Alex Rivière-Sieber tiene las cosas muy claras. Sabe lo que quiere, pero sobre todo sabe lo que no. En la vida, sí, pero también en la moda. Coherencia, disciplina, criterio, estructura y equilibrio son palabras a las que ella misma recurre con frecuencia en esta conversación y que suponen los valores que definen su estilo de vida, su visión y su forma de vestir. No es un mero icono de estilo, sino una mujer que lee e interpreta la industria con ojo clínico y que sabe, en medio de un ruido infinito, poner el foco en lo que de verdad es importante. Es diseñadora, productora, experta en lujo y, en las páginas de FASHION mayo, también musa de la colección ‘Resort’ de Louis Vuitton, con la que posa para nosotros. Hablamos con ella sobre volver a lo esencial, lujo e identidad.
Tienes una marca, una productora y gestionas tu propio perfil. ¿Cuál es la fórmula para llegar a todo, hacerlo bien y no desgastarse por el camino?
Tener una visión muy clara y sostenerla con disciplina y estructura. Para mí, es fundamental trabajar con una mentalidad a largo plazo, priorizando la coherencia por encima del ruido. No se trata de llegar a todo, sino de saber dónde poner el foco. La consistencia, el esfuerzo constante y una estructura clara son lo que realmente permite construir algo sólido y sostenible en el tiempo.
¿En qué ámbito de tu trabajo te sientes más cómoda?
Especialmente en el proceso creativo, desde la concepción de una idea hasta verla materializada, ya que es donde puedo desarrollar mi visión con mayor libertad y donde siento que realmente aporto más valor. Me encanta crear, ya sea desarrollando un producto, un espacio o una campaña, siempre dentro de un mismo sentido estético y de un universo muy definido. Al mismo tiempo, disfruto mucho cuando esa creatividad se conecta con la parte estratégica: es en esa intersección donde todo cobra sentido.
“En un entorno con tanto ruido, mantenerse fiel a una misma implica decir 'no' a lo que no encaja contigo"
Tienes un estilo de vestir muy definido. ¿Cómo llegaste a él? ¿Pasaste por épocas en que vestías según lo que 'se llevaba' y no según lo que a ti te gustaba?
A lo largo de mi vida siempre he tenido bastante claro mi criterio estético. En un entorno con tanto ruido, mantenerse fiel a una misma implica tener la seguridad para decir “no” a lo que no encaja contigo. Nunca he buscado llamar la atención a toda costa, sino construir un estilo coherente en el tiempo. Creo que la moda es una forma de autoexpresión y me interesa explorarla y evolucionar, pero sin dejarme arrastrar por tendencias pasajeras que no responden a quién soy.
“Creo que ahora hay una necesidad de volver a lo esencial. El consumidor no busca solo una etiqueta, sino piezas con sentido"
¿Qué tiene que tener una prenda para conquistarte?
Intención. Me interesa ese equilibrio entre lo estético y lo funcional, piezas que no solo sean bonitas, sino que funcionen en la vida real y te acompañen con naturalidad. Y, sobre todo, tiene que ser una prenda a la que quieras volver. Si no tiene esa capacidad de permanecer en el tiempo y seguir teniendo sentido más allá de una temporada, pierde valor para mí.
¿Qué te inspira a la hora de vestirte y de pensar las colecciones de tu marca, Alex Rivière Studio?
Mi inspiración viene de muchos lugares, todos muy conectados con la moda y con mi propia historia. Guardo muchas prendas vintage de mi madre y de mi abuela, y para mí son una fuente constante de referencia. Me inspiran las proporciones, los tejidos, la forma en la que estaban construidas y esa elegancia que no depende de una época concreta. También el cine: la atmósfera, los personajes y la manera en la que construyen una identidad a través de la imagen. Y la gente que me rodea: observar cómo se visten, cómo combinan las prendas, cómo adaptan la moda.
