Cada primer martes de octubre, Dinamarca tiene una cita marcada en rojo en el calendario institucional: la apertura del Parlamento, que reúne en el palacio de Christiansborg al Gobierno, los diputados y a la familia real. Este martes, 6 de octubre, el rey Federico X y la reina Mary han acudido juntos a la sesión inaugural del Folketing, acompañados por la princesa Benedicta. La Casa Real danesa confirma su presencia en Christiansborg a mediodía. Para Mary, además, es una cita especialmente significativa porque supone su regreso a la agenda oficial después de viajar a Australia junto a su marido para asistir a un servicio privado en memoria de su padre, John Donaldson, fallecido el pasado abril. Y lo ha hecho recuperando uno de los colores que más han definido sus apariciones de gala: el burdeos, esta vez trasladado a un impecable conjunto de día.
El resultado recuerda inevitablemente a otra royal experta en este tipo de códigos: Kate Middleton. La princesa de Gales ha convertido los conjuntos monocromáticos en tonos profundos, los sombreros o tocados coordinados y las joyas con historia en una de sus fórmulas más reconocibles para los grandes actos institucionales. Mary, sin copiar literalmente aquel uniforme, ha utilizado hoy prácticamente el mismo estilo.
Un traje burdeos con una silueta arquitectónica
El centro del look es una chaqueta de Roland Mouret, una de las firmas que mejor entiende la construcción de la silueta femenina. Se trata de una pieza confeccionada en una mezcla de 67% lana y 33% seda, con un precio de 740 euros, cuyo elemento más característico es el bajo péplum asimétrico.
El diseño se ajusta al cuerpo y se abre ligeramente a partir de la cintura, creando una silueta muy definida sin recurrir a adornos innecesarios. El cierre frontal queda oculto mediante una cremallera y el cinturón extraíble permite modificar la proporción de la chaqueta.
El propio Roland Mouret es conocido precisamente por su trabajo de sastrería arquitectónica y por la forma en que utiliza cortes, costuras y volúmenes para construir la figura. En este caso, la estructura péplum aporta un aire especialmente femenino a un conjunto que, por lo demás, mantiene toda la sobriedad que requiere una jornada parlamentaria.
Mary la ha combinado con una falda lápiz del mismo tono burdeos, creando un efecto de traje de dos piezas. El resultado es monocromático, pero no plano: la diferencia de texturas y la construcción de la chaqueta hacen que el color tenga todo el protagonismo.
Burdeos de pies a cabeza
La reina ha llevado el tono también a los complementos. Una diadema o tocado en el mismo color enmarca el rostro y refuerza la continuidad cromática del look, mientras que los pendientes de diamantes aportan el pequeño destello necesario sin competir con el resto.
En las manos, Mary ha añadido guantes de piel burdeos, otro detalle que hace que el conjunto parezca pensado hasta el último centímetro. El bolso negro introduce el único contraste importante y los salones de tacón, nuevamente en burdeos, prolongan visualmente la silueta.
El misterioso broche Dior de 1964
Pero la verdadera sorpresa está en el pecho. Mary ha vuelto a lucir un broche vintage de Dior perteneciente a la colección de 1964, una pieza de bisutería de fantasía realizada en metal dorado y decorada con turquesas, circonitas y elementos de cristal rojo. Tiene aproximadamente cuatro centímetros de diámetro.
La joya ya tiene una pequeña historia detrás. Mary la llevó durante la visita de Estado a Francia de abril de 2025, cuando la combinó con otro conjunto de día. Poco después se localizó en Vestiaire Collective una pieza idéntica y surgió la inevitable pregunta entre los expertos en joyería royal: ¿podría haber sido Mary quien la compró? No existe confirmación oficial, por lo que debe mantenerse como una teoría, pero la coincidencia resulta suficientemente curiosa como para haber convertido el broche en una de esas piezas que los seguidores de su armario reconocen inmediatamente.
No se trata, por tanto, de una joya perteneciente al fondo histórico de la Corona danesa. La Casa Real explica que las joyas que utilizan sus miembros femeninos pueden proceder de colecciones personales, del Royal Property Trust o de las joyas de la Corona. El broche de Dior pertenece al primer universo: una pieza vintage comprada o incorporada a su fondo personal, y precisamente por eso resulta interesante.
