Julien Dossena, director creativo de Rabanne, volvió a demostrar este jueves 5 de marzo en el desfile de Otoño/Invierno 2026-2027 que su visión de la feminidad contemporánea busca alejarse deliberadamente de lo perfecto y lo excesivamente pulido, para en su lugar, proponer una estética viva y en constante transformación. La colección, compuesta por 35 looks, propone piezas en movimiento, con referencias de distintas décadas mezclándose con naturalidad y contando una historia personal en un reflejo del presente de forma melancólica.
Sobre la pasarela parisina, desfilaron personajes con una actitud ligeramente louche: figuras seguras de sí mismas, algo misteriosas y con un magnetismo difícil de descifrar, que captaban la atención con looks que parecían construidos a partir de recuerdos y asociaciones inesperadas entre sí.
Entre ellas, destaca ese juego representado a través de capas y superposiciones tan presente en el desfile. Una mezcla casi caótica entre vestidos de cuello barco con un toques de los años 40, bajo chaquetas de shearling; trajes de cuadros con un aire intelectual; pantalones masculinos de tartán con tacones de estampado animal; blusas florales y chalecos de punto de colores vibrantes o bolsos mini. Un estilo que nos recuerda ligeramente a Prada y su concepto ugly chic, donde la belleza estilística aparece de lo discordante e inesperado.
La colección termina con un guiño a la historia de la propia casa, con piezas cargadas de personalidad. Pero el conjunto que destacó sobre el resto fue el de top de malla metálica drapeada con un jersey deconstruido con flecos y pequeños tubos metálicos. Un guiño al fundador de la firma, Paco Rabanne, el maestro del futurismo y los metalizados.












































