La trágica noche del 16 de julio de 1999, el mundo perdió a una de sus parejas más carismáticas y, aunque se diga poco, también se interrumpió la exitosa trayectoria de una mujer que redefinió la elegancia contemporánea. Carolyn Bessette, junto a John F. Kennedy Jr. y su hermana Lauren Bessette, fallecieron en un accidente aéreo cuando se dirigían a la boda de Rory Kennedy, prima del guapísimo político y heredero. Sin embargo, entre los restos de aquel fatídico siniestro, se pudo recuperar una pista clave sobre los momentos finales de la publicista. Hablamos del último vestido que compró antes de morir.
El vestido final de Carolyn Bessette Kennedy
La trágica muerte de Carolyn Bessette, su esposo John F. Kennedy Jr. y su hermana Lauren Bessette en un accidente de aviación sigue siendo uno de los episodios más recordados de la crónica social, pero existe un detalle que pocos conocen: el vestido que Carolyn había seleccionado cuidadosamente para esa noche y que nunca llegó a estrenar. El viaje tenía un motivo y ese era la boda de Rory Kennedy, hija del senador Robert F. Kennedy y sobrina del mítico presidente estadounidense John F. Kennedy, con el escritor Mark Bailey.
A Carolyn los eventos del clan Kennedy, que no eran pocos, le generaban una angustia casi equiparable a la que le provocaba la prensa del corazón. Siempre fue reservada y modesta, y no tenía intención de amoldarse a las rígidas exigencias de su familia política. Aun así, caía muy bien. Para ella, vestirse no era una cuestión superficial, sino un mecanismo de defensa, y utilizaba la ropa como una "armadura", de ahí su preferencia por el color negro y las líneas depuradas.
También influye que, antes de ser una Kennedy, trabajó en el departamento de relaciones públicas de Calvin Klein, donde interiorizó los principios de la estética minimalista de los 90. Su armario se basaba en un sistema de repetición: vaqueros rectos (sus favoritos eran los Levi’s 517), camisas blancas impecables, abrigos largos de corte masculino, jerséis de cashmere en tonos neutros, vestidos tipo slip...
Lo que hacía a Carolyn única era su capacidad para subvertir las reglas. Fue pionera en mezclar prendas de la vanguardia japonesa, como las de Yohji Yamamoto, con básicos cotidianos, creando un uniforme urbano insignia de la neoyorquina moderna que hoy sigue siendo la referencia principal para marcas como Khaite, The Row o Totême. Su vestido de novia, un diseño lencero de Narciso Rodríguez, a quien ella lanzó a la fama, rompió con los excesos de la época y sigue siendo el estándar de oro para las novias que buscan un look minimalista y atemporal.
Ella representaba lo que hoy, dos décadas después, llamamos "lujo silencioso", y que en ese momento era, en realidad, una declaración de control y contención frente al caos que experimentaba en su vida personal.
Así era el look de Saint Laurent que iba a estrenar la noche de su muerte
La presión era tremenda, así que Carolyn -ya acostumbrada a los desplantes de la familia Kennedy- buscó durante mucho tiempo el look de invitada perfecto para asistir a la boda de su prima política. Finalmente, lo encontró unos días antes del accidente en la prestigiosa tienda Saks de la Quinta Avenida de Nueva York. Así nos lo desvelaba el creador de contenido especializado en cine Carlos de Burgos en sus redes sociales.
Y la prensa de la época lo confirma: se trataba de vestido negro de la colección ready-to-wear Otoño 1999 de Yves Saint Laurent, valorado en 1.630 dólares y diseñado por Alber Elbaz (1961-2021), quien por aquel entonces se estaba estrenando como director creativo de la casa y consideraba a la publicista una de sus musas.
El diseño presentaba un escote asimétrico y románticas mangas tipo globo y su falda recta acababa justo encima de las rodillas. La elección fue meticulosa, pero el destino impidió que los Kennedy (y el mundo) vieran a Carolyn luciendo aquel diseño esa noche del 16 de julio de 1999.
Curiosamente, la historia de esta prenda no terminó con la tragedia.
Meses más tarde, en octubre de 1999, otro referente del estilo neoyorquino, la actriz Chloë Sevigny, rescató el mismo modelo para la premiere de la película Boys Don't Cry en la Gran Manzana. Ella, sin embargo, lo modificó para que el escote fuese bardot, ya que al ser elástico se podía ajustar para mostrar los dos hombros, en lugar de uno, como se concibió para la pasarela. Nunca sabremos, sin embargo, cómo pensaba ponérselo Carolyn, y tendremos que encontrar consuelo en su extenso legado de estilo, que hoy tiene más vigencia que nunca.












