Para Teresa de la Cierva, aristócrata y voz de referencia en el periodismo de belleza en España (@tdelacierva), Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) no es solo un destino de verano, sino un lugar ligado a su vida. Frente al Atlántico se alza la casa que compró junto a su marido en 2009 y que, desde entonces, se ha convertido en el punto de encuentro de varias generaciones de su familia. Construida en 1930 en la finca La Caridad, perteneció originalmente a la familia Barbadillo. Tradicionalmente, se ha atribuido al arquitecto Aníbal González, diseñador de la expo de Sevilla de 1929 y de su Plaza de España.
Tras pasar por distintos propietarios, Teresa y su familia decidieron devolverla a la vida. La rehabilitación se hizo junto al arquitecto Manolo Barbadillo y terminó en 2012. Hoy, Teresa nos recibe junto a sus hijas, Inés e Ymelda Bilbao, en la maravillosa construcción. “Era una de esas casas que todo el mundo en Sanlúcar soñaba con tener algún día, así que nos sentimos unos auténticos privilegiados”, explica Teresa. Su conexión con Cádiz viene de lejos. Su abuelo era jerezano y buena parte de los veranos de su infancia transcurrieron en Jerez. Más tarde llegaron los años en El Puerto de Santa María hasta que su madre descubrió en Sanlúcar el lugar perfecto para pasar los veranos familiares.
“Tener el sol cayendo frente a la casa durante buena parte del año es uno de los mayores lujos que nos regala este lugar” Teresa de la Cierva
Teresa siguió sus pasos y hoy lo tiene claro: "Sanlúcar es mi lugar en el mundo". La familia procura escaparse al sur al menos un fin de semana al mes, además de pasar aquí Navidad, Semana Santa y verano. La vivienda también ha servido de escenario para los proyectos profesionales de sus hijas: Inés la ha utilizado para producciones de su agencia Simona e Ymelda para sesiones fotográficas de su firma Cloking.
Los días transcurren entre paseos por la playa, excursiones en barco frente a Doñana, largas sobremesas y partidas de cartas. Pero si hay algo que define la vida en la casa son los encuentros. “Una de las cosas que más me gusta de Sanlúcar es que los planes son muy intergeneracionales. Lo mismo compartimos mesa con mi madre y sus amigos que con nuestros hijos y los suyos”, apunta Teresa.
“Este es mi lugar en el mundo y esta es una de esas casas que todo el mundo en Sanlúcar soñaba con tener algún día” Teresa de la Cierva
A la hora de rehabilitar la vivienda, recuperó los suelos hidráulicos, las tejas y los azulejos históricos, e incorporó materiales muy vinculados a Andalucía, como los tejidos rústicos en tonos azules, su color favorito. Para ello contó con la ayuda del decorador jerezano Nacho Gómez. Pero entre todos los rincones de la casa, hay uno que ocupa un lugar especial. Se trata de una pequeña esquina donde la familia se reúne cada tarde para tomar el aperitivo y ver la puesta de sol.
“La verdad es que salimos poco de esta casa porque aquí se está demasiado bien. Pero también hacemos planes en el pueblo” Inés Bilbao
Tener el sol cayendo frente a la casa durante buena parte del año es uno de los mayores lujos que nos regala este lugar”, explica nuestra anfitriona. La casa cobra una vida especial los meses de verano. Llegan los tres hijos de Teresa, los nietos y los amigos. “Me da igual que vengan cuatro que 40 -comenta-. Intento que todo sea fácil y que se sientan como en su propia casa”. Sus hijas han heredado ese vínculo emocional con la zona.
“Nuestros amigos de aquí ya son familia -cuentan-. La verdad es que salimos poco de esta casa porque aquí se está demasiado bien, pero hacemos muchísimos planes en el pueblo”. Las dos recuerdan una infancia marcada por los veranos en casa de su abuela junto a sus primos. Los días transcurrían entre clases de vela, golf, tenis y excursiones a la playa.
“Era como vivir en un campamento permanente”, recuerdan. De pequeñas organizaban sus propias apuestas para las carreras de caballos que se celebran en la playa con monedas de juguete y construían casetas improvisadas en el jardín.
“Aquí los planes son intergeneracionales. Lo mismo compartimos una mesa con mi madre y sus amigos que con mis hijos y los suyos” Teresa de la Cierva
“Nos lo tomábamos tan en serio que discutíamos los resultados como si fuéramos profesionales”, cuentan entre risas. Es precisamente durante las carreras cuando la casa alcanza su máxima ocupación. “Siempre hay alguien ocupando una habitación inesperada, un colchón en el suelo o una sobremesa que acaba convirtiéndose en una fiesta improvisada”. Muchas de esas noches terminan con Inés, que también es DJ, poniendo música mientras varias generaciones comparten pista de baile.
La amistad es otro de los pilares de su historia en Sanlúcar. Entre todos los nombres destacan los Laffón, vecinos desde hace años, y hoy prácticamente familia. Un cuadro de la artista Carmen Laffón es precisamente una de las piezas más queridas de la casa.
Las hermanas observan con ilusión cómo aquella pandilla infantil continúa ahora a través de sus hijos. Un día cualquiera de verano comienza temprano. “¡Por culpa de los niños nos toca madrugar a todos”, bromean. “Lo mejor es que, años después, seguimos riéndonos de las mismas historias y ahora son nuestros hijos quienes empiezan a crear sus propios recuerdos aquí”.
“Nuestros amigos de aquí ya son familia. Siempre hay alguien ocupando una habitación inesperada” Ymelda Bilbao

















