Salud hormonal

Vitamina C y otros antioxidantes que pueden ayudar a retrasar la menopausia, según un estudio


Un estudio sugiere que una mayor carga antioxidante pueden prolongar la etapa fértil


Una mujer tomando su suplemento de vitamina C© Getty Images
7 de febrero de 2026 a las 18:00 CET

¿Cuántas veces hemos oído que nacemos con una cantidad determinada de óvulos? Durante décadas se nos ha explicado que la menopausia era inevitable, un proceso casi programado genéticamente que determinaba nuestros años fértiles y la edad a la que entraríamos en la menopausia. Sin embargo, la investigación más reciente empieza a señalar un camino diferente y a arrojar nueva luz sobre cómo se produce realmente esta transición. Un estudio publicado en 2025 en Scientific Reports aporta evidencia en esta dirección al analizar la relación entre la carga antioxidante de la dieta y la edad de inicio de la menopausia.

Mujer come sano© Getty Images

Primero el desgaste, luego el cambio (y no al revés)

En este estudio, basado en 4.514 mujeres posmenopáusicas, se analizó la capacidad antioxidante global de la dieta a partir de la ingesta combinada de distintos alimentos ricos en antioxidantes. Este enfoque resulta especialmente relevante, ya que el estrés oxidativo no depende de un único nutrientesino del equilibrio global entre la producción de radicales libres (oxidantes) y la capacidad antioxidante del organismo.

Los resultados fueron llamativos: las mujeres con una mayor carga antioxidante en su alimentación presentaban una edad de inicio de la menopausia más tardía y una mayor duración de la vida fértil. Esta asociación se relacionó con una reducción aproximada del 4 % en el riesgo de menopausia temprana, definida como aquella que aparece antes de los 45 años. Conviene recordar que el mantenimiento de los óvulos es un proceso altamente dependiente de la disponibilidad de antioxidantes.

la vitamina C es uno de los suplementos que favorecen la longevidad© melanieribbe

Vitamina C y carotenoides: las protagonistas discretas

Aunque el estudio se centró únicamente en antioxidantes considerados “básicos”, como la vitamina C, los carotenoides, la vitamina E, el selenio y el zinc, sus hallazgos resultan especialmente relevantes, ya que abren la puerta a una comprensión distinta de esta transición. 

Desde un punto de vista fisiológico, dentro del conjunto de antioxidantes analizados, la vitamina C y los carotenoides mostraron asociaciones más consistentes con una menopausia más tardía, así como con procesos clave como la protección mitocondrial, la modulación de la inflamación y la defensa frente al daño oxidativo. Todos ellos están directamente implicados en el envejecimiento celular y en la vulnerabilidad del tejido ovárico.

Aunque se trata de un estudio observacional —como ocurre con gran parte de la investigación en nutrición—, sus resultados refuerzan una hipótesis cada vez más presente en la literatura científica: el estrés oxidativo podría preceder a los cambios neuronales y hormonales que hasta ahora se han considerado el eje central de la transición a la menopausia. Desde esta perspectiva, la menopausia no sería únicamente el final de la función reproductiva, sino una adaptación biológica a un entorno interno más oxidativo y menos favorable para sostener procesos altamente demandantes, como la fertilidad.

Entonces… ¿el cuerpo “elige” dejar la fertilidad?

Otro estudio paralelo aporta una pieza clave a este rompecabezas. En 2024, investigadores analizaron datos de más de 2.100 mujeres y observaron que el estrés oxidativo altera de forma negativa el desarrollo de los folículos, la calidad de los óvulos y la receptividad endometrial, procesos especialmente sensibles a la acción de los radicales libres y al equilibrio antioxidante del organismo. Lo más interesante de este trabajo es que no se centra en un único nutriente “mágico”, sino en un patrón alimentario global, integrado dentro de un estilo de vida con mayor densidad de micronutrientes, que se asocia con mejores resultados reproductivos y metabólicos.

