Cumplir un sueño es algo que se proponen muchas novias cuando toca dar forma a su look nupcial. Belén, una recién casada muy estilosa, siempre se imaginó con un vestido de T.ba, que fue el que finalmente llevó al altar. “Sol Prado es amiga de mi hermano y me comentó que justo sacaba en enero 2025 vestidos de novias prêt-à-porter, así que no dudé en ir a probármelos todos en seguida. Me apasionan las telas, el proceso artesanal detrás de cada diseño y el poder ir simple mientras que el vestido luce por sí mismo”, nos cuenta.
Un look con segunda vida
Cuando comenzó el proceso, nuestra protagonista puso sobre la mesa un requisito fundamental: debía ser un look de dos piezas. “Para estilizar la cintura, ir cómoda y (ojalá) ¡volver a utilizarlo a futuro por separado!”, asegura. Las redes sociales le sirvieron para definir el tipo de estilismo que le apasionaba: “me inspiré en mis amigas y otras novias de Instagram”. En su carpeta de imágenes guardadas, reconoce que todas las propuestas eran del mismo estilo, “tipo T.ba”.
“Al ser prêt-à-porter, el proceso fue muy sencillo. Tuve una primera prueba de varias horas donde pude probarme muchos looks para ir combinando distintas partes de arriba y abajo. Al pedirle a Sol un corpiño y falda especifica que había fichado me dijo: ‘No había visualizado ese conjunto, ¡probémoslo!’. Y al ponérmelo, supe que era ese”.
Tan solo dos pruebas más bastaron para terminar su look. La organza fue el tejido destacado que emplearon en la capa y la cola, con gran presencia en la iglesia. En el cuerpo sumaron un retal más de crepe que tuvieron que tratar para conseguir el efecto arrugado del corpiño. “Al volver de verano, había adelgazado tanto que también tuvieron que ajustar tanto la falda de organza que acabó siendo una distinta, hecha de cero”, comparte.
Belén se sintió como en casa en el taller, donde, a pesar de llegar tarde en diferentes ocasiones y encontrarse en un periodo laboral de mucho estrés, siempre fueron comprensivas. “Recuerdo probarme todo en el atelier, con música de fondo, la luz del atardecer por la ventana y las miradas de mi abuela, mi suegra, mis cuñadas, mi hermana, mi madrina, mi amiga Inés y mi madre al verme con todo, incluyendo el velo”, apunta.
El diseño, además, era una propuesta que podía desmontarse. Esta novia andaluza retiró la capa que hacía las veces de cola y llevó todas las miradas a su corpiño artesanal, un corsé sin mangas, que lució en el banquete.
Una novia velada
Nuestra protagonista se decidió por un velo de tul transparente y clásico. “Llegaba a la altura del codo para poder sacar el ramo fácilmente por fuera. Fue una obra de arte. Siempre quise ir velada. La verdad es que me pareció tan especial poder levantar el velo durante la Iglesia, por Gon y mi padre, que repetiría sin duda entrar velada”.
A modo de zapatos, llevó un calzado de lino de Flordeasoka, que le regaló su amiga Casilda. “Para el baile y la parte de celebración más animada rodeada de albero, me cambié a unas alpargatas beige de Castañer. Fueron un regalo de mi querida amiga Maru, que me permitieron disfrutar con más comodidad”, revela.
La elegancia de su gargantilla
Sus joyas fueron unos pendientes de oro blanco, de Suarez, de forma hexagonal, que le regalaron sus amigas y una pulsera de brillantes de su abuela Amparo, que llevó a modo de choker. “Sol, de T.ba, la anudó al cuello con un lazo de organza que caía por la espalda. Fue muy especial llevarlo, ya que mi abuela falleció pocos meses más tarde. Siempre recordaré la ilusión que le hizo verme con una pieza tan suya en un día tan importante para mí”, recuerda.
Asimétrico y algo salvaje fue su ramo, en el que el verde era el tono estrella. La cascada era notable, muy natural y daba movimiento al diseño floral. Lo ató con una cinta de un tejido similar al del vestido, “alrededor llevaba una medalla de la Virgen, que me regaló mi íntima amiga Busti, que me vino a dar en mano cuando me estaba preparando esa mañana”, señala.
Durante los preparativos, Belén llevó una bata de la misma firma que dio forma a su traje y que fue un obsequio de otra amiga, llamada Mariana. Con ella estuvo cuando se maquillaba y peinaba con Juana Poyatos. El rostro lo dejó muy natural y luminoso y “para el peinado, el corpiño pedía a gritos un recogido, para poder enseñar el escote y espalda que tenía. Fue Juana quién consiguió de maravilla que pudiese entrar con el velo atado a un moño, muy elegante a la iglesia y después, con mucha facilidad, poder quitarme una pinza que me hizo quedarme con una coleta alta, con efecto ondulado, el resto de la boda”. Este último diseño capilar, la coleta, era el favorito del novio.
