COMPORTAMIENTO ANIMAL

Ana Ramírez, veterinaria: "Si un perro se emociona demasiado cuando llegas a casa, podría tener dificultades para gestionar la separación"


Los saltos, los ladridos y las carreras por el pasillo son algunas de las formas que tienen los perros de recibirnos. Pero detrás de esa emoción también pueden esconderse otras sensaciones que conviene aprender a reconocer.


Perro mestizo feliz© Getty Images
16 de octubre de 2026 a las 19:01 CEST

Da igual que hayamos pasado ocho horas fuera o que solo hayamos bajado cinco minutos a comprar el pan. En cuanto abrimos la puerta, nuestro perro viene corriendo a recibirnos, mueve la cola sin parar, salta, nos lame las manos y, en ocasiones, hasta parece que llora de emoción. Es una de las escenas más entrañables de la convivencia con estos animales y solemos interpretarla como una demostración de lo mucho que nos quieren. Y, aunque en buena parte es así, no siempre esa reacción tan exagerada significa que nuestro perro esté feliz. En algunos casos, detrás de tanta efusividad puede haber nerviosismo, estrés o dificultades para quedarse solo.

Para comprender mejor qué sienten los perros cuando volvemos a casa, hemos hablado con Ana Ramírez, directora técnica veterinaria de Kivet, quien nos explica por qué algunos animales parecen perder el control al vernos y qué deberíamos hacer para que ese reencuentro sea agradable para ellos.

Los lamidos de un perro pueden parecer simples muestras de cariño, pero también son una forma de buscar atención, contacto y pertenencia dentro del grupo familiar© Getty Images

¿Por qué mi perro se pone tan contento cuando llego a casa?

La primera explicación tiene que ver con la propia naturaleza de los perros. Son animales sociales que establecen vínculos estrechos con las personas con las que conviven. Por eso, nuestra ausencia supone una interrupción de esa relación cotidiana y nuestra llegada les permite recuperar algo que para ellos es muy importante: nuestra compañía.

"Para muchos de ellos, el reencuentro con las personas con las que conviven tiene un gran valor emocional", explica Ana Ramírez. Y añade que, independientemente de cuánto tiempo hayamos estado fuera, volver a vernos significa recuperar la interacción, la atención y las actividades que compartimos habitualmente.

Pero hay otro aspecto interesante. Los perros no perciben el paso del tiempo exactamente igual que nosotros. Aunque pueden aprender rutinas y anticipar acontecimientos, su manera de experimentar una ausencia no tiene por qué corresponderse con nuestra percepción de los minutos o las horas.

Esto ayuda a entender por qué algunos nos reciben con el mismo entusiasmo después de una jornada de trabajo que cuando regresamos de tirar la basura.

Que un perro salte, ladre o llore al vernos llegar no siempre significa solo alegría: también puede haber excitación, alivio, apego o ansiedad© Getty Images

¿Por qué algunos perros saltan, lloran o corren por toda la casa y otros no?

No todos los perros expresan sus emociones de la misma manera. Mientras algunos corren de una habitación a otra, ladran o intentan subirse encima de nosotros, otros se limitan a acercarse tranquilamente, mover la cola o sentarse a nuestro lado.

Según Ana Ramírez, estas diferencias dependen de factores como la personalidad, la edad, el nivel de energía, las experiencias previas, la educación recibida e incluso la raza.

Por ejemplo, un perro joven y muy activo puede manifestar su entusiasmo de manera más llamativa que otro de edad avanzada y temperamento tranquilo.

Lo importante, insiste la especialista, no es que el animal nos reciba con mayor o menor efusividad, sino que pueda gestionar lo que siente sin experimentar un malestar excesivo.

Mujer feliz con su perro© Getty Images

¿Qué siente realmente mi perro cuando me ve?

Lo más habitual es que el reencuentro despierte emociones positivas. "En la mayoría de los casos, la reacción suele estar relacionada con emociones positivas como la alegría, la excitación o la expectativa de compartir un momento agradable", señala la veterinaria.

Y es que nuestra llegada también anuncia cosas que les gustan: recibir caricias, jugar, salir a pasear o, sencillamente, descansar a nuestro lado.

Perro esperando en la puerta© Getty Images

Sin embargo, la especialista advierte de que una reacción muy intensa no siempre es sinónimo de felicidad. Hay perros que se excitan especialmente por su temperamento o por el vínculo que mantienen con sus cuidadores, pero también los hay que experimentan dificultades para gestionar la separación.

¿Cómo podemos distinguirlo? La clave está en observar qué ocurre antes y después del saludo. Si nuestro perro se tranquiliza al poco tiempo y durante nuestra ausencia ha permanecido relajado, probablemente estamos ante una respuesta normal. En cambio, si le cuesta mucho recuperar la calma o muestra señales de estrés cuando se queda solo, convendría investigar qué está sucediendo.

Por tanto, no debemos interpretar los saltos o los ladridos de manera aislada. También importa cómo se comporta cuando no estamos.

Imagen de un galgo© Getty Images

¿Cómo debemos saludar a nuestro perro cuando volvemos a casa?

¿Debemos corresponder a su entusiasmo con caricias, abrazos y juegos o es preferible esperar a que se calme?

Para Ana Ramírez, la mejor opción es encontrar un equilibrio. Saludar a nuestro perro es positivo y forma parte de nuestra relación con él, pero conviene evitar que nuestra respuesta aumente todavía más su excitación si ya está muy alterado.

"En los perros que se alteran mucho, puede resultar útil esperar unos segundos a que se tranquilicen un poco antes de ofrecer caricias o iniciar el juego", recomienda.

Eso no significa que debamos ignorarlo ni mostrarnos indiferentes. Podemos hablarle con tranquilidad, dejar que se acerque y ofrecerle atención cuando esté más sereno, sin convertir nuestra llegada en un momento de excitación descontrolada.

Perro en su colchoneta© Getty Images

En definitiva, no se trata de conseguir que nuestro perro deje de emocionarse al vernos, sino de ayudarle a expresar esa emoción de una manera saludable. Y, sobre todo, de conocerlo lo suficiente como para distinguir cuándo sus saltos son una manifestación de alegría y cuándo pueden estar diciéndonos que necesita ayuda.