En términos prácticos, estos hallazgos sugieren que un buen estado nutricional podría contribuir a retrasar la aparición de la menopausia, mientras que la carencia sostenida de determinados nutrientes podría favorecer su adelanto. Esto tendría un impacto directo en cómo y cuándo el cuerpo inicia la transición. Desde esta perspectiva, la menopausia no se entiende únicamente como un evento hormonal aislado, sino como parte de un proceso más amplio de envejecimiento metabólico, neuronal y adaptativo, orientado a prolongar la vida de la mujer y a facilitar su papel social en la transmisión de la cultura, dejando atrás la función reproductiva.

Mujer riendo mientras come un higo fresco.© @anthropologie

¿Qué tipo de alimentación refleja este patrón antioxidante?

Antes de hablar de antioxidantes dietéticos, conviene recordar algo fundamental: el cuerpo humano produce sus propios antioxidantes endógenos, como el glutatión, la superóxido dismutasa (SOD) o la catalasa, que forman parte de nuestra defensa natural frente al estrés oxidativo. El problema no suele ser su ausencia, sino que, con la edad, el estrés crónico, las carencias nutricionales y la sobrecarga metabólica, su capacidad de producción y reciclaje se ve progresivamente disminuida.

La genética y la epigenética influyen de forma directa en cómo absorbemos y utilizamos antioxidantes y otros micronutrientes. Existen polimorfismos genéticos que pueden afectar al envejecimiento celular y adelantar o retrasar procesos biológicos como la menopausia.

En este contexto, la dieta y el estilo de vida no sustituyen al sistema antioxidante propio del organismo, pero sí pueden estimularlo, sostenerlo o, por el contrario, agotarlo. Además, existen pruebas genéticas que permiten identificar estas variaciones individuales y personalizar las recomendaciones nutricionales, incluida la suplementación específica de determinados antioxidantes.

remedios catarro vitamina c© Adobe Stock

Tips para reforzar el eje antioxidante (en la práctica)

Diversidad. Carotenoides como la astaxantina son antioxidantes potentes presentes en algas y pescados salvajes como la sardina o el salmón salvaje. La luteína y la zeaxantina se encuentran en espinacas, kale, acelgas y yema de huevo, mientras que el licopeno destaca en el tomate, especialmente cocinado. A esta protección se suman los polifenoles, abundantes en alimentos como el té matcha o el cacao puro, conocidos por su capacidad para modular el estrés oxidativo y la inflamación. La clave está en combinarlos a lo largo de la semana, no en consumir siempre los mismos.

La vitamina que ayuda. La vitamina C contribuye a neutralizar radicales libres y a reciclar otros antioxidantes del organismo. Está presente en perejil, kiwi, frutos rojos, maqui, guayaba o rosa mosqueta.  

Estimula tus antioxidantes endógenos. El cuerpo produce antioxidantes endógenos, como el glutatión, cuya síntesis puede estimularse apoyando la función hepática. Alimentos como crucíferas, ajo y cebolla, junto con plantas como el cardo mariano, favorecen este proceso.

Los minerales que no se ven. El zinc y el selenio son esenciales para el correcto funcionamiento de las enzimas antioxidantes. El zinc se encuentra en mariscos, carnes y semillas de calabaza; el selenio, en pescado, huevos y nueces de Brasil. 

Muévete con medida. El ejercicio moderado y regular estimula la producción de antioxidantes propios. Caminar, entrenar fuerza de forma progresiva o practicar movimiento consciente es suficiente; el exceso puede generar más oxidación.

Calmar la mente también protege. El estrés crónico incrementa el daño oxidativo. Actividades que anclan al presente como la respiración consiente, tejer, cantar, pintar, agradecer o escribir a mano, ayudan a reducir la activación del eje del estrés.

Duerme para reparar. Durante el sueño profundo se activan procesos de reparación celular y control del estrés oxidativo. Sin un descanso adecuado, la capacidad antioxidante del organismo se ve comprometida.

deficit vitamina d alimentos aportan

REFERENCIAS

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