La Fundación A LA PAR lleva años trabajando para impulsar la inclusión de las personas con discapacidad intelectual y para que tengan más oportunidades reales en su día a día. Lo hacen desde muchos frentes: educación, formación, empleo, vivienda, ocio, incluso atención sanitaria. Pero, sobre todo, lo hacen desde una idea muy clara: poner el foco en la capacidad, en el talento y en todo lo que estas personas pueden aportar cuando se les da el espacio y las herramientas para hacerlo. Esa forma de trabajar se puede ver en los distintos proyectos que tienen, todos con algo en común: buscan generar autonomía y visibilidad.
Nació en 1948 cuando Carmen Pardo-Valcarce escuchó las necesidades de las personas enfermas de lepra. Con el tiempo, se ha convertido en una referencia en inclusión de personas con discapacidad intelectual, no solo por la amplitud de áreas en las que trabaja, sino por su manera de hacerlo: generando oportunidades concretas y visibles en el día a día. Atiende a cerca de mil personas y emplea a alrededor de 500. Dentro de esa red de iniciativas, una de las más especiales es su imprenta, donde se desarrollan trabajos personalizados con muchísimo cuidado. Entre ellos, uno que tiene un encanto especial: sus invitaciones de boda, las cuales pueden solicitarse directamente a través de su web (www.imprenta.alapar.ong).
Al final, las invitaciones no son solo un papel bonito. Es una primera pista de cómo va a ser esa boda; en la Fundación A LA PAR lo entienden perfectamente, y por eso llevan años creando papelería para bodas. Lo que pone en valor su propuesta es que cada encargo se trata con un cuidado muy especial. No se queda en elegir un diseño y ya, sino que detrás hay un trabajo artesanal, en el que cada pareja puede personalizar su invitación para que tenga de verdad algo suyo. Desde los acabados hasta los colores y estampados, la tipografía o pequeños detalles, todo se trabaja para que el resultado sea único. No solo hacen la invitación principal.
También preparan sobres, tarjetones, misales, meseros, libros de firmas o detalles de papelería para que todo siga una misma línea y la boda tenga una estética coherente desde el primer momento. Ese cuidado en el conjunto hace que el resultado se sienta más especial, completo y también más auténtico. Personas como Andrés, Alejandra o Lucía están detrás de ese trabajo paciente y minucioso que hace que cada invitación llegue impecable. Son ellos quienes participan en todo el proceso, desde los primeros pasos más manuales: doblar los sobres, pegarlos, colocar el forro o preparar cada pieza, hasta el acabado final. Ahí también está parte del valor de A LA PAR: entender que detrás de una papelería bonita hay dedicación y trabajo en equipo.
Pero seguramente lo más interesante de todo esto es que detrás de cada pieza hay algo más que diseño. Hay un equipo de más de 150 personas con discapacidad intelectual trabajando, con dedicación y muchísima atención al detalle. Y ahí es donde el proyecto gana aún más: la de convertir un objeto especial y bonito en algo que además tiene un impacto real. En un momento en el que muchas parejas buscan bodas con más personalidad y menos cosas estándares, las invitaciones de la fundación encajan de maravilla. Porque en un mundo como el de las ceremonias, donde a veces todo pasa demasiado rápido, se agradece.







