Amalia de Holanda se puso su primera tiara antes de cumplir una década de edad (como prueba, la fotografía en la que aparece con la ‘Mellerio Ruby’, cuando tenía nueve años) y fue inducida de manera irrevocable al mundo de los adornos de cabello (las "casi tiaras" o, mayoritariamente conocidas como diademas). Por eso, la heredera al trono neerlandés no dudó en sacar una diadema tipo joya para el enlace de Mercedes Olazábal y Solís con Francisco Javier García de Alvear Fernández en Sevilla, la ocasión perfecta.
También, como acontecimiento de semejante calibre, tuvo la molestia de poner la vista más allá de las "casi tiaras" y escogió un atuendo con sello español. La reina Letizia, que veía su repercusión en cada acaecer en el que ponía el stiletto, (de no más de 5 cm a causa de su Neuroma de Morton), fue de las pioneras en patentar que en cualquier evento dentro de la península era un motivo de peso para dar visibilidad a las firmas nacionales. Así que la princesa de Orange, se sumó a esta iniciativa y apostó por la firma Lady Pipa, una de las marcas de invitada con mayor proyección de nuestro país. También de las predilectas de Letizia (¿recordáis el vestido rosa con motivos florales que usó para la entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2022 durante 2024 y que no tuvo reparo en combinarlo a conjunto con la corbata del Rey?)
La princesa de Orange lució su primera tiara con tan solo nueve años, y lo hizo por todo lo alto: eligió la impresionante tiara ‘Mellerio Ruby’, una de las joyas más emblemáticas que la reina Máxima llevó en sus primeros retratos oficiales como soberana
El vestido electo fue uno largo al suelo con manga abullonada, con detalle de frunces en la cadera y espalda al aire. La tonalidad, un marrón que sentenciaba tendencia, incluso desde su cuelgue en la percha. Arancha, la patronista que habita tras este célebre modelo, tiene su atelier en Carabanchel, dónde desarrolló el cuidado patrón de este modelo. Para la producción, el tejido se cortó en el taller de Fernando en un polígono a las afueras de Madrid y, finalmente, se confeccionó en el taller de Joaquina en Talavera de La Reina, en Toledo. Lo que se traduce en un atuendo español, de principio a fin. La firma no apuesta por la descentralización de la producción. Un dinamismo que enfatiza los valores de la propia firma y, que, de alguna manera, la posiciona como referente de cómo hacer las cosas bien (barriendo para lo que es de uno mismo).
Como broche final, gastó todos los cartuchos en darle relevancia a diadema que hacía función de "tiara", una insólita, jamás antes lucida. El complemento llevaba amagos de cristalitos, una preferencia que sabemos que desde el último año, la princesa ha lucido (el pasado diciembre, ya la volvimos con una tiara auténtica de cristales durante la visita de Estado del presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y su esposa, Suzanne Innes-Stubb, a los Países Bajos). Un aderezo femenino que evocaba un estilo preppy con ese corte ancho, (Blair Waldorf, ¿eres tú o es la princesa Amalia?).
Una puesta en escena que acabó por reafirmar su amor por esta ecuación: las "tiaras", la moda y España. Es importante destacar que, su declinación por España no se fundó en ella por mera casualidad: la historia de amor de sus padres la arrojó a esta estimación, sin billete de vuelta atrás. Sus progenitores se conocieron en la Feria de Sevilla de 1999, (un amor a primera vista o al primer careo) y ella misma estuvo viviendo una larga temporada en Madrid. A esto se suma su perfecto dominio del castellano, un refuerzo extra a una conexión con la cultura y la moda del país.






