Muchísimo volumen desde la raíz, rizos XXL y una melena que ocupa casi tanto espacio como ella. Eva Longoria se ha sumado a la fiebre ochentera llevándola al extremo, aunque su cambio de imagen tiene truco: se trata de una peluca. Ella misma ha encontrado una definición bastante precisa para el resultado: big ass hair.
El look de Longoria forma parte de una campaña y exagera una tendencia que empieza a abrirse paso también fuera de las redes sociales: el pelo vuelve a crecer hacia arriba y hacia los lados después de años de raíces controladas, ondas pulidas y melenas trabajadas para que cada mechón permaneciera en su sitio. Aunque la referencia inmediata sean los ochenta, en su peinado conviven varias décadas.
"Conserva el aire retro por unos volúmenes muy exagerados y unas ondas que giran entre los años 50, combinado con el volumen de los 80", nos explica Alejandro Presas, peluquero y educador de Montibello. La clave para que en 2026 resulte atractivo en lugar de parecer un disfraz está en el acabado. "El brillo y el pulido del cabello son muy afines a 2026", señala Presas. "Ha recuperado lo romántico de unas ondas de los años 50 y lo ha llevado a un volumen extremo de los años 80".
Del 'trend' viral al regreso del 'brushing'
Más allá del juego de imaginarse en otra década, el look de Eva Longoria conecta con un cambio que los peluqueros ya empiezan a detectar fuera de las redes sociales. Tras varias temporadas dominadas por planchas, tenacillas y ondas muy controladas, el brushing vuelve a ganar terreno y con él regresan el volumen y el movimiento.
"Muchos profesionales me comentan que la gente ya no quiere tanto planchas y tenacillas, sino que vuelve al brushing para tener un movimiento natural", explica Presas. Las herramientas de calor siguen presentes, pero cambia la forma de utilizarlas. Después del brushing, propone recurrir a ellas solo para dar "un toque" en determinados mechones y conseguir que el cabello se vea más pulido y brillante.
El objetivo es que cada onda tenga movimiento. "Trabajar todo absolutamente con plancha o tenacilla quita movimiento", asegura. Frente a ese acabado, el brushing permite levantar la raíz y construir volumen mientras el cabello conserva una caída más libre. La versión de 2026 del big hair mantiene el volumen de los ochenta, pero cambia la textura. El cabello se busca brillante, flexible y con movimiento.
Cómo llevar el pelo de Eva Longoria en la vida real
La peluca de Eva está pensada para llevar la tendencia hasta sus últimas consecuencias. Para trasladarla al día a día, Presas rebajaría precisamente sus dos elementos más llamativos: "Bajaría un poco el volumen de la parte frontal y marcaría menos las ondas delanteras".
A partir de ahí, trabajaría el cabello con brushing y utilizaría la plancha o la tenacilla únicamente en aquellas zonas que necesiten un acabado más pulido. En lugar de buscar una fijación extrema, recomienda usar fórmulas que aporten textura y ayuden a conservar el peinado sin dejar el cabello rígido. "Los stylings están cambiando hacia productos que me ayuden a mantener el peinado pero no me den rigidez ni fijaciones extremas", explica el educador de Montibello.
Como base del peinado, Presas recomienda aplicar un producto de textura antes de comenzar el brushing, que ayude a marcar las ondas y construir volumen sin restar movimiento. Después, propone recurrir a un producto de acabado que aporte textura y aguante sin una fijación extrema, para mantener esa sensación de melena flexible.
Una vez creadas las ondas llega otro de los pasos importantes: romperlas. Cepillarlas, abrirlas y moverlas con las manos permite que dejen de parecer rizos construidos uno a uno y empiecen a integrarse en una única melena. Como último paso, unas gotas de aceite en medios y puntas ayudan a pulir el cabello y a terminar de deshacer el marcado para conseguir unas ondas más sueltas y naturales.
"Me parece una apuesta muy decidida por la vuelta a la artesanía de la peluquería", resume. Para Presas, el cambio devuelve protagonismo a una belleza basada en "el volumen, el movimiento, lo elaborado y la personalización".
El secreto está en adaptar el volumen a tus facciones
Copiar exactamente las proporciones de la peluca de Eva Longoria tampoco es el objetivo. Según Alejandro Presas, el paso que marca la diferencia está en adaptar el volumen a quien lo lleva. "Los volúmenes tienen que ir acordes con la estructura corporal y el estilo de cada persona", explica. El maquillaje, los complementos, la forma de vestir e incluso la relación que cada persona mantiene con su cabello entran en juego antes de decidir hasta dónde llevar una propuesta así.
También importa cuánto tiempo queremos dedicarle. El resultado cambia entre quien acude a la peluquería cada semana y quien necesita reproducir el peinado en casa. La clave, apunta Presas, está en buscar "una personalización donde la gente se sienta cómoda con los looks".
En cuanto a los rostros, el peluquero señala especialmente los ovalados y triangulares, sobre todo aquellos que concentran menos volumen en la zona de la barbilla. Aun así, considera que la tendencia puede trasladarse a diferentes facciones jugando con el lugar y la cantidad de volumen.
En el cabello fino, Presas recomienda partir de productos de volumen capaces de aportar cuerpo a la fibra antes de comenzar el brushing. El objetivo es crear una base que permita levantar la raíz y sostener el peinado. En cabellos gruesos, la estrategia cambia. Presas apuesta por fórmulas hidratantes y productos de peinado que permitan trabajar todo ese volumen sin convertirlo en una masa rígida.
Y para evitar el encrespamiento habla de revisar primero el estado del cabello. Cuando procede de una falta de hidratación, recomienda fórmulas que ayuden a recuperar ese equilibrio; cuando está relacionado con una fibra dañada y una cutícula que necesita reparación, apuesta por productos selladores.















