Su magnífica genética y su rigurosa rutina de bienestar hacen que Olivia Palermo tenga exactamente el mismo aspecto que cuando la conocimos, hace 15 años, en una cena de Valentino, durante la Semana de la Alta Costura de París. De piel luminosa, ojos grandes y carácter alegre, conserva ese aire infantil.
En persona, es relajada, simpática... y se entrega a nuestra sesión de fotos con entusiasmo, sin pestañear, mientras camina, con confianza, hasta el centro de una calle de cuatro carriles para conseguir la toma perfecta, deteniendo el tráfico y con el claxon de los coches sonando a su alrededor. "Realmente adoro ser modelo", dice con una sonrisa cuando nos sentamos a charlar. "Me encanta estar en el set haciendo fotos. Forma parte de mis cimientos cuando empecé mi carrera y me encanta trabajar con nuevos fotógrafos, equipos de producción, peluqueros y maquilladores. Todo cuenta una historia".
La suya es un relato maravilloso, una especie de cuento de hadas, si se quiere, aunque esa expresión no hace justicia al enorme esfuerzo que implica mantenerse en el mundo de la moda durante tanto tiempo como ella.
"La edad es solo un número, ¿qué sentido tiene ocultarla? Hay que aceptarla. He tenido una vida maravillosa", nos dice Olivia, que el próximo mes de febrero cumplirá 40 años
Saltó a la fama con The City, un pionero "reality show" que se emitió entre 2008 y 2010. Ambientado en Nueva York, mostraba su sentido del estilo, que encarna perfectamente ese equilibrio entre lo sofisticado y lo informal, tan característico de los neoyorquinos.
El programa le abrió las puertas para lanzar su carrera como estilista, modelo y embajadora de marcas —entre sus primeros clientes, Tommy Hilfiger, Rochas y Piaget—. Rápidamente se convirtió en invitada habitual en los "front rows" de la moda internacional, sentándose entre Anna Wintour y Alexa Chung en los desfiles de Erdem, en Londres, o charlando con Anna Dello Russo en el de Valentino, en París. Todo el mundo quería un pedazo de Olivia, toda una "influencer" antes de que se acuñara el término.
Sin etiquetas
Al igual que muchos de los primeros "influencers" (OG), a Olivia no le gusta especialmente el término. "Lo aprecio", afirma con una sonrisa, cuando le pregunto cómo prefiere que la describan. "Me hace gracia, porque, cuando observas toda mi carrera, ves lo mucho que han cambiado el mundo de la moda y los “títulos”. Me han puesto muchas etiquetas distintas. Fue bonito crear un modelo que el mundo pudiera tomar y utilizar". Ahora, explica, abarca tantas que es difícil quedarse con una: "Soy moda en todos los sentidos", dice entre risas.
Sin duda lo es, vistiendo Topshop ("Todavía tengo piezas únicas de archivo de las que no me voy a deshacer") de una manera que consigue que parezca tan exclusiva como Celine, Valentino, Moncler y Giambattista Valli, que le encantan. También es una gran amante del cuero —"Es como mi uniforme"—. "Puedes ir a cualquier parte con él, incluso en verano si lo llevas de manera ligera. Como persona interesada en la moda, me gustan el blanco y el negro, pero también el color. De niña, mi vestido favorito era verde menta, y eso se ha quedado en mí. Le sienta bien a todo el mundo".
En cuanto a las prendas que nunca se pondría, detalla: "No me gusta la tendencia de los zapatos feos. No es para mí. También creo que el “spandex” debería reservarse solo para el gimnasio".
La neoyorquina por excelencia
Nació y se crio en Nueva York —ella y su marido, el modelo Johannes Huebl, se han mudado recientemente a un nuevo apartamento en TriBeCa—, pero su estilo tiene un toque europeo. Su comentario sobre el "spandex" lo dice todo: ese "look" "recién salida del gimnasio" tan querido por sus contemporáneas de Nueva York y Los Ángeles, simplemente, no es para ella.
Siempre está impecable con vestidos rectos, trajes pantalón entallados, faldas de cuero y una sucesión aparentemente infinita de abrigos de ensueño —su última adquisición es una gabardina de cuero negro de Mackage, "una de mis favoritas"—.
"Me encanta hacerme la manicura y la pedicura, y el cuidado del cabello lo es todo. Mi cara no es un patio de recreo para los productos"
Sobre lo que más le gusta esta temporada, menciona a su amiga Arianna Casadei, tercera generación al frente de la histórica marca italiana de zapatos de su familia. "Ha hecho un trabajo increíble. Más poder para las mujeres. Sus zapatos son muy cómodos y fabulosos, y sus bolsos, ligeros y superchic", explica. "También me encantan Valextra, Delvaux y Hermès. Para mí, todos comparten el mismo nivel de artesanía y calidad".
