Rania de Jordania lleva años jugando en la liga de las royals que han convertido la moda en un lenguaje político. Hace apenas unos días la veíamos en Aqaba con uno de sus colores favoritos —el azul bebé—, una tonalidad que ha integrado en su identidad visual como lo hicieron Jackie Kennedy con los pasteles o la reina Isabel II con los colores vibrantes. La semana pasada, en Estambul, apostaba por un look escultórico cuyo precio superaba los 9.000 euros, confirmando su afinidad por la arquitectura textil de Alaïa y la poesía cromática de Dries Van Noten. Y ahora, en Nueva Delhi, la reina consorte de Jordania vuelve a afinar su discurso visual con un conjunto de rosa pálido y tul bordado, coronado por unos pendientes de más de 40.000 euros.
El look en Nueva Delhi: rosa y lunares
Para inaugurar el ET NOW Global Business Summit en la capital india, Rania optó por un look femenino y elegante. La base era un top rosa empolvado de Rosetta Getty, una firma californiana conocida por su minimalismo, que en manos de la reina adquiere una lectura institucional.
La pieza central del estilismo fue una falda midi de tul bordado con lunares de Fendi, una prenda que juega con la tradición del couture italiano —el tul, el bordado, la estructura recta— pero que introduce un punto lúdico con el motivo polka dot. En un contexto dominado por discursos económicos y geopolíticos, la elección de una falda de lunares no es banal: los lunares han sido históricamente un símbolo de feminidad, desde los vestidos de Christian Dior en los años cincuenta hasta los archivos de Valentino o Carolina Herrera.
En los pies, Rania recurrió a los zapatos de tacón Lorenzo 105 de Jennifer Chamandi, en ante verde oliva. El diseño incluye el característico “Eye of the Needle”, una abertura en el empeine que convierte un zapato clásico en un gesto contemporáneo. Es un detalle casi invisible para el ojo pero muy elocuente en términos de estilo: tradición con un toque de modernidad.
Joyas de más de 40.000 euros
Si hubo un elemento que concentró la narrativa del look, fueron los pendientes Merveilles Halo de Boghossian, realizados en oro rosa de 18 quilates y engastados con más de 5 quilates de zafiros rosas y más de 5 quilates de diamantes. Su valor supera los 40.000 euros, pero su importancia va más allá del precio.
La técnica patentada Merveilles permite que las piedras parezcan suspendidas en el aire, sin apenas metal visible, creando un efecto de halo luminoso que evoca fenómenos astronómicos —los arcos solares y lunares—.
Humildad como estrategia de liderazgo
Rania inauguró el foro global con un discurso centrado en la humildad como valor político. “Cuando aceptas que no lo sabes todo, construyes de forma diferente”, afirmó, subrayando la necesidad de sistemas inclusivos y resilientes. En un mundo acelerado por la inteligencia artificial y la política del espectáculo, la reina defendió la duda como virtud, una idea profundamente contracultural.
Alertó sobre el peligro de confundir movimiento con progreso y criticó los sistemas que privilegian la popularidad sobre los principios. También reivindicó el papel del llamado Sur Global en la conversación global, recordando que las decisiones tomadas por los poderosos afectan de forma desproporcionada a quienes tienen menos voz.
El azul bebé como firma personal
Días antes, en Aqaba, Rania había vuelto a uno de sus uniformes: el azul bebé. Para inaugurar la 25ª sede del Centro Cultural Zahra, eligió un conjunto de Zimmermann con blusa de mangas abullonadas y falda midi en denim de algodón. La técnica del fruncido tipo nido de abeja, utilizada también por la reina Letizia desde 2017, definía la cintura con una precisión casi arquitectónica.
Estambul y la arquitectura del poder
En Turquía, la reina desplegó un registro distinto: diplomacia de alto voltaje. El abrigo escultórico de Alaïa, con botones curvos que esculpen la cintura, era una pieza casi museística. Bajo él, una falda de terciopelo de Dries Van Noten y un bolso Peekaboo de Fendi completaban un conjunto cuyo valor superaba los 9.000 euros.









