Rubén Muñoz es doctor en Enfermería Clínica y Comunitaria y experto en salud integrativa, campo al que se dedica profesionalmente. Acaba de publicar Niños ancestrales (Alienta editorial), donde ofrece herramientas para volver al origen y explica cómo afecta al desarrollo del menor estar desalineado con su biología. ¿Cómo pueden respetarse sus ritmos naturales y de qué manera favorecer un entorno que lo nutra en todos los sentidos? Hemos charlado con él.
Cada año, en España, crecen las cifras de toma de antibióticos, broncodilatadores, corticoides y otros fármacos en pediatría. Esto es algo que hemos normalizado e incluso que no se le da la importancia que merece
Comienzas el libro asegurando de que "cuando hablamos de niños, alejarse de lo primordial suele tener consecuencias". ¿Qué es lo más importante y decisivo de lo que nos hemos alejado como sociedad y que repercute negativamente en los menores?
Nos hemos alejado de nuestra esencia como seres humanos, en otras palabras, cada vez estamos más lejos de la naturaleza, de los espacios verdes, del sol, del contacto con animales, del juego libre, de la exploración, de cuidar nuestras emociones (en este caso, las de los niños), de estar presentes en el día día a día de su educación...
La vida moderna ha llevado a nuestros pequeños a estar una gran parte del día a día en interiores, bajo luz azul artificial, abusando de pantallas, ingiriendo comida procesada, rodeados de tóxicos ambientales y teniendo más relaciones sociales a través de un dispositivo que de manera directa, cara a cara. Todo ello ha provocado que en las consultas veamos cada vez a más niños con problemas de concentración, con enfermedades que antaño no eran típicas de la infancia, pero que ahora cada vez lo son más, así como problemas de todo tipo repetidos y cuya única solución que les aportan desde pediatría son los fármacos: dermatitis que no remiten, problemas digestivos normalizados (gases, hinchazón, estreñimiento prolongado en el tiempo, reflujo), catarros continuos, infecciones de repetición... y nadie da solución a ello, nadie busca la causa raíz de los problemas, que es la forma de abordar los problemas de salud por la que se opta en este libro y en mis consultas.
Cuando hablamos de 'niños ancestrales' se podría pensar en una vuelta a etapas primitivas. ¿Qué significa en realidad criar 'niños ancestrales'?
Criar niños ancestrales significa hacerlo bajo el prisma de recordar qué es lo que nos corresponde hacer como seres humanos. Necesitamos movernos continuadamente, plantear metas y retos diarios, estar motivados, dar y recibir cariño, compartir momentos con nuestros iguales, ser funcionales, ágiles, no tener dolencias de manera repetida... Necesitamos no normalizar, como se está haciendo, que los niños se pongan enfermos varias veces en los primeros años de vida porque deben inmunizarse.
Esa afirmación que, en parte, es cierta, se ha llevado a tal extremo que vemos normal que los niños siempre estén con catarros, alergias, dermatitis y otros problemas, cuando no es lo que corresponde si se hacen las cosas de forma correcta. Y esto conlleva, entre otras cosas, hacer una correcta elección de los alimentos que el niño ingiere, que su entorno sea el adecuado, cuidar sus ritmos circadianos, su sueño, disminuir su contacto con tóxicos y medicamentos (salvo que sea imprescindible que los tome), así como favorecer un continuado contacto con sus iguales y con mascotas para permitir que su microbioma sea más diverso.
Comentas que en los primeros años de vida (0 a 4 años), "el movimiento libre y el juego activo, en especial cuando se realiza en exteriores, se asocian con una mejor salud cardiometabólica, un desarrollo motor más completo y una mayor competencia física". Sin embargo, la mayoría de las ciudades no parecen pensadas para niños. ¿Cómo solventar este inconveniente?
En el libro también digo, ¿qué tal una vida rural y un poco menos cómoda? Tengo muchos conocidos y amigos que están optando por comprar casas en el campo precisamente por esto, para criar a sus hijos en un entorno natural que poco tenga que ver con lo que vivimos en las ciudades día a día. No digo que todo el mundo se vaya a vivir al campo, porque evidentemente esto sabemos que no siempre es posible, pero dentro de las posibilidades de cada uno, si estoy viviendo en la ciudad debo frecuentar parques y espacios naturales, favorecer que el niño juegue al aire libre y no esté delante de la televisión constantemente, potenciar que sus actividades extraescolares sean al aire libre, puesto que ya están demasiadas horas en el pupitre sentados en espacios cerrados... Si, por ejemplo, tienes terraza en casa, aprovechar y pasar gran parte del tiempo ahí, jugando con él, y, en definitiva, todo lo que sea que ellos estén afuera va a ser muy beneficioso para cuidar los parámetros de salud que me comentas.
¿Cuáles son los factores externos que alteran la salud digestiva del niño de forma temprana, afectando negativamente a su microbiota?
Aquí tenemos muchos, pero la excesiva toma de antibióticos, los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y compañía), los ultraprocesados, el exceso de trigo moderno (el trigo de nuestros abuelos no es igual que el actual), el exceso de pantallas y la hiperestimulación sensorial, algunas fórmulas de leche de vaca son más inflamatorias que las de cabra, y un ambiente de mucho estrés en casa, serían algunos de los factores que alteran la salud digestiva de forma temprana.
Como he dicho antes, si los fármacos son necesarios hay que tomarlos, pero el problema es que cada año, en España, crecen las cifras de toma de antibióticos, broncodilatadores, corticoides y otros fármacos en pediatría... Esto es algo que hemos normalizado e incluso que no se le da la importancia que merece, por eso lo recalco en este capítulo del libro.
Los primeros años de vida son una ventana crítica para la programación inmunológica del niño y algunos riesgos posteriores, como las alergias. ¿Cómo se puede favorecer un mejor desarrollo de esa inmunidad?
En este sentido, la leche materna es el mejor instrumento protector de una programación inmunológica adecuada, pero hay que decir que esto ya comienza antes. Desde el embarazo, todo lo que hace la mamá puede afectar a la programación de varios aparatos y sistemas de los niños (entre ellos el inmune), por lo que una buena alimentación en el embarazo, tener una buena composición corporal, hacer ejercicio y, si procede, suplementarse adecuadamente para no tener déficits micronutricionales, van a ser aspectos a tener en cuenta por parte de la mamá.
Después, el tipo de parto también influye (si es natural, mejor contacto inicial con la microbiota materna), la toma o no de fármacos en esos primeros días, y, por supuesto, cómo introducimos la alimentación complementaria. La ingesta de trigo y leche de vaca está muy asociada a estos procesos alérgicos y de alteraciones cutáneas, en los que hay un desequilibrio de los linfocitos Th2.
Promueves que el niño esté descalzo el mayor tiempo posible. ¿Qué le aporta?
Que el niño esté descalzo el mayor tiempo posible le aporta innumerables beneficios: mejora la propiocepción, favorece el equilibrio, fortalece la musculatura del pie, favorece su desarrollo motor, estimula el sistema nervioso, favorece el desarrollo natural del arco plantar, mejora la movilidad de los dedos, facilita la exploración sensorial... Lo que no es normal es que, nada más nacer, les metamos el pie en un calzado que les comprime los dedos y que les dificultad una movilidad que es natural y que necesitan para su desarrollo motor y neurológico.









