Seguro que has vivido esta situación: estás paseando tranquilamente con tu perro, aparece otro a lo lejos y, de repente, empieza a ladrar, tirar de la correa y ponerse nervioso. Quizá te preguntes por qué reacciona así cuando el otro animal ni siquiera se ha acercado. Aunque solemos interpretar estos ladridos como una señal de agresividad, detrás de este comportamiento puede haber miedo, ansiedad, frustración o simplemente demasiada excitación. Y entender qué le ocurre es fundamental para ayudarle.
Así lo explica Paloma Ballester, veterinaria de AniCura Velázquez Hospital Veterinario, quien recuerda que muchas veces el ladrido es una respuesta emocional ante una situación que el perro no sabe gestionar. Para comprenderla, conviene observar algo más que el sonido. Y es que los perros, entre ellos, tienen un montón de señales posturales diferentes, que les sirven mucho mejor para comunicarse que cualquier vocalización.
¿Por qué algunos perros ladran siempre al ver a otros perros?
No todos ladran por el mismo motivo. Según explica Paloma Ballester, algunos lo hacen porque perciben al otro animal como una amenaza e intentan mantenerlo alejado. Otros, por el contrario, quieren acercarse para saludar o jugar, pero la imposibilidad de hacerlo les genera frustración.
También puede haber ansiedad, excitación o un comportamiento aprendido. "Si al ladrar el otro perro se aleja, puede aprender que ladrar funciona para conseguir distancia", explica la veterinaria.
Por eso, un perro que ladra a otros perros no tiene por qué ser agresivo. En muchos casos está expresando una emoción que no sabe manejar.
¿Cómo saber si un perro ladra por agresividad, miedo o frustración?
La clave está en su lenguaje corporal. Un perro que siente miedo puede agacharse, llevar las orejas hacia atrás, recoger la cola o intentar alejarse.Estos ladridos pueden ser descontrolados y acompañarse de una postura de retroceso.
En cambio, la frustración suele manifestarse con saltos, movimientos intensos, lloriqueos y tirones de correa. Cuando existe una amenaza de agresión, podemos observar rigidez muscular, mirada fija, cuerpo adelantado o exhibición de dientes.
Sin embargo, la veterinaria advierte de que estas emociones no son excluyentes. Un perro asustado puede mostrar comportamientos defensivos y llegar a reaccionar agresivamente si se siente acorralado.
Por tanto, antes de etiquetarlo como agresivo, debemos intentar comprender qué está sintiendo.
¿Por qué algunos perros ladran más cuando van atados con la correa?
Es una situación muy habitual. Hay perros que se relacionan sin problemas con otros cuando están sueltos, pero que comienzan a ladrar durante los paseos con correa.
Ballester explica que la correa limita su capacidad de elección. Cuando van libres pueden acercarse, describir una curva, detenerse o alejarse. Sin embargo, al estar sujetos pierden parte de esas posibilidades.
En los perros miedosos, esta limitación puede provocar una sensación de estar atrapados. En los más sociables, la imposibilidad de acercarse puede generar frustración.
Además, la especialista recuerda que cuando el cuidador ve venir a otro perro y tensa la correa o se pone nervioso, puede añadir más tensión al encuentro.
Esto no significa que debamos soltar al animal para comprobar cómo reacciona. Lo importante es comprender que el contexto influye en su comportamiento.
¿Influyen la socialización, las experiencias anteriores o el carácter?
Sí, y mucho. Durante sus primeros meses de vida, los cachorros atraviesan una etapa especialmente importante para aprender a relacionarse con su entorno. Las experiencias positivas y progresivas con otros perros favorecen que desarrollen seguridad.
Sin embargo, Ballester insiste en que socializar no significa obligarlos a saludar a todos los perros que encuentran, sino enseñarles a convivir con diferentes estímulos de manera tranquila.
Las experiencias negativas también dejan huella. Un ataque o un encuentro intimidante pueden hacer que el perro anticipe una amenaza incluso cuando no existe.
A ello se suman las diferencias individuales. Algunos animales son más sensibles, inseguros o excitables. La genética, la edad y el estado de salud también influyen en sus reacciones.
¿Qué debemos hacer cuando nuestro perro ladra a otro?
Lo primero es mantener la calma y, siempre que sea posible, anticiparnos. Si observamos que se acerca otro perro y el nuestro comienza a ponerse nervioso, podemos cruzar la calle, cambiar de dirección o aumentar la distancia.
Ballester recomienda mantener la correa segura, pero sin tensión innecesaria, y premiar los comportamientos tranquilos. El trabajo debe ser progresivo, comenzando desde una distancia en la que el perro pueda observar a otros animales sin perder el control.
¿Y qué debemos evitar? Gritarle, castigarlo, darle tirones bruscos o forzarlo a acercarse para que se acostumbre. Tampoco conviene reñirle por gruñir, ya que podríamos eliminar una señal de advertencia sin resolver el malestar que la provoca. Tampoco deben usarse collares antiladridos de ningún tipo y mucho menos sin preguntar a un especialista, puesto que podemos agravar el problema.
Si esta conducta se repite, lo recomendable es consultar con un profesional del comportamiento canino que identifique su causa y proponga un tratamiento adaptado.
Porque el objetivo no es que nuestro perro salude a todos los que encuentra, sino que aprenda a pasar junto a ellos sintiéndose seguro y tranquilo. Y para conseguirlo, a veces el primer paso es tan sencillo como darle espacio y aprender a escuchar lo que intenta decirnos.









