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De Alexandra de Hannover rescatando el vestido dorado de Grace Kelly a la princesa Charlotte con el broche de la Reina Madre: 5 'royals' que han heredado auténticos tesoros familiares


Vestidos que vuelven seis décadas después, joyas que pasan de reinas a princesas y piezas familiares que encuentran una nueva vida lejos de la época en que fueron creadas


La princesa Alexandra de Hannover con el vestido dorado 'vintage' de su abuela Grace Kelly, 2026.© @alex.hanover
Actualizado 22 de septiembre de 2026 a las 10:28 CEST

En las familias reales, vestidos de gala, collares y pequeños broches pueden pasar de una generación a otra y reaparecer décadas después en escenarios completamente distintos: Alexandra de Hannover acaba de recuperar el vestido dorado de Givenchy que su abuela Grace Kelly llevó en Atenas en 1962, durante las celebraciones previas a la boda de los futuros reyes Juan Carlos y Sofía; y Beatriz de York se casó en 2020 con el vestido de Norman Hartnell que Isabel II había llevado a la presentación de Lawrence of Arabia, también en 1962. Son piezas que han sobrevivido al paso del tiempo, vestidos inspirados en La Primavera de Botticelli, bordados con más de 10.000 perlas, y collares de diamantes art déco que han sido regalos de los reyes. Esto, también es una forma de conservar la memoria familiar: desde el broche de diamantes de la Reina Madre que Isabel II regaló a la princesa Charlotte hasta los vestidos que han viajado del armario de Beatriz de Holanda al de Máxima y Amalia, estas royals demuestran que en las casas reales la moda también puede funcionar como una herencia viva. 

La princesa Alexandra de Hannover con el vestido dorado 'vintage' de su abuela Grace Kelly, 2026.© @alex.hanover

La princesa Alexandra de Hannover con vestido dorado de Grace Kelly, 2026.

Alexandra de Hannover: un vestido 'vintage' de hace 64 años

La hija menor de Carolina de Mónaco, recién comprometida con Ben-Sylvester Strautmann, ha recuperado recientemente un vestido de Givenchy que perteneció a Grace Kelly y que la princesa de Mónaco llevó en Atenas en mayo de 1962, durante las celebraciones previas a la boda de Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia. Más de seis décadas después, la pieza ha vuelto a escena de la mano de su nieta.

Grace Kelly en la gala previa a la boda de los reyes Juan Carlos y Sofía en Atenas, 1962© ¡HOLA!

Grace Kelly y Rainiero de Mónaco en la boda de Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia en Atenas, 1962.

Grace Kelly: lentejuelas para una cita ceremoniosa

Para entender la importancia del vestido hay que retroceder hasta mayo de 1962. Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia iban a casarse en Atenas y las celebraciones reunieron a representantes de numerosas casas reales europeas. Grace Kelly y Rainiero III de Mónaco también viajaron a Grecia para participar en aquellos actos.

Fue en una de las grandes veladas previas al enlace cuando Grace apareció con el vestido de Givenchy. Su versión del look era mucho más ceremoniosa: añadió largos guantes blancos, una espectacular tiara, un collar y una pulsera de diamantes, además de la banda de la Orden de Beneficencia, una distinción femenina del Reino de Grecia que había recibido pocos días antes. 

La princesa Beatriz de York el día de su boda, con el vestido de su abuela, la reina Isabel II.© Benjamin Wheeler

La princesa Beatriz de York el día de su boda con Edoardo Mopelli Mozzi, 2020.

Princesa Beatriz: el 'algo prestado' para su boda

En julio de 2020, en una ceremonia íntima en la capilla real de Windsor, la princesa Beatriz de York se dio el "sí, quiero" con Edoardo Mapelli y sorprendió con una decisión que mezcló lo sentimental y lo sostenible: llevar un vestido vintage de su abuela, la reina Isabel II. La pieza, obra de Norman Hartnell, está confeccionada en tafetán y rematada con satén francés. Su cuerpo presenta un patrón geométrico con aplicaciones de diamanté. Para la novia se añadieron mangas de organza y se realizaron ajustes por Angela Kelly y Stewart Parvin, lo que actualizó la silueta sin borrar su huella histórica.

La reina Isabel II en la 'premiere' de 'Lawrence of Arabia' en Londres, 1962. © Getty Images

La reina Isabel II en la 'premiere' de 'Lawrence of Arabia' en Londres, 1962.

Reina Isabel II: el vestido de 'Lawrence de Arabia'

El vestido que eligió Beatrice tenía ya una biografía propia. Isabel II vistió la misma prenda en la premiere de Lawrence de Arabia en 1962, en el Odeon de Leicester Square, uno de los eventos más recordados de su juventud. Era una versión más larga y sin mangas. Hartnell —diseñador clave de la corte británica— firmó numerosas piezas para la Casa Real, incluido su vestido de novia de 1947, inspirado en La Primavera de Botticelli y bordado con más de 10.000 perlas, así como de su túnica de coronación de 1953. La prenda incorpora los recursos técnicos y ornamentales típicos del diseñador —tafetán de seda de alta calidad, bordados y aplicaciones— y la adaptación para Beatrice respetó esa tradición al tiempo que la puso al servicio de una novia contemporánea. 

Alejandra de Hannover en el Día Nacional de Mónaco, 2024.© Getty

Alejandra de Hannover en el Día Nacional de Mónaco, 2024.

