Únicamente necesitó cinco años de carrera y once películas para convertirse en una leyenda eterna de Hollywood. Hazte la idea de que la mayoría de los actores que te gustan, por jóvenes que sean, llevan trabajando desde que son niños y han participado en decenas, si no cientos, de producciones. Desde su inolvidable debut en Solo ante el peligro hasta los clásicos de Hitchcock La ventana indiscreta y Atrapa a un ladrón, Grace Kelly demostró una versatilidad y un magnetismo que la cámara adoraba. Sin embargo, la noche en la que se coronó definitivamente como la gran estrella del cine (y como la mujer más elegante del mundo) estrenó un diseño que cambiaría la historia de la moda en la alfombra roja y sería recordado como su último gran estilismo de gala.
Recordamos el vestido con el que Grace Kelly hizo historia en los Oscar
Corría el año 1955. Se celebraba la 27ª edición de los Premios de la Academia en el Teatro RKO Pantages y Grace estaba nominada a Mejor Actriz por su papel en La angustia de vivir (The Country Girl). Era una nominación especial: el año anterior ya había rozado la estatuilla como actriz de reparto por Mogambo, pero esta vez, su papel de Georgie Elgin le había exigido despojarse de todo su glamur habitual para interpretar a una mujer abatida y desaliñada. Compensando por esa falta de brillo en la pantalla, su aparición en los Oscar fue sencillamente deslumbrante, una de las obras maestras de la figurinista Edith Head, quien solo unos meses después diseñaría el vestido de novia de la futura princesa de Mónaco. Pero no nos adelantemos.
El más caro de su tiempo y con flores amarillas en el pelo
El vestido que Grace eligió para aquella noche de los Oscar solo podía llevar la firma de Edith Head. La legendaria diseñadora de vestuario (la mujer con más premios Oscar de la historia, sumando un total de ocho estatuillas a lo largo de su carrera) era la modista de cabecera de las divas de Hollywood y, además, una gran amiga y confidente de la actriz. Juntas crearon un sueño en seda francesa cuyo color exacto seguimos debatiendo más de 65 años después: un delicado tono a medio camino entre el azul hielo, el turquesa y el verde menta, los favoritos de la intérprete.
El diseño era una lección magistral de sofisticación, destacando por sus tirantes tubulares dobles y una preciosa estructura de drapeados laterales que arropaba su abdomen y realzaba su estrecha cintura. Curiosamente, este modelo ya lo había lucido en el estreno de la película, pero Grace estaba tan enamorada de él que decidió reciclarlo para los Oscar. Como ves, no es cosa nueva eso de repetir vestido en la alfombra roja, pero lo que ahora se vende como un gesto sostenible antes era una simple costumbre. Lo bueno se amortiza.
Y no era para menos: con un coste de 4.000 dólares de la época entre los lujosos materiales y su exquisita confección, fue el vestido más caro que había pisado la ceremonia hasta ese momento.
No se confió, sin embargo, por el valor de su vestido. Kelly sabía que los accesorios lo eran todo. Lo que este diseño tenía de clásico, ella lo elevó con toques originales que, en su momento, sorprendieron a la crítica de moda y se consideraron rompedores. Pensemos que hace más de medio siglo la moda de alfombra roja seguía unos cánones concretos y cualquier propuesta que escapara de estos límites era un símbolo de rebeldía frente a las instituciones.
La rubia angelical y adorada de Hollywood combinó este vestido de seda con unos sofisticados guantes de ópera blancos, un chal sobre los hombros a juego sobre los hombros, un diminuto bolso brocado colgado del brazo y unos discretos pendientes de perlas. El factor sorpresa estaba, más bien, en su cabeza: unas preciosas rosas de pitiminí amarillas adornaban su imponente recogido trenzado, desafiando con un solo accesorio las tendencias y costumbres de su tiempo.
El principio de su fin en Hollywood
Grace competía en su categoría contra gigantes y ganadoras anteriores de la preciada estatuilla; entre ellas, Audrey Hepburn y la gran favorita de la noche, Judy Garland, que hizo historia en el cina con su interpretación en Ha nacido una estrella. Cuando su compañero de reparto en La angustia de vivir, el actor William Holden, pronunció su nombre, la emoción inundó la sala. Contra todo pronóstico, era la ganadora, así que subió al escenario irradiando ese encanto y serenidad que la hacían única, y pronunció un discurso de agradecimiento breve, pero profundamente sincero: "La emoción de este momento me impide decir lo que realmente siento. Solo puedo dar las gracias con todo mi corazón a todos los que han hecho esto posible para mí. Gracias".
Aquel triunfo en los Oscar fue la cima absoluta de su carrera profesional, pero el destino le tenía preparado un giro de guion mucho más fascinante que el de cualquiera de sus películas. Solo unas semanas después de recoger el galardón, en mayo de 1955, Grace viajó al Festival de Cine de Cannes. Allí, durante una sesión de fotos organizada por la revista Paris Match, conoció al príncipe Rainiero III de Mónaco y el flechazo fue instantáneo. A raíz de esto, la intérprete tomó una decisión que dejó al mundo entero sin respiración: a sus 26 años, en la cúspide de su éxito, anunció que dejaba la actuación para siempre, haciendo que aquel vestido de seda con drapeados fuera recordado hasta nuestros días como su último gran look de alfombra roja.
En abril de 1956, la primera musa platinada de Hitchcock caminó hacia el altar para casarse con su príncipe, abandonando la gran pantalla y convirtiéndose, de manera oficial e irrevocable, en Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia de Mónaco. El cine perdió a su estrella más brillante, pero la moda ganó un icono eterno.
A día de hoy, aquel vestido sigue en la memoria de quienes sintonizamos cada edición de los premios más importantes del cine. Es por ello que, cuando Kim Basinger desfiló esa misma alfombra roja en el año 1998 luciendo un diseño satinado de color verde menta, hicimos de inmediato la conexión. ¿Coincidencia o inspiración? Quien fuera la chica Bond en Nunca digas nunca jamás ganó esa noche el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por su papel en L.A. Confidential y nada de su look nos recordaba su estatus de sex symbol, y mucho menos sus inicios como conejita de Playboy. Se decantó por un precioso Escada de cuello drapeado y espalda escotada en 'V' que se decoraba con un bonito lazo y confirmaba la verdadera inspiración. Más de cuadro décadas después del triunfo que selló el destino de Grace Kelly, su legado estaba tan vigente como siempre.









