Ya sea por revisar lo que han comprado o porque no les permiten adquirir cosas sin autorización previa, el 98% de las familias españolas tienen un control sobre lo que sus hijos adolescentes compran en Internet. Son datos del estudio "Consumo online en familia", auspiciado por Fad Juventud y Amazon, en el que se ha testado entre una muestra de más de mil padres españoles cómo es la relación con el comercio digital de sus hijos de entre 12 y 17 años.
La preocupación máxima de los padres, según los datos que se desprenden del informe, es la seguridad de sus hijos frente al acoso o el fraude digital. Así, los mayores temores se concentran en el ciberacoso, el acoso sexual online, el contacto con adultos desconocidos, las estafas online y el robo de datos bancarios y personales. Como respuesta a ello, en más del 87% de las familias se han establecido límites sobre cómo pueden comportarse sus hijos en este entorno digital, que no solo tiene que ver con las necesidades materiales, sino con cómo se relacionan con lo que les rodea y los valores que desarrollan. "Los padres están ejerciendo activamente su rol, tienen normas claras en casa sobre compras online. La gran penetración de lo que se llama 'compra vicaria' (padres que compran online para sus hijos) confirma un patrón familiar saludable donde los padres están involucrados, supervisando y usando esas compras como oportunidades para educar en un consumo responsable", indica Ana Sánchez Jáuregui, directora de consumo en Amazon.
Pero, ¿qué oportunidades educativas aporta este entorno digital? ¿Cómo pueden los padres proteger a sus hijos frente al fraude online? Para responder a estas y otras cuestiones hemos recurrido a Pedro Fernández de Castro, investigador en Fad Juventud.
Supervisión, control del gasto y toma de conciencia
Aunque la supervisión de las compras digitales de los hijos debe ser un necesario punto de partida, hay que avanzar más allá para "garantizar la educación en torno a la responsabilidad y la sostenibilidad del consumo en la adolescencia", recalca el experto. Así lo detalla:
- Toma de conciencia: "Los progenitores pueden ayudar a sus hijas e hijos a reflexionar sobre si realmente necesitan ese producto o servicio, lo que nos lleva a una cuestión que se puede plantear incluso en términos filosóficos sobre la distinción entre necesidad y deseo".
- Consumo responsable: "Debe tener en cuenta cuestiones como las modas y tendencias virales, exacerbadas en las plataformas digitales donde socializan; la influencia de la publicidad, que, si bien no es nada nuevo, sí que se intensifica debido a los algoritmos que personalizan los anuncios comerciales en función de los datos y el perfil de cada usuario/a; o la valoración del producto más allá de la marca, la cual suele funcionar como elemento de identificación personal y social, pero puede llevar a realizar gastos no necesarios o a no tener en cuenta alternativas más sostenibles".
- Control del gasto y gestión del dinero: "Que se concreta en enseñar a comparar precios antes de comprar o tener en cuenta si una compra se realiza por impulso o presión de grupo. También, en esta línea, habría que considerar aspectos relacionados con que entiendan el valor real del dinero, fomenten hábitos de ahorro y pongan límites en el gasto".
El delicado equilibrio entre vigilar y supervisar
Hay adolescentes que compran de forma autónoma en el comercio online, lo que debería implicar "que sean transparentes con sus padres y madres en cuanto a en qué se gastan el dinero como en la importancia de que aprendan a gestionar su propio dinero", señala el investigador de Fad Juventud. Pero hay otros que no tienen acceso a métodos de pago o que directamente tienen limitadas estas compras porque los progenitores prefieren ocuparse ellos ante el temor a que sufran una estafa.
En general, tal como muestra el estudio, la mitad de los padres aborda con sus hijos cuestiones sobre seguridad online como "no compartir datos personales o hacer que les consulten cuando utilicen métodos de pago nuevos, además de directamente enseñarles a evitar fraudes online, reconocer sitios confiables o utilizar contraseñas seguras y autenticación en sus cuentas compra", añade.
Pero, siendo importante todo lo anterior, hay que valorar la necesidad de respetar la privacidad de los adolescentes. "Por eso, la clave está en la comunicación entre las familias", subraya Pedro Fernández de Castro. "Los resultados del estudio apuntan a que, actualmente, ésta se basa más en la verticalidad, es decir, hacer que hable con sus progenitores antes de realizar las compras y poner normas al respecto, que en la horizontalidad, a través de hacerles entender las consecuencias de sus decisiones de compra o fomentar que participe en las decisiones de consumo de la familia". En su opinión, "se trata de buscar un equilibrio entre una razonable supervisión, en tanto que responsabilidad como progenitores de garantizar la seguridad de sus hijos e hijas en el entorno online, y darles confianza para que aprendan a moverse de manera autónoma".
¿Cuándo hablamos de consumo digital de riesgo en adolescentes?
Para darse cuenta de si un adolescente pasa de un consumo digital normal a otro de riesgo hay que fijarse en cómo compra, para qué compra (el significado que él le da) y con qué frecuencia lo hace. Estas son las señales de que puede existir un consumo de riesgo, según el especialista de Fad Juventud:
- Si el consumo pasa de ser algo puntual, concreto y meditado, a algo frecuente, impulsivo o difícil de controlar, incluso cuando nos dice que “no va a comprar nada más”.
- Si el consumo supone una preocupación constante, que implica estar continuamente pensando en comprar, comparando productos o revisando apps de compra.
- Si el consumo se convierte en una forma de gestionar emociones. Por ejemplo, si vemos que está aburrida/o, triste, decaído/a, y alivia ese malestar comprando algo, debemos prestar atención. En muchas ocasiones, además, cuando el consumo ya es problemático, a esa sensación de alivio o alegría al comprar, le sigue un sentimiento de culpa o arrepentimiento.
- Si oculta compras, miente sobre el dinero que se ha gastado, o usa cuentas sin permiso.
- Si el consumo empieza a suponer un impacto en la vida diaria, interfiriendo en sus estudios, higiene, en otras responsabilidades, o aumentando los conflictos familiares.
- Si no consigue parar de comprar, a pesar de que le hemos dicho que no lo haga.
En este sentido, si se detectan estas conductas, además de hablar con el adolescente, se puede buscar ayuda profesional. El Servicio gratuito de Información y Orientación de Fad Juventud está disponible de lunes a viernes de 9:00 a 20:00 horas en el número 900 16 15 15.