"Las colecciones resort permiten construir un armario más real, con piezas que no dependen tanto de una tendencia puntual”
La firma cumple cinco años en un momento en que su estilo, el minimalismo y ese 'amor' por los básicos están en pleno auge. ¿Por qué crees que ahora se está volviendo a una moda más discreta?
Durante muchos años hemos vivido en una dinámica de consumo rápido, de “usar y tirar”, que ni es sostenible ni resulta realmente satisfactoria. Creo que ahora hay una necesidad bastante generalizada de volver a lo esencial. El consumidor es mucho más consciente y ya no busca solo una etiqueta, sino piezas con sentido, bien confeccionadas, que duren y que encajen en su vida real. Hay una atención mucho mayor a la calidad, a los materiales, al origen y a la versatilidad. En ese contexto, una moda más discreta y atemporal responde a esa necesidad de construir un armario con criterio, con piezas que permanezcan y que no dependan de tendencias pasajeras.
“La belleza de la moda está en construir un estilo propio a partir de distintas referencias, siempre filtradas por quién eres”
Después de este tiempo, ¿qué resumen haces de la evolución que ha tenido la firma?
El balance es muy positivo, sobre todo el aprendizaje y evolución constantes. Hemos pasado de ser una propuesta centrada en el resort-wear a construir una colección completa, con un armario más elevado y coherente, basado en piezas versátiles y atemporales. Todo el crecimiento ha sido muy orgánico y consciente, tomando decisiones con una visión clara a largo plazo y sin comprometer la esencia de la marca. Para mí era fundamental no perder coherencia en el camino, especialmente en una industria que tiende a la inmediatez. Hoy siento que hemos conseguido consolidar un lenguaje propio y construir algo que va más allá de la moda en sí: un universo con identidad, pensado para perdurar y acompañar a la mujer en distintos momentos de su vida.
Posas con la colección Resort de Louis Vuitton y tu marca nació con una de estas “cápsulas”. ¿Qué tienen de especial?
Las colecciones Resort nacen con una vocación muy concreta: acompañar a una mujer que viaja y necesita un armario versátil, adaptado a distintos climas y momentos. Son colecciones que se sitúan entre temporadas y, precisamente por eso, tienen una naturaleza mucho más funcional y transestacional. Para mí, ahí está su valor. Permiten construir un armario más real, con piezas que se adaptan, que viajan bien y que no dependen tanto de una tendencia puntual. Por eso tenía todo el sentido que la marca naciera desde ese punto. El Resort refleja muy bien mi manera de entender la moda: práctica, atemporal y pensada para acompañar a la mujer en su día a día, esté donde esté.
“Me encanta crear. Esa intersección entre creatividad y negocio es donde todo cobra sentido"
Si pudieras cambiarte el armario con una mujer, ¿con quién lo harías?
Admiro el estilo de muchísimas mujeres, pero creo que el armario es algo profundamente íntimo y personal. Con los años he ido construyendo el mío con mucho mimo, seleccionando piezas que cuentan mi propia historia y con las que me siento verdaderamente cómoda. Si tuviera que elegir, no sería el armario de una sola persona, sino una mezcla de varias. Me atrae la naturalidad y ese punto desenfadado de Kate Moss, el minimalismo impecable de las hermanas Olsen o la elegancia atemporal de Jackie Kennedy. Al final, la belleza de la moda está precisamente en eso: en construir un estilo propio a partir de distintas referencias, pero siempre filtradas por quién eres.
¿Cuál es tu definición del lujo?
Para mí, el lujo no se trata de un nombre o una etiqueta, sino de una experiencia y de cómo te hace sentir. Es la sensación de una prenda sobre la piel, la comodidad que te aporta y la belleza de todo lo que la rodea, incluyendo el savoir-faire y la artesanía. Hoy en día, el verdadero lujo está profundamente vinculado a la autenticidad y a la atención al detalle. Se trata de una emoción mucho más que de una simple apariencia.












