Aunque aparecen en cualquier época del año, la temporada escolar suele traer un protagonista muy desagradable: los piojos. Para muchas familias resulta un verdadero problema deshacerse de ellos por completo, pues sufren sucesivas reinfestaciones. ¿Hay algún producto preventivo que funcione realmente?
Nos los revela Leire Jauregi, farmacéutica del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Gipuzkoa.
En niños muy pequeños, especialmente lactantes, es preferible consultar al pediatra antes de utilizar un pediculicida y, en algunos casos, recurrir inicialmente a la extracción mecánica con lendrera
Hay familias que utilizan el aceite de árbol de té como tratamiento preventivo y lo aplican cada día cuando peinan a sus hijos. Se habló de que era un disruptor endocrino, otros estudios han dicho que no... ¿Cuál es su utilidad real?
El aceite de árbol de té (Melaleuca alternifolia) se ha utilizado durante años como supuesto repelente de los piojos, pero no disponemos de evidencia clínica suficientemente sólida para recomendar su aplicación diaria como método preventivo en niños y niñas. Algunos estudios experimentales y pequeños ensayos han observado actividad frente a los piojos, pero los resultados no permiten concluir que aplicar aceite de árbol de té en el cabello evite de forma fiable la infestación. De hecho, las revisiones farmacoterapéuticas españolas señalan que no existe evidencia suficiente que avale su eficacia como preventivo.
En cuanto a la cuestión de los disruptores endocrinos, el origen de la preocupación está fundamentalmente en estudios experimentales y en algunos casos clínicos aislados publicados hace años. Se planteó que determinados componentes del aceite de árbol de té y del aceite de lavanda podían presentar actividad estrogénica o antiandrogénica.
Los datos disponibles son escasos, ya que faltan estudios epidemiológicos adecuados. La conclusión práctica es más sencilla: si no tenemos una eficacia preventiva demostrada, no parece razonable someter diariamente a un niño/a a una exposición innecesaria a un aceite esencial, especialmente en concentraciones elevadas o en productos no formulados específicamente para uso pediátrico. Además, el aceite de árbol de té puede producir irritación cutánea o dermatitis de contacto en el cuero cabelludo sensible de los niños, y no debe ingerirse.
El octanediol sí parece tener evidencia científica como preventivo ante piojos. ¿Cuál es la forma de aplicarlo y durante cuánto tiempo se puede usar en niños, y desde qué edad?
Es importante entender que el octanediol no funciona exactamente como un repelente clásico. El octanediol (frecuentemente comercializado en sprays preventivos), cuenta con evidencia científica porque ejerce una acción física: disuelve la capa cerosa protectora del piojo, haciendo que se deshidrate si intenta colonizar el cuero cabelludo.
En un ensayo en el que se obtuvo evidencia como sustancia preventiva se utilizó un spray con 1% de 1,2-octanediol, aplicado sobre el cabello lavado y secado con toalla, al menos dos veces por semana, durante las seis semanas estudiadas. No disponemos de evidencia equivalente que permita afirmar que deba utilizarse diariamente durante meses o de manera indefinida. La principal evidencia preventiva en niños/as procede de escolares a partir de los 4 años.
Cuando ya hay infestación de piojos, ¿con qué compuesto se debe empezar a tratar para retrasar al máximo la resistencia al producto?
No existe un único pediculicida que deba utilizarse siempre como primera opción con el objetivo específico de “retrasar la resistencia”. La elección depende de la edad del niño/a, del producto disponible, de la situación epidemiológica y, sobre todo, de la resistencia existente en cada zona. La resistencia se ha desarrollado especialmente frente a los insecticidas neurotóxicos, como los piretroides (entre ellos la permetrina), y la utilización repetida e inadecuada de estos productos aumenta la presión de selección.
Si la prioridad es reducir la presión selectiva sobre los piojos, una estrategia razonable es utilizar –cuando esté indicado y autorizado para la edad del niño/a–, un producto de acción física, como la dimeticona, en lugar de recurrir repetidamente a insecticidas neurotóxicos. La dimeticona actúa físicamente sobre el piojo y no depende de una diana nerviosa, por lo que no se espera que el piojo pueda desarrollar una resistencia biológica a este mecanismo físico en el mismo sentido que los insecticidas convencionales. Las revisiones pediátricas la consideran especialmente útil cuando existe resistencia a permetrina o piretrinas.
¿En qué circunstancias de salud no se podrían utilizar o un preventivo o un pediculicida en niños?
La idea clave es esta: en un niño con piojos no hay que aplicar un “preventivo” por rutina, y un pediculicida debe elegirse según la edad, el estado de la piel, las alergias y las indicaciones del producto concreto. Si existe una enfermedad relevante, el niño/a es muy pequeño o el cuero cabelludo está lesionado, conviene consultar antes con pediatría o farmacia.
La primera consideración es que la edad importa mucho. No todos los pediculicidas están autorizados para las mismas edades. Por ejemplo, algunas formulaciones de dimeticona están indicadas a partir de los 6 meses, mientras que otras presentaciones y principios activos tienen límites diferentes. En niños muy pequeños, especialmente lactantes, es preferible consultar al pediatra antes de utilizar un pediculicida y, en algunos casos, recurrir inicialmente a la extracción mecánica con lendrera.
La dimeticona actúa físicamente sobre el piojo y no depende de una diana nerviosa, por lo que no se espera que el piojo pueda desarrollar una resistencia biológica. Es especialmente útil cuando existe resistencia a permetrina o piretrinas
¿Y en el caso de que el niño haya sufrido reacción ante el pediculicida?
En cuanta a las alergias o antecedentes de hipersensibilidad a cualquiera de los componentes, si aparece una erupción importante, urticaria, picor generalizado o dificultad respiratoria después de aplicar un producto, debe retirarse y buscar valoración médica.
En niños/as con piel muy sensible, dermatitis atópica o asma, los productos de acción física, como la dimeticona, suelen ser una alternativa especialmente interesante frente a determinados insecticidas. Algunas formulaciones alcohólicas pueden resultar más irritantes y determinadas presentaciones en aerosol pueden ser inadecuadas en niños con problemas respiratorios.
También debemos ser especialmente prudentes cuando existen lesiones importantes en el cuero cabelludo, eccema activo, infección secundaria por el rascado o una piel muy inflamada. En estas situaciones no conviene aplicar indiscriminadamente un producto irritante sobre una barrera cutánea alterada y puede ser preferible que el niño/a sea valorado por un profesional.
¿Qué se puede hacer cuando la infestación permanece frente a sucesivos tratamientos?
Hay una regla sencilla que probablemente sea la más importante: un pediculicida no debe utilizarse “por si acaso”. La AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) recomienda emplearlos cuando se confirma la presencia de piojos vivos o liendres compatibles con una infestación y desaconseja su utilización preventiva. Por tanto, un “preventivo” no debería utilizarse como sustituto de la vigilancia: lo más seguro es revisar periódicamente el pelo y emplear una lendrera cuando proceda.
En la práctica, por tanto, ante un niño/a pequeño, con dermatitis, asma, antecedentes de alergia, lesiones del cuero cabelludo o una infestación que persiste después de un tratamiento correctamente realizado, merece la pena individualizar la elección con el pediatra o el farmacéutico. En estos casos, “más insecticida” no significa necesariamente “mejor tratamiento”.








