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juliette binoche

Juliette Binoche

Hierática y distinguida, su frialdad puede fundirse y aparece una mujer apasionada y fuerte capaz de amar hasta la muerte. Distante y lejana ha sabido envolverse en un halo que parece preservarla de todo mal. Convertida en la actriz francesa más internacional, sigue eligiendo con cuidado los papeles, evitando, a toda costa, encasillarse, mientras su sonrisa, que apenas se vislumbra, y el fuego de su mirada fuerzan al espectador a imaginar fantasías eróticas en las que el hielo se convierte en fuego.


7 de noviembre de 2006 - 14:12 CET
París. Francia

Hija de actriz y escultor, nació en París el 9 de marzo de 1964. Sus primeros trabajos fueron producciones francesas casi desconocidas en España. Juliette Binoche se había formado en el Teatro del Conservatorio de París y tras haber dudado entre la pintura y el arte dramático, se dio a conocer en Je vous salue Marie de Jean-Luc Godard en 1983.

André Téchiné le confía su primer auténtico papel en Rendez-vous (1985) cuando tiene 20 años. Durante los años siguientes comparte su vida y su carrera con el director Léos Carax, con quien rueda Mala sangre (1986) y Los amantes del Pont Neuf (1991). Tras Azul (1993) de Krysztof Kieslowski, El húsar en el tejado (1995) de Jean-Paul Rappeneau, Un diván en Nueva York (1995) de Chantal Ackerman, con William Hurt, y El paciente inglés (1996), Juliette Binoche se alzará con el Oscar a la mejor actriz de reparto, por su interpretación en El Paciente Inglés.

Convertida en la nueva musa del cine galo, con permiso de Catherine Deneuve, alejada de la insípida fama, y el más mínimo afán de protagonismo, la dulce Juliette ve pasar los días sin airear su vida privada, seleccionando con cuidado los papeles que protagoniza y dejando perfectamente claro no tener intención alguna de convertirse en estrella. Está por encima de todo eso, y lo sabe. Es un lujo que sólo pueden permitirse unos cuantos privilegiados.

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