Nieves Álvarez tiene ese tipo de rutina que no parece imposible ni extrema, pero que de verdad funciona. A los 52 años sigue defendiendo hábitos simples y constantes frente a los atajos milagro. Y hay uno que repite casi como una norma no escrita porque sabe que cambia por completo cómo responde su cuerpo: hidratarse correctamente. "Algo que no descuido nunca es la hidratación", explicaba Nieves Álvarez en redes sociales.
Uno de los errores más frecuentes en quienes entrenan es pensar que el agua es un detalle secundario. No lo es. Y la ciencia lleva tiempo advirtiéndolo. Mientras la conversación sobre fitness sigue obsesionada con proteínas, suplementos o entrenamientos de alta intensidad, los expertos coinciden en que el agua sigue siendo el factor más infravalorado del rendimiento físico.
Por qué es tan importante hidratarte mientras entrenas
Omar Tayara, entrenador del Hospital Universitario Viamed Santa Elena, explica que "una pérdida del 2% del peso corporal en forma de líquido reduce el rendimiento aeróbico entre un 10 y un 20%". Entrenar deshidratado hace que te canses antes, pierdas fuerza, notes más fatiga y recuperes peor aunque estés haciendo exactamente la misma rutina. El especialista advierte que cuando falta hidratación, el volumen plasmático disminuye, el corazón necesita trabajar más rápido y el cuerpo regula peor la temperatura. El resultado aparece enseguida: sensación de agotamiento precoz, peor concentración y entrenamientos menos eficaces.
Lo más llamativo es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de que estamos deshidratados. Omar Tayara advierte que las primeras señales suelen confundirse con estrés o cansancio normal. Insiste además en un truco tan simple como revelador: mirar el color de la orina por la mañana. "Una orina amarillo pálido sugiere buena hidratación; una más oscura, color manzanilla cargada, indica déficit".
Y hay algo todavía más interesante, hidratarse bien no solo cambia cómo entrenas, también cambia cómo se recupera tu cuerpo horas después. Desde Viamed, Omar Tayara recuerda que la recuperación muscular es, en gran medida, "un proceso hídrico". Sin suficiente agua, el organismo repone peor el glucógeno, la síntesis proteica funciona peor y aumenta la sensación de fatiga residual. Dicho de otra manera: no beber suficiente puede hacer que el entrenamiento te dure en el cuerpo mucho más de lo necesario.
Incluso el descanso se resiente. Omar Tayara añade que la deshidratación también afecta al sueño. Ese cansancio raro que muchas veces atribuimos al estrés o al ritmo de vida puede empezar bastante antes, en algo tan básico como no estar hidratándonos bien.
Beber solo cuando tienes sed no basta
La mayoría espera a sentir sed para beber agua. El problema es que, cuando aparece la sed, el cuerpo ya va tarde. "La sed es un mecanismo tardío", recuerda Omar Tayara de Viamed. "Se activa cuando ya existe un déficit hídrico medible". Es decir: cuando notas la boca seca, tu rendimiento ya se ha resentido. Por eso Nieves Álvarez insiste en hidratarse "antes, durante y después" del entrenamiento. La diferencia entre llegar hidratada al gimnasio y hacerlo arrastrando déficit de agua desde la mañana puede notarse incluso en la fuerza muscular y la recuperación posterior. También en la piel. Porque hay una conexión directa entre hidratación y aspecto físico que muchas veces se reduce a una cuestión superficial, cuando en realidad tiene detrás una explicación biológica mucho más profunda.
Nohemí Bermúdez, experta en nutricosmética y fundadora de Mímate Cosmetics, explica que los primeros signos de deshidratación suelen aparecer antes en la funcionalidad de la piel que en las arrugas. "La piel se siente tirante, pierde ese aspecto relleno que asociamos a una piel sana y aparecen pequeñas líneas finas que antes no eran tan visibles", señala la especialista. Incluso advierte de algo que genera mucha confusión: "Una piel mixta o grasa también puede estar deshidratada". La clave no es únicamente beber agua, sino conseguir que la piel sea capaz de retenerla.
Uno de los grandes malentendidos del cuidado facial moderno es pensar que hidratar es solo aplicar crema. "Una piel bien hidratada mantiene mejor su estructura y responde mejor al estrés diario, los cambios hormonales o la contaminación", señala Bermúdez.
Ese efecto que muchas veces atribuimos a un cosmético caro o a una buena base de maquillaje tiene mucho más que ver con algo menos espectacular y bastante más biológico: la capacidad de la piel para retener agua. Nohemí Bermúdez explica que, cuando la barrera cutánea funciona bien, la textura se vuelve más uniforme, la piel recupera elasticidad y hasta el maquillaje se integra mejor en lugar de quedarse marcado en líneas finas o zonas resecas.
"Beber agua es absolutamente necesario, pero no es el único factor con el que hidratamos la piel", explica Bermúdez. Según la experta, nutrientes como el ácido hialurónico, los omega 3, las vitaminas antioxidantes o el zinc ayudan a mejorar esa retención hídrica y la calidad cutánea desde dentro. "Si la piel está hidratada es más flexible y la luz se refleja de forma más uniforme. El resultado es un aspecto más luminoso, descansado y saludable", afirma.