De nuevo, Alexandra de Hannover: un traje marrón heredado

En la Fête du Prince de Mónaco de 2024, la princesa Alejandra recuperó un traje de seda marrón que perteneció a su abuela, Grace Kelly. Firmado por Dior en la era de Marc Bohan, director creativo de Dior entre 1961 y 1989 y uno de los modistos más influyentes del siglo XX. También vistió a Elizabeth Taylor, Sophia Loren y Jackie Kennedy —esta última llegó a replicar sus modelos con el diseñador estadounidense Oleg Cassini para no favorecer firmas francesas—. El conjunto remite a la Bar de la maison: chaqueta de escote redondeado y cintura entallada, falda por debajo de la rodilla y un corte que ha envejecido con pulcritud. La prenda fue ya retomada por la madre de Alejandra, la princesa Carolina de Mónaco, en 1993, para la misma celebración. Cualquier pieza ligada a Grace se ha convertido en objeto de culto y subasta.

Grace Kelly con el príncipe Raniero en el balcón de su palacio, alrededor de 1960. © Getty

Grace Kelly con el príncipe Raniero en el balcón de su palacio, alrededor de 1960.

Grace Kelly: sus prendas como objetos de culto

Los expertos en moda vintage, como Hanushka Toni (Sellier) o Antonia Johnstone (Sign of the Times), consideran este traje una pieza de valor histórico incalculable: “Dior en esa época era extremadamente selectivo en la confección de prendas para la realeza, lo que hace que el traje sea una rareza”, señalan. Además, la conservación de los modelos de Grace Kelly —considerada un icono absoluto de la elegancia del siglo XX— añade un valor simbólico y patrimonial. De hecho, un vestido Givenchy de su archivo se subastó por 325.000 dólares, muy por encima de su estimación inicial. 

La princesa Amalia de Países Bajos en el concierto celebrado el el Museumplein por el 750 aniversario, 2025. © Getty

La princesa Amalia de Países Bajos en el concierto celebrado en el Museumplein por el 750 aniversario de Ámsterdam, 2025.

Princesa Amalia de Holanda: el vestido verde con plumas de marabú

En la celebración del 750º aniversario de Ámsterdam en el Museumplein, la princesa Amalia de los Países Bajos recuperó un vestido verde con motivo "ojo de pavo real" que perteneció a su abuela, la reina Beatriz, y que también lució la reina Máxima. El vestido destaca por su bordado de abalorios, cuello cerrado, manga larga y una falda adornada con plumas de marabú.


La reina Máxima de Holanda, 2024.© Getty

La reina Máxima de Holanda de camino al 'Freedom Concert', Ámsterdam, 2014.

Beatriz y Máxima: prendas que viajan entre generaciones

Diseñado por Theresia Vreugdenhil, el vestido perteneció originalmente a la reina Beatriz, quien lo estrenó durante una visita de Estado a Bélgica en 1981, y más tarde lo llevó la reina Máxima en el Concierto de la Liberación del 5 de mayo de 2014. El diseño destaca por su artesanía y su inconfundible tono esmeralda. 

La boda de Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam en Mónaco, 2019. © Felix Dol Maillot / Cortesía del Palacio del Príncipe de Mónaco

La boda de Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam en Mónaco, 2019.

Carlota Casiraghi: el collar heredado en su boda civil

En su boda civil con Dimitri Rassam en 2019, Charlotte Casiraghi eligió, además de un vestido de Chanel, un collar de Cartier de tres hiladas que perteneció a su abuela, Grace Kelly. La pieza, montada en platino de inspiración art-déco, tiene un valor inmenso. Exhibido en 1960 por la propia Grace y prestado por el palacio a exposiciones como la del Museo Thyssen en 2012, funcionó en la boda de Carlota como un"algo prestado" tan íntimo como simbólico.

Grace Kelly, con collar © Getty

Grace Kelly, con collar de tres hileras de diamantes de Cartier, 1960.

Grace Kelly: la joya como memoria pública

Es una de las joyas más emblemáticas de la familia Grimaldi: el collar de tres hileras de diamantes de Cartier que Raniero III regaló a Grace en 1956 como obsequio de boda. La pieza, de unos 64 quilates de diamantes redondos y talla esmeralda, está montada en platino y responde al estilo festoon característico de Cartier durante la década de 1950. Grace lo lució en 1960 en una recepción en Mónaco, acompañado de un recogido pulido, y más tarde fue una de las piezas estrella de la exposición The Art of Cartier del Museo Thyssen de Madrid en 2012, a la que la propia Carlota asistió. 

La princesa Charlotte en el funeral de la reina Isabel II, 2022.© Getty

La princesa Charlotte en el funeral de la reina Isabel II, 2022.

Princesa Charlotte: el broche de su tatarabuela

En un gesto cargado de significado, la princesa Charlotte, con tan solo siete años, lució por primera vez un broche en forma de herradura en septiembre de 2022, en el funeral de su bisabuela, la reina Isabel II. El diamante en forma de herradura había pertenecido originalmente a la Reina Madre. Charlotte comparte la misma pasión ecuestre que caracterizó a su bisabuela y a su tatarabuela, como reconoció la amazona paralímpica Natasha Baker, quien en 2018 relató cómo la princesa ya disfrutaba de montar a caballo desde pequeña. En su solapa, el broche no solo rindió homenaje a Isabel II, sino también a la Reina Madre, sellando un vínculo de cinco generaciones de mujeres.

La Reina Madre, duquesa de York, en 1929.© Getty

La Reina Madre, duquesa de York, en 1929.

La Reina Madre: la pasión heredada por los caballos

La pieza perteneció originalmente a la Reina Madre, que fue retratada con ella en 1929. Décadas después pasó a manos de Isabel II, quien mantuvo siempre una profunda afición por los caballos —recibió su primera clase de equitación a los tres años y siguió montando hasta pasados los noventa—. La monarca quiso obsequiarla a su bisnieta poco antes de su fallecimiento, convirtiéndola en un legado cargado de afecto.