Beatriz Urra, psicóloga, sobre autolesiones en adolescentes: "El daño físico no busca la muerte, sino aliviar una tensión interna o recuperar la sensación de control"


Las autolesiones son un fenómeno creciente y preocupante entre los adolescentes actuales. ¿Qué esconden detrás? ¿Cómo reaccionar ante ellas? ¿Cuál es su verdadero peligro?


Beatriz Urra© Recurra Ginso
26 de marzo de 2026 a las 13:01 CET

Un 34,7% de los jóvenes entre 15 y 29 años declara haberse autolesionado alguna vez y un 16,5% confiesa hacerlo con frecuencia. Son los alarmantes datos del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025 de FAD Juventud que indican la magnitud de un problema que se ha convertido en un desafío social creciente para la salud mental juvenil.

Hablamos de ello con Beatriz Urra, psicóloga sanitaria y forense y directora de la Clínica Recurra Ginso, en cuyo hospital de día se lleva a cabo el Programa Fortaleza con adolescentes de entre 12 y 20 años que presentan este tipo de conductas.

Al descubrir la autolesión hay que intentar mantener la calma en la medida de lo posible aunque se esté muy preocupado, pero mostrar claridad y serenidad al adolescente le ayudará enormemente a regularse y sentirse sostenido por las figuas de apoyo y seguridad

Beatriz Urra, psicóloga sanitaria y forense

Aliviando una tensión interna 

La autolesión en adolescentes no es una llamada de atención, sino que detrás de ellas suele haber un malestar emocional intenso que no ha encontrado otra vía de expresión o suele ser la forma en que han aprendido a regularse. "Aunque puede darse en distintas etapas vitales, la autolesión aparece con mayor frecuencia en la adolescencia, un momento marcado por cambios profundos a nivel emocional, social y personal. En la mayoría de los casos, el daño físico no busca la muerte, sino aliviar una tensión interna compleja de manejar o recuperar la sensación de control ante situaciones que desbordan", destaca la experta.

En su aparición no hay un único factor precipitante, sino que tiene un origen multicausal. "Influyen circunstancias emocionales, familiares, psicológicas, sociales y biológicas: conflictos prolongados, experiencias traumáticas (violencia, abuso, negligencia), aislamiento, baja autoestima o falta de espacios seguros para expresar libremente lo que se siente", detalla. 

Por este motivo, no podemos hablar de un único perfil de adolescente que se autolesiona, aunque sí de factores personales que pueden aumentar su vulnerabilidad ante el problema como "dificultad para regular emociones intensas, alta exigencia/perfeccionismo (en el ámbito académico, deportivo, presión por parte de los progenitores…), baja autoestima, impulsividad, experiencias traumáticas vividas (abusos, violencia, bullying…) y escasa o nula expresión de sentimientos", señala Beatriz Urra. 

También hay que considerar el peso de las redes sociales, "que acrecientan la comparación constante e idealizan las vidas que reflejan las personas en sus pantallas (viajes, historias de éxito, fama y dinero desde muy jóvenes) con una presión constante por los likes y seguidores. O foros y espacios donde se da cabida al sufrimiento emocional normalizando experiencias, con alta intensidad para lograr mayor audiencia".

Adolescente en el psicólogo© Getty Images

¿Qué diferencia hay entre la autolesión y la intención suicida?

Es muy importante diferenciar entre la ideación suicida y la autolesión no suicida. "La primera hace referencia a pensamientos relacionados con la propia muerte; la segunda implica infligirse daño de forma deliberada sin intención de morir. Ambas puede tener su origen en un sufrimiento emocional intenso, pero sus formas de manifestarse y abordarse son distintas", comenta la psicóloga.

No obstante, autolesiones y conducta suicida a veces pueden ir de la mano. "Hay indicadores que aumentan el riesgo de suicidio como el aumento en frecuencia o intensidad en las autolesiones, verbalización de sensación de vacío y/o desesperanza, abandono de actividades y responsabilidades, intentos previos, despedidas de familiares y amigos, conductas 'extrañas' para el entorno y la coexistencia con sintomatología depresiva, ansiosa o el consumo de sustancias", alerta.

"Además, la impulsividad es un factor de riesgo añadido en la adolescencia que puede hacer que se tomen decisiones sin pensar detenidamente en la irreversibilidad de las consecuencias, sino en acabar en ese momento con el malestar intenso que están sufriendo", añade.

padres hablando con su hijo adolescente en un banco al aire libre© Adobe Stock

¿Cómo deben reaccionar los padres ante las autolesiones?

Como en muchos otros aspectos referidos a la salud mental, detectar cambios a tiempo puede marcar la diferencia. "Lesiones recurrentes sin una causa aparente, cambios bruscos o frecuentes en el estado de ánimo, comentarios despectivos de uno mismo, mayor aislamiento o la necesidad de ocultar el cuerpo incluso en situaciones inusuales pueden ser señales que inviten a estar atentos. No se trata de alarmarse, sino de observar, escuchar y acompañar", invita la directora de la Clínica Recurra Ginso.

La forma en que los padres reaccionen al descubrir la autolesión es importante y, aunque es habitual (y comprensible) hacerlo desde la culpa o el miedo "hay que intentar mantener la calma en la medida de lo posible aunque se esté muy preocupado, pero mostrar claridad y serenidad al adolescente le ayudará enormemente a regularse y sentirse 'sostenido' por las figuras de apoyo y seguridad. 'Hundirse' o 'lamentarse' puede reforzar que su hijo/a repita esa conducta. También reaccionar con enfados o reproches, conllevará mayor distanciamiento y aislamiento del menor". 

Estas son las recomendaciones que ofrece la especialista:

  • Escuchar, y dedicar tiempo a que se produzca un diálogo con el menor, mostrando interés en acompañarlo sin preguntar insistentemente ni enjuiciar.
  • No convertir el tema en un secreto familiar ni en un tabú del que no se puede hablar. "Será importante que el entorno más cercano sea conocedor de la situación, haciendo partícipes también a los hermanos, ya que suelen percibir que algo pasa aunque no saben exactamente el qué. Explicarles favorecerá que no haya cabida a miedos y malentendidos, adaptando lo ocurrido a su edad y madurez; siempre sin responsabilizarles ni asumiendo el rol de cuidadores".
  • No minimizar lo ocurrido. No se deben emplear frases como 'seguro que se te pasa', 'lo hace para llamar la atención' o "exageras, eso son cosas de la edad'. Por el contrario, "hay que sustituirlas por validación emocional ('entiendo que te está afectando'...)".
  • Establecer rutinas familiares que faciliten el contacto con el adolescente en comidas y actividades sin pantallas.
  • Acordar ciertas medidas de seguridad y supervisar ciertos objetos y espacios "no desde el castigo o el alarmismo, sino desde el cuidado y la prevención".
  • Buscar ayuda profesional que acompañe la situación que se está viviendo, "no solo con el menor, sino preferiblemente con todos lo miembros de la unidad familiar. Hay intervenciones como la terapia dialéctico conductual o la terapia cognitivo conductual que han demostrado su eficacia y rigor científico".

Beatriz Urra insiste en la importancia de la prevención antes de que aparezca la conducta autolesiva, fortaleciendo la educación emocional, generando confianza en el entorno familiar y escolar y facilitando el acceso a recursos especializados.