En el animado barrio de Vera de la ciudad de Tiflis (capital de Georgia) se ubica Wine Factory N1. Un edificio histórico que, a día de hoy, alberga un complejo cultural y gastronómico con restaurantes, wine bars, espacios de ocio y también una zona de conservación de vinos antiguos. Se trata de una reconversión contemporánea de una antigua bodega industrial con una historia verdaderamente fascinante…
Esta edificación fue construida entre los años 1894 y 1896, durante el Imperio ruso, como una de las bodegas más avanzadas de su época. Un proyecto financiado por el empresario y filántropo georgiano David Sarajishvili, considerado el padre de la industria moderna del vino y el brandy en Georgia, quien impulsó la introducción de métodos científicos de producción y envejecimiento. Pues bien, con el paso del tiempo, el edificio, que contaba con extensas bodegas subterráneas (perfectas para mantener condiciones constantes de temperatura), se ha convertido en una especie de ‘depósito histórico del vino’.
UNA BODEGA CON VERDADERAS JOYAS ENOLÓGICAS
A lo largo del siglo XX, especialmente tras la Revolución rusa y durante la etapa soviética, estas instalaciones comenzaron, como decimos, a acumular una extraordinaria colección de botellas procedentes de distintos orígenes, incluyendo vinos georgianos, europeos y colecciones privadas aristocráticas confiscadas o centralizadas por el Estado.
Aunque el conjunto pudo llegar a alcanzar más de 100.000 botellas, hoy se conservan en el edificio unas 20.000 piezas y, entre ellas, se encuentran verdaderas joyas, desde cognacs históricos y champanes de colección, así como botellas asociadas a la familia imperial rusa, incluidos los zares Alejandro III y Nicolás II, y piezas vinculadas a colecciones europeas de la época de Napoleón Bonaparte. También aparecen vínculos con el periodo soviético y con la figura de Joseph Stalin.
VINOS DE COLECCIÓN, A SUBASTA
Ahora el Gobierno de Georgia ha decidido abrir esa bodega ubicada en Wine Factory N1. y dar a conocer todo ese patrimonio enológico. Hace escasos días se celebraba un acto oficial al que contaba con la presencia del primer ministro, Irakli Kobakhidze, y también del ministro de Agricultura del país, Davit Songhulashvili, quien describió esta bodega como “un espacio único que conserva vinos y bebidas espirituosas envejecidos durante más de dos siglos, y subraya una vez más la importancia de Georgia como cuna de la cultura del vino”. Un evento al que acudieron también destacadas figuras del mundo del vino como, por ejemplo, el presidente de Château d’Yquem, Pierre Lurton.
La idea es que dicho espacio, que ha sido transferido a la Agencia Nacional del Vino de Georgia, funcione como centro de conservación, estudio y catalogación de todo ese archivo vinícola: así podrá identificarse el origen exacto, la antigüedad y valor de cada botella, en un proceso que podría culminar en la salida a subasta internacional de algunas de las piezas más raras.
Los ingresos obtenidos se destinarían a proyectos estratégicos como la creación de una escuela de vino de alto nivel en Georgia. Todo, con un fin último, mayor aún: posicionar a Georgia como uno de los grandes referentes mundiales del vino.
GEORGIA, UN PAÍS DE GRAN TRADICIÓN VINÍCOLA
Aunque en España no son muy conocidos a nivel popular (algo que está empezando a cambiar poco a poco; ya no es tan extraño encontrarlos en algunas cartas), los vinos de Georgia son de una gran calidad. De hecho, el país está considerado como una de las cunas históricas del vino, con una tradición vitivinícola que se remonta a más de 8.000 años (lo que la convierte en uno de los territorios con evidencia más antigua de producción de vino en el mundo).
Esta herencia está profundamente integrada en su cultura, su gastronomía y su identidad nacional. Una de las particularidades de producción es su método tradicional de fermentación en recipientes de barro llamados qvevri, enterrados bajo tierra, una técnica ancestral que ha sobrevivido hasta hoy y que produce vinos de gran carácter y complejidad.
Entre los vinos georgianos más conocidos destacan variedades autóctonas como Saperavi, una uva tinta intensa, o Rkatsiteli, una de las uvas blancas más antiguas del mundo, que puede dar lugar tanto a vinos frescos como a estilos ‘ámbar’ fermentados con pieles. También son muy reconocidos vinos como Kindzmarauli, de perfil más dulce y afrutado, o Mukuzani y Tsinandali, que representan estilos más clásicos dentro de la tradición georgiana.
En los últimos años, estos vinos han ganado, como decíamos, mucha popularidad fuera del país, especialmente en Europa, incluida España, donde la tendencia de vinos naturales y de mínima intervención ha impulsado el interés por Georgia y estos sabrosos vinos.