La Feria de Jerez, donde surgió la chispa
Aunque el vestido de novia ha sido el elemento más celebrado en este enlace, queremos conocer, del mismo modo, la historia de amor de Gonzalo y Belén. La pareja se conoció durante la carrera, gracias a amigos en común, pero la chispa surgió hace tres años en la Feria de Jerez, donde ambos coincidieron en una caseta. “Tras unas sevillanas mal bailadas, cambiamos el chip y nos dimos una oportunidad como más que amigos. No se me olvidará nunca cuando Cris, prima de Gon y amiga mía, me dijo: ‘¡Ojalá un día te des cuenta de cómo te mira y lo bien que podríais encajar!’. He de confesar, que esa frase puso mi mundo patas arriba para empezar nuestra gran aventura”, revela.
Comenzaron a hablar por teléfono e hicieron oficial su relación poco tiempo después. Cuando llevaban un año y medio juntos, se prometieron. Belén explica que su ya marido lo tuvo claro desde la segunda cita. Ella se dio cuenta de que era el hombre de su vida tras un viaje a Guetaria. “Al año y poco de estar juntos, nos apuntamos a un curso largo de noviazgo, que nos ayudó muchísimo a tener conversaciones profundas e importantes sin la presión inmediata de comprometernos. Cuando terminamos el curso, sentimos que estábamos preparados y que queríamos dar el paso. Y así, un mes más tarde, el día antes de Navidad, paseando por El Escorial, empecé a notar que a Gon le temblaba la voz… Y supe que ahí empezaba nuestra aventura”, desvela.
Boda en Sanlúcar de Barrameda
Fue el 13 de septiembre cuando estos novios se dieron el ‘sí, quiero’ en Sanlúcar de Barrameda. Escogieron la Parroquia Santa María de la O y las Bodegas Barbadillo, para una ceremonia que tuvo lugar a las 13 horas y una celebración posterior. La búsqueda de los enclaves perfectos supuso todo un reto: “queríamos na bodega gaditana, en el Puerto de Santa María o Jerez, pero al prometernos no quedaba disponibilidad. En el Puerto, miramos Osborne, pero no cuadraba con los días de las iglesias y en Jerez, Gonzalez Byass no se alineaba tampoco con la catedral, para todo lo que quedaba de 2025, por lo que priorizamos cambiar de lugar para poder casarnos cuanto antes”.
“Gracias a mi tío Javier tuvimos la suerte de contactar con la familia Barbadillo, especialmente Eugenia Barbadillo, que nos abrió las puertas de su bodega desde el primer momento con un cariño increíble. Recuerdo perfectamente la primera vez que fuimos a verla: en cuanto entré, supe que era el sitio. Tiene una magia difícil de explicar y una personalidad única que la hace completamente diferente a cualquier otra bodega. Solían celebrar solamente bodas de la familia y están empezando a abrir sus puertas al público, así que recomiendo gratamente las celebraciones allí”.
La esencia y pureza de este espacio encantó a nuestros protagonistas, que decidieron plantear todo un recorrido para sorprender a sus invitados. En la primera bodega recibieron a todos los asistentes. "Al salir, les esperaba un escanciador de fino que iba sirviendo un catavinos a cada uno para acompañar el paseo hasta el aperitivo", puntualiza. Después del cóctel, una charanga condujo a todos hasta el banquete, que tuvo lugar en un patio exterior y allí bailaron juntos al ritmo de la música. En otro patio tuvo lugar el baile nupcial.
Organizar a distancia
Gonzalo y Belén prepararon su gran día a distancia y por eso vieron imprescindible contar con apoyo para la organización de su boda, que fueron definiendo en un excel. Por un lado, la madre de la novia fue una gran ayuda y por otro, Alejandra Guilloto, wedding planner en My Sister A, fue la responsable de que todo saliera redondo. Los novios definen su contratación como una gran decisión. "Fue una suerte enorme contar tanto con Alejandra como con el catering de la Ermita de la Candelaria, porque conocían perfectamente Barbadillo y nos ayudaron muchísimo a aterrizar ideas y dar forma a todo. Tanto Javier como Mercedes, del catering, se volcaron con nosotros y la organización fue impecable", defiende esta novia viral.
Con el trabajo de Alejandra, nos cuentan, pudieron disfrutar verdaderamente, pues ella les entendió a la perfección y cada una de las decisiones resultó ser la acertada. "Cuando miro atrás, siento que no podría haber existido una fecha ni un lugar mejores para nosotros; todo fue encajando de una manera muy natural y terminó superando cualquier expectativa", señala.