El burdeos que Mary reserva para la gran noche
El color elegido hoy no es una casualidad. Mary ha recurrido al burdeos en algunos de sus vestidos más memorables de gala. El ejemplo más evidente es el conocido vestido de terciopelo de Birgit Hallstein, estrenado en 2007 y convertido con los años en uno de los grandes clásicos de su armario.
La creación de terciopelo, de manga larga, escote barco y cinturón a juego, ha sido utilizada por Mary en numerosas ocasiones y ha ido modificándose con el tiempo. La llevó, entre otras, en los banquetes de Año Nuevo de 2012, 2014 y 2020, antes de recuperarla de nuevo en enero de 2024.
La elección de 2024 tuvo además un componente simbólico: fue una de sus primeras grandes apariciones públicas después del anuncio de la abdicación de Margarita II y pocos días antes de que Federico se convirtiera en rey. Mary acompañó entonces el vestido con la espectacular parure de rubíes, una de las grandes joyas históricas de la Corona danesa.
Y el burdeos volvió a aparecer en enero de 2026, cuando, durante la visita oficial de los reyes a los países bálticos, Mary estrenó en Lituania un vestido largo de Elie Saab, también en este tono, con cuello perkins, manga larga, cintura marcada y una espectacular capa asimétrica.
De ahí que resulte especialmente interesante verla hoy con el mismo universo cromático en un contexto completamente diferente. El burdeos que normalmente asociamos a sus grandes vestidos de noche se convierte en un traje de día mucho más estructurado y contemporáneo.
El guiño inevitable a Kate Middleton
La comparación con Kate Middleton aparece casi sola. En noviembre de 2022, durante la visita del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa al Reino Unido, la entonces princesa de Gales escogió un vestido-abrigo burdeos de Emilia Wickstead, acompañado de un tocado tipo pillbox de Jane Taylor, zapatos y bolso en el mismo tono y un broche de enorme significado familiar.
La fórmula se repitió en 2025 durante la visita de Estado de Donald Trump al Reino Unido: Kate volvió a recurrir al vestido-abrigo burdeos de Emilia Wickstead, al tocado coordinado y a una joya histórica, en aquella ocasión el conocido broche de las tres plumas de la princesa de Gales, relacionado con Diana.
La similitud con Mary resulta evidente: burdeos de pies a cabeza, silueta estructurada, tocado coordinado y un broche con historia. En el caso de Kate, el broche pertenece al patrimonio sentimental de la familia real británica; en el de Mary, la elección es más personal y juega con el encanto de una pieza Dior de los años sesenta.
No hay que interpretar necesariamente la coincidencia como una copia. Es, más bien, una demostración de cómo se ha consolidado un determinado lenguaje visual para las mujeres de la realeza en los grandes actos institucionales: colores sobrios, siluetas impecables, sombrero o tocado y una joya que añada una historia al conjunto.
Una pequeña anécdota antes de entrar en la sesión
El vestuario no ha sido la única escena curiosa de la mañana en Christiansborg. Cuando Federico y Mary han accedido a la zona reservada para la familia real en la parte superior de la tribuna, se han encontrado con un pequeño problema: el cordón rojo que delimitaba el espacio seguía colocado.
En lugar de esperar a que alguien lo retirase, han sido ellos mismos quienes han tenido que apartarlo para poder pasar, una situación inesperada que ha provocado la sonrisa de ambos antes de que comenzara la parte más solemne de la jornada.
Después ha llegado la ceremonia propiamente dicha, con el discurso de la primera ministra Mette Frederiksen y el inicio oficial del nuevo curso parlamentario. La ausencia de Margarita II, que habitualmente ha sido una presencia constante en esta cita incluso después de su abdicación, también se ha hecho notar este año por motivos de salud. Su hermana, la princesa Benedicta, ha acompañado a los reyes en su lugar.
Para Mary, sin embargo, la jornada ha servido para recuperar la agenda y hacerlo con una elección que resume muy bien su manera de vestir como reina: un color que forma parte de su historia de gala, una silueta contemporánea y una pequeña joya de 1964 capaz de convertir un traje de día en un look con memoria propia.










