Sara Carbonero está atravesando uno de los momentos más duros de su vida tras el fallecimiento de su madre, Goyi Arévalo, el pasado 13 de abril. Tras acudir a Corral de Almaguer, su pueblo natal, para dar el último adiós a su adorada madre (el funeral se celebró el sábado 25), la periodista compartía una profunda reflexión: "Sostener cuando tienes el corazón roto". La frase aparece en una ilustración en la que se ve a una mujer joven llevando a sus dos hijos, uno a la espalda y otro en brazos, mientras sigue caminando.
El post, subido por Cultura Inquieta, viene acompañada de un mensaje que sobrecoge, dadas las circunstancias: "El proceso más grande y difícil de una vida: sostenerse mientras los sostienes a ellos […] Llorar mientras todos duermen. Abrazar fuerte y repetir constantemente: esto no es en vano, vamos a estar bien".
¿Cómo lograrlo? ¿Cómo animar a los hijos, unos niños que sufren por la muerte de su abuela, cuando el dolor por la muerte de la propia madre lo invade todo? “Es complicado, no lo vamos a negar”, nos dice Raquel López Pavón, psicóloga especializada en trauma y regulación emocional y autora de No es un monstruo, es una herida (Ed. Kitaeru). "Lo importante es no descuidarte como persona y a la vez no descuidarles a ellos".
La verdadera fortaleza consiste justamente en mostrarse vulnerable, en aceptar las emociones que llegan, aunque duelan, aunque cuesten, y en darse espacio para sentirlas.
"La pérdida de un ser querido siempre es un momento de gran impacto emocional que desgarra por dentro", añade Mar de Manuel, psicóloga de yees! (https://yees.es). "Cuando eres madre o padre, resulta aún más complejo, porque no solo tienes que hacer frente a tu propia pérdida, sino también acompañar a los más pequeños en la gestión de la suya, sin tener claro en la mayoría de los casos qué es lo más adecuado para ellos".
En este punto, lo que Raquel López recomienda es hablar mucho a los niños sobre lo ocurrido, darles todas las explicaciones necesarias adaptadas a su edad, preguntarles si tienen dudas sobre la vida y la muerte y, "sobre todo, darles espacio para que puedan expresar lo que sienten", propone. "Que puedan estar tristes o enfadados o asustados, y que tú como adulta también puedas estarlo. Que esto sea un proceso en familia y en comunidad, sin que ni ellos (ni tú) tengan que esconder lo que se sienten".
¿Llorar o no llorar delante de los hijos?
La dolorosa situación que ahora mismo está viviendo Sara Carbonero es, lamentablemente, muy común. Hijos, ya adultos, que pierden a uno de sus progenitores y tienen que sacar fuerza por sus hijos, apoyarles en su dolor, cuando ni siquiera se ven capaces de levantarse de la cama por las mañanas. A veces, en esa vorágine de sentimientos, muchos adultos se afanan en no llorar delante de sus hijos, procurando que el sufrimiento de éstos sea menor.
Es cierto que llorar no hace que el dolor desaparezca, pero sí hace el camino un poco más llevadero.
¿Es adecuado llorar delante de los hijos? "No solo es adecuado, sino también saludable", nos responde con total claridad Mar de Manuel. "Las lágrimas tienen muy mala fama y estamos muy acostumbrados a escuchar la temida frase no llores". Indica que, sin embargo, el llanto tiene una función específica en el organismo, la de liberar tensión. "Es cierto que llorar no hace que el dolor desaparezca, pero sí hace el camino un poco más llevadero”, aclara la psicóloga. "Y no hay mejor forma de enseñar a nuestros hijos a llorar que llorando con ellos".
Raquel López coincide con Mar de Manuel en que es saludable llorar delante de los hijos; eso sí, "siempre que no se les cargue con tener que solucionarlo", puntualiza. "Es decir, es importante que los hijos normalicen el dolor y puedan ver que no pasa nada por llorar, que es normal ante un caso así". La cuestión es que, en ocasiones, bien los progenitores o bien otros adultos próximos al núcleo familiar les dicen a los niños cosas como "ahora tienes que cuidar a mamá" o similares. Este tipo de palabras dirigidas a los niños (o, incluso, a los adolescentes) "pueden poner sobre sus hombros la carga de intentar resolver la situación o salvar a sus padres del dolor", una responsabilidad que, sin duda, no les corresponde y que, además, no está en su mano solucionar.
Cómo sostener a los hijos en el duelo que la madre comparte
Los niños necesitan una explicación coherente para el motivo de la ausencia del ser querido. "Va a ser duro, el dolor duele, pero por lo menos será sano y les preparará para el futuro", asegura López Pavón. La psicóloga especializada en trauma propone utilizar un lenguaje más o menos suavizado en función de la edad de los hijos, pero teniendo muy presente que "esos niños están aprendiendo con tu ejemplo y van a llegar a conclusiones". Explica que, según cómo actúen sus adultos de referencia, esas conclusiones pueden ser tóxicas, como que hay que esconderse para llorar porque es algo de alguna forma vergonzoso o que implica debilidad, o bien conclusiones sanas, como que el dolor forma parte de la vida y que en esos momentos puedes apoyarte en tu familia y en los tuyos.
En la misma línea, Mar de Manuel pone de manifiesto que los niños están preparados para escuchar esa explicación coherente sobre la muerte si se habla con ellos de forma sincera y adaptada a su capacidad de comprensión. "Quienes no suelen estar preparados son los padres, no porque no sean buenos, sino porque nadie les enseñó cómo hacerlo", comenta. "No se trata de sentido común, sino de conocer cómo los niños gestionan el duelo"
"Si estás roto de dolor, compártelo con tu hijo", aconseja la psicóloga de yees!, quien propone decirles frases de este estilo: "Cariño, estoy un poco triste porque me da pena que no volvamos a ver al abuelo. Y cuando estoy triste, como ahora, lloro. Ya sabes que las lágrimas nos ayudan cuando estamos tristes".
Por su parte, la autora de No es un monstruo, es una herida señala que es importante entender y transmitir a los hijos que ser fuerte no tiene nada que ver con que no te afecten tus emociones, ni con ocultarlas y permanecer impasible. "La verdadera fortaleza consiste justamente en mostrarse vulnerable, en aceptar las emociones que llegan, aunque duelan, aunque cuesten, y en darse espacio para sentirlas", afirma. "Cuanto más humanos, más fuertes. Que vean que su madre está triste, pero que sigue ahí". Y, por supuesto, si es necesario, la madre o el padre debería buscar ayuda psicológica tanto para sí mismo como para los hijos.
"Las emociones no son nuestras enemigas; al contrario, son nuestras aliadas", añade Mar de Manuel. "El camino no consiste en actuar como si no sintiéramos, sino en mostrar a nuestros hijos cómo relacionarnos con ellas".