"Lo más especial de aquel día fue, sin duda, poder compartir la ceremonia con personas tan importantes para nosotros. Contar con Monseñor Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria, y con Don José Pedro Manglano fue un auténtico regalo. Son dos personas que me han acompañado desde pequeña y han estado presentes en momentos muy importantes de mi vida y de mi fe, así que tenerles también en nuestra boda hizo la ceremonia todavía más emotiva y cercana"
Una anécdota original
"Además, Gon me tenía preparada una sorpresa increíble. ¡En la universidad formaba parte de un grupo llamado Opposite Sounds, que tuvo éxito! Siempre me encanta verle con una guitarra, un piano, un cajón o simplemente cantando, porque tiene una facilidad especial para cualquier instrumento. Después de nuestro baile, de repente apareció en el escenario con una silla y su guitarra para cantarme Mi estrella blanca, de Fondo Flamenco, delante de toda la boda. Yo no me lo esperaba en absoluto y creo que no podría haberme hecho más feliz. Y la sorpresa no terminó ahí: al poco aparecieron también Jacobo e Íñigo para volver a reunir a Opposite Sounds sobre el escenario. De repente aquello parecía un auténtico revival, con todos nuestros amigos cantando las canciones a pleno pulmón como si volviéramos a esa época. Para seguir animando la fiesta, también se subió al escenario Álvaro Trigo, del grupo Chihuahuapearl, para cantar La Flaca y aquello terminó de venir arriba a toda la boda"
El vino como temática para la decoración
Cuando consultamos a esta pareja acerca de cómo plantearon la decoración de su gran día, nos confiesan que para ellos, tanto la iglesia como la bodega, ya eran bonitas en sí mismas. Por eso decidieron no recargar los diferentes escenarios, pero sí pensarlo todo en profundidad. “En la iglesia apenas añadimos decoración, porque ya era espectacular de por sí. Y en la bodega, las flores fueron las grandes protagonistas. En lugar de hacer centros de mesa clásicos, quisimos guiñar un poco al entorno y a la historia del lugar utilizando racimos reales de uvas combinados con ramas de olivo”, expone. Un guiño, sin duda, al entorno.
Con el fin de ocultar la zona del convite desde el aperitivo, dispusieron una barrera visual creada mediante buganvilla. “Era una especie de pared vegetal llena de color que transformaba completamente el espacio y creaba un efecto sorpresa muy bonito al entrar después a la comida”. La propia bodega contaba, además, con unos característicos portones rojos, que fueron protagonistas en la web y las invitaciones y para proteger del sol, toldos tipo vela.
Anécdotas
Al margen de otros imprevistos, en la lista de recuerdos divertidos, destaca el olvido de las arras en el hotel, que finalmente pudo subsanarse, dado que este estaba muy cerca del templo. Aparte, para el camino andando que hicieron los invitados desde la iglesia a la bodega, la pareja contrató a una charanga que los condujo durante 10 minutos hasta el espacio de celebración. “Fue divertidísimo y creó un ambiente increíble desde el primer momento”, admite Belén.
El baile nupcial
"Empecé bailando con mi padre Noches de boda, de Joaquín Sabina, un momento muy especial al que enseguida se unieron Gon y mi suegra Irene. Al terminar la canción, Gon y yo hicimos el baile nupcial con Alguien, de Siempre Así, cantada en directo y más lenta, por nuestro gran amigo Sebastian Vilches con sus músicos. Una canción con la que nos sentimos muy identificados porque refleja perfectamente la suerte que sentimos al encontrarnos y lo fácil que ha sido encajar el uno en la vida del otro. Nada más terminar el baile, el grupo arrancó con flamenquito y consiguió que todo el mundo se sumara enseguida". Para celebrar con el DJ Berts pasaron a otra nave de la bodega.
El gran día sirvió a estos recién casados para darse cuenta de lo afortunados que son, nos dicen. Contaron con invitados llegados desde Londres, París, Turín y Nueva York. La novia recuerda con especial ilusión los momentos con su padre, especialmente los instantes previos a la entrada en la ceremonia. “Además, el baile padre-hija que no habíamos ensayado absolutamente nada, nos dedicamos simplemente a dejarnos llevar y disfrutar del momento. Fue el baile más natural y bonito que podría imaginar porque éramos exactamente nosotros”, reconoce.
El punto final a su relato lo pone Belén con una compilación de prácticos consejos. El primero de ellos es disfrutar de todo el proceso y no solo del día B. El segundo y último, entender que el enlace no es final de un viaje, sino el principio de una nueva etapa, puesto que por muy rápido que pase, lo mejor, el matrimonio, viene detrás. "Durante meses tienes tantas ganas de que llegue la boda que, sin darte cuenta, se te olvida parar y valorar todos esos momentos previos que luego recuerdas con muchísimo cariño: pasar el día en Cordoba para la prueba de menú, organizar las mesas con post-its con mi hermana, pegar los meseros a las botellas con mi familia política, probarnos las alianzas con mis cuñadas, probar los modelitos de mis sobrinos con mi cuñada y mi hermano, repartir las invitaciones, etcétera. ¡Al final, toda esa preparación también forma parte de la boda!", concluye.

