Hoy lleva un vestido negro de Self-Portrait ("Estuve en Londres hace unas semanas y lo compré por impulso"), sobre su camiseta blanca favorita de Giambattista Valli ("Tengo una de cada color"). Son amigos desde hace años, así que, cuando llegó la celebración de su décimo aniversario de boda, en el país natal de su marido, Alemania, el año pasado, solo él podía vestirla. Sus voluminosos tres vestidos, dos blancos y uno verde, fueron seleccionados personalmente de su colección de alta costura para el verano de 2024.
"Mi pequeño chef"
Olivia conoció a su marido en 2007, llevan once años casados —él le pidió matrimonio en St. Barts— y 18 juntos. "Es tan mono", dice, radiante, cuando aparece en la sesión durante el almuerzo para ver cómo van las cosas. "Es mi pequeño chef. Siempre me prepara el desayuno".
¿El secreto de un matrimonio feliz? "Se trata de ser cariñoso, atento y comprensivo, de estar realmente ahí para el otro. Conocer las necesidades de la otra persona y dedicarle tiempo. Es el mejor apoyo que podría pedir".
Johannes parece el tipo de hombre que tus padres desearían —y por el que posiblemente venderían un riñón— como marido para su hija. ¿Tiene el "Sr. Perfecto" algún hábito irritante? "¿Sinceramente? No. Soy muy afortunada".
¿Se atreve a opinar sobre su ropa? "Oh, sí. Trabajó como modelo durante doce años antes de que yo apareciera en su vida. En el hogar de los Palermo Huebl, el control de calidad está en lo más alto. Siempre damos nuestra opinión".
Dice que no hay un día típico para ella, "pero siempre tengo una rutina. Cuando estoy en mi casa, en Nueva York, soy muy disciplinada con lo que llamo mantenimiento. Me encanta hacerme la manicura y la pedicura. Y el cuidado del cabello lo es todo".
"Acabo de empezar a trabajar con David Mallett, un peluquero de Nueva York. Tengo a Cynthia Rivas, mi esteticista, a la que llevo viendo dos años y medio. Mi dermatólogo es el Dr. Robert Anolik. También voy a Tracy Anderson cinco días a la semana. Estoy en el estudio dos horas y media cada mañana. Una vez al año, voy a la clínica Lanserhof y hago una desintoxicación".
Aunque es muy cuidadosa con lo que come, lo es aún más con lo que se aplica en la cara. "Mi rostro no es un patio de recreo para los productos de otras personas. Solo uso iS Clinical, nada más. Tengo la piel muy sensible, por lo que debo ser muy selectiva con lo que utilizo".
Escapadas favoritas
Y es igual de exigente con el maquillaje: "Soy fiel a Charlotte Tilbury", sonríe. "Estoy muy orgullosa de ella. Fui su conejillo de indias cuando lanzó su marca y siempre seré su fan número uno". ¿Su producto favorito? "Bueno, tiene que ser In Love with Olivia, la barra de labios que bautizó en mi honor".
Me pregunto si alguien tan neoyorquino podría imaginarse viviendo en otro lugar. "Podría perfectamente en Milán", afirma. "Desde los 18 años, he vivido la mitad de mi vida en Nueva York y la otra mitad en Europa y nunca cambiaría. Para mí es muy importante tener esa parte europea. Ahora viajamos de un lado a otro una o dos veces al mes". "La calidad de vida en Europa es increíble. Todos mis amigos viven allí, tengo como cinco aquí en Nueva York. Eso es todo".
Sus escapadas europeas favoritas son a Hannover, la ciudad natal de su marido, o a St. Moritz, "mi lugar favorito en el mundo. En la montaña encuentro toda mi inspiración".
"Desde los 18 años, he vivido la mitad de mi vida en Nueva York y la otra mitad en Europa. Para mí es muy importante tener esa parte europea. Ahora viajamos de un lado a otro una o dos veces al mes"
Se toma con calma el hecho de cumplir 40 años en febrero. "Sinceramente, solo es un número. En lo que respecta a la edad, ¿qué sentido tiene ocultarla? Hay que aceptarla. He tenido una vida maravillosa", asegura. "Me siento bien, tengo buen aspecto, estoy rodeada de un equipo fantástico y me centro en la longevidad y la salud. Johannes y yo nos apoyamos mucho en ese sentido. Tenemos la misma visión de cómo vivir la vida".
Es decir, disfrutarlo. Sabe que lleva una vida dorada y envidiable, pero, aunque trabaja mucho, se asegura de dejar tiempo para divertirse.
Con nuestra entrevista ya casi terminada, le pregunto cómo define el lujo. "La alta joyería, los relojes, la moda... Pero el lujo también es tener un buen día libre, disfrutar con amigos y cuidarse de verdad. Tener un gran equilibrio entre el trabajo y la vida personal: eso, para mí, es un gran lujo".









