus orígenes y mostrando que forman parte del patrimonio cultural que representa. Especialmente llamativo, al margen de unos grandes pendientes, un broche de piedras preciosas que recreaban dos insectos sobre una rama.











