Hay mañanas en las que abrimos los ojos y, sin que haya ocurrido todavía nada, ya sentimos que el día pesa. Pensamos en todo lo que tenemos pendiente, en esa conversación que nos preocupa, en el trabajo, en los niños, en aquello que no salió como esperábamos el día anterior... y empezamos la jornada con una sensación que parece venir dada. Sin embargo, según la neurocientífica Ana Ibáñez, existe un pequeño momento al despertar que podemos aprovechar para decidir, al menos en parte, cómo queremos afrontar las horas que tenemos por delante.
Ana Ibáñez es ingeniera superior química, piloto de helicóptero y una de las voces más reconocidas en España en el ámbito de la neurociencia aplicada al alto rendimiento y el bienestar mental. Lleva más de quince años dedicada a la investigación de la neurociencia aplicada a la vida diaria y propone prestar atención precisamente a esos primeros instantes de la mañana. La experta recomienda no saltar inmediatamente de la cama para comenzar con las obligaciones, sino quedarse unos instantes en ese estado de transición entre el sueño y la vigilia. Puede hacerse con los ojos cerrados o abiertos, pero la clave está en introducir una pausa consciente.
Preguntarte cómo quieres sentirte antes de empezar el día
La propuesta de Ana Ibáñez parte de una pregunta muy sencilla: ¿qué tipo de energía quiero tener hoy? O, dicho de otra manera, ¿qué emociones me gustaría cultivar durante el día? La neurocientífica explica que al despertarnos venimos de un estado en el que nuestra mente ha estado procesando información de una manera diferente a la que lo hace durante la vigilia.
"Algo que yo recomiendo mucho es hacer un acto nada más despertarte, que es un lugar muy interesante a nivel de frecuencias cerebrales, pero cuando nos despertamos venimos de un lugar donde se nos ha olvidado el mundo consciente, o sea, venimos de un lugar subconsciente donde se han procesado un montón de cosas", dice la experta. Por eso, esos primeros momentos pueden convertirse en una oportunidad para hacer una pequeña pausa antes de entrar de lleno en todo aquello que reclama nuestra atención.
No se trata de intentar decidir que vamos a tener un día perfecto ni de convencernos de que todo va a salir bien. De hecho, habrá circunstancias que no podamos controlar y que pueden alterar por completo nuestros planes. La propuesta es otra: elegir cómo queremos relacionarnos con aquello que ocurra.
"Te quedas un momentito en la cama, puedes cerrar los ojos o no, pero haces un acto consciente de qué tipo de energía quiero tener yo hoy, qué tipo de emociones me gustaría tener yo hoy, independientemente de lo que ocurra en el exterior, que puede estar muy lejano a eso que tú quieras sentir", propone la especialista.
No puedes controlar lo que sucede, pero sí cómo quieres afrontarlo
Ibáñez invita a pensar en nosotros mismos como "máquinas de transformación de energía". En su planteamiento, podemos decidir qué queremos aportar a las situaciones que nos encontremos a lo largo del día, incluso cuando las circunstancias externas estén muy alejadas de lo que nos gustaría. "Nos tenemos que ver como máquinas de transformación de energía".
"Tú puedes producir la energía que quieres tener y eso parte por hacer esta pequeña pausa en la mañana en la que tú decides: oye, yo, pase lo que pase, quiero seguir manteniendo en mí una energía que sea amorosa, que sea empática, que sea constructiva, que sea de saber poner límites desde un buen lugar, que sea algo que a mí me cuide y que me haga sentir bien", señala la neurocientífica.
Así, esa pequeña pausa matutina puede consistir en elegir conscientemente una forma de estar: querer mantener una actitud amorosa, empática, constructiva o aprender a poner límites desde un lugar que también nos cuide. Es una diferencia importante. No significa negar el enfado, la tristeza, el cansancio o la preocupación cuando aparecen. Tampoco implica forzarnos a sentirnos bien cuando no lo estamos. Consiste más bien en no dejar que las circunstancias decidan automáticamente por nosotros desde qué lugar vamos a afrontar el día.
Un minuto antes de que empiece todo
La práctica que propone Ana Ibáñez no requiere una rutina complicada ni mucho tiempo. Puede bastar con quedarse unos instantes en la cama antes de levantarse y, en lugar de comenzar inmediatamente a pensar en todo lo que hay que hacer, hacerse una pregunta: ¿cómo quiero estar hoy, pase lo que pase?
La respuesta puede cambiar cada día. Quizá hoy necesitamos paciencia. Otro día, valentía. En otro momento, calma o capacidad para poner límites. La idea es convertir ese primer instante de la mañana en una elección consciente. Porque quizá no podamos decidir qué va a ocurrir cuando salgamos de la cama, pero sí podemos empezar el día recordándonos que nuestra primera reacción no tiene por qué estar dictada por lo que suceda fuera.









