Ni las pizarras de Luis de la Fuente, ni los millones de la Premier League, ni su mediático fichaje por el Real Madrid. El verdadero quebradero de cabeza de Marc Cucurella, una de las estrellas de la actual Selección Española, mide más de veinte centímetros, es indomable por las mañanas y se ha convertido en un icono global. Detrás de ese imponente muro de rizos no hay casualidad, sino un trauma capilar del pasado, una divertida estrategia materna y una rutina de cuidado tan estricta que roza la obsesión. Así se gestiona la melena más famosa del fútbol mundial.
El origen: un "GPS" inventado por su madre
El origen de este icónico peinado no fue una decisión estética ni una rebeldía de juventud, sino una solución puramente práctica. Según ha confesado el propio futbolista, el mérito es de su madre, Patricia Saseta. Cuando Marc empezó a jugar en campos de fútbol 11 en la categoría de alevines, ella se pasaba los partidos hablando con el resto de padres en la grada. Para no perder el hilo del juego ni a su hijo, decidió dejarle el pelo largo como un "localizador" visual. Una mirada rápida al césped y listo: "Ahí está".
Lo llamativo es que Cucurella no siempre lució la melena que hoy le caracteriza. Las fotografías de su infancia y de sus primeros años en la cantera del FC Barcelona muestran a un niño con el cabello mucho más corto y convencional. El gran cambio llegó durante la adolescencia, cuando decidió dejar crecer sus rizos hasta convertirlos en una seña de identidad. Lo que comenzó como una simple costumbre terminó transformándose en una marca personal. Desde entonces, jamás se ha sometido a un corte radical y ha repetido en numerosas ocasiones que no contempla cortarse el pelo porque forma parte de quién es tanto dentro como fuera del campo.
La estricta rutina: de la ducha al drama matutino
Aunque sobre el terreno de juego parezca una melena salvaje e indomable, la realidad es muy distinta. Cucurella mantiene a rajatabla una rutina exhaustiva de cuidados. Su imagen está ligada comercialmente a Garnier, firma de la que es embajador, concretamente de la gama Garnier Good, y, en una entrevista, el lateral fue tajante al explicar una de sus normas de oro: "Prohibidos los productos 2 en 1".
Para él, el cuidado del cabello empieza por utilizar siempre un champú específico para rizos y, por separado, una mascarilla ultrahidratante. Esta rutina alarga considerablemente el tiempo que dedica a cada lavado, una tarea que suele realizar cada uno o dos días para combatir el sudor, el desgaste físico y la exposición al sol durante los entrenamientos.
La hidratación es una de sus mayores obsesiones. Su cabello está sometido constantemente al viento, la lluvia y las exigentes condiciones climáticas de Inglaterra, por lo que recurre a acondicionadores, mascarillas y productos específicos destinados a mantener la elasticidad y la definición natural de los rizos. Según ha explicado en diferentes entrevistas promocionales, considera que el volumen solo puede mantenerse si el cabello permanece sano e hidratado.
Sin embargo, el verdadero desafío llega cada mañana. El futbolista ha confesado que despertarse supone enfrentarse a una auténtica batalla contra los enredos y el volumen aplastado durante la noche. El pelo amanece completamente desordenado, lo que le obliga a pasar entre 30 y 45 minutos encerrado en el baño. Los primeros quince minutos los dedica exclusivamente a deshacer nudos con un peine de púas anchas. Después llega el momento de aplicar cremas específicas para redefinir el rizo y devolverle su forma natural.
El secado es otra parte fundamental de su rutina. El futbolista renuncia por completo a secadores y planchas porque considera que el calor deteriora la estructura del rizo y favorece la rotura del cabello. Por eso deja que el pelo se seque al aire libre durante varias horas, incluso cuando las temperaturas no acompañan. Es una cuestión de paciencia, pero también de convicción: para él, preservar la salud del cabello está por encima de cualquier comodidad.
Cuando visita al peluquero, sus peticiones son igualmente minimalistas. Nada de degradados modernos, cambios de imagen radicales o experimentos de tendencia. Solo pide cortes de mantenimiento en seco para sanear las puntas abiertas y descargar ligeramente las capas internas. La forma redondeada permanece intacta y el volumen es absolutamente sagrado.
Esta fidelidad a su imagen ha terminado convirtiéndose en un activo comercial. Tras la Eurocopa 2024, su melena dejó de ser una simple curiosidad para transformarse en uno de los elementos más reconocibles de su marca personal. Campañas publicitarias, entrevistas internacionales y acciones promocionales han utilizado el cabello del lateral como reclamo, hasta el punto de que muchos expertos en marketing deportivo consideran que sus rizos son hoy tan identificables como algunos de los rasgos más icónicos de las grandes estrellas del fútbol mundial.
Un vestuario entre el vacile y el peligro
La popularidad de su cabellera también ha dado pie a innumerables bromas. Dentro de la selección española, compañeros como Lamine Yamal le insisten constantemente en que debería cortársela por razones "aerodinámicas". Otros bromean con que tapa la visión de los porteros durante los córners o que necesita un código postal propio para localizarla. En la Premier League, sin embargo, el asunto ha llegado a tener consecuencias más serias.
Todavía se recuerda el polémico tirón de pelo que le propinó Cristian "Cuti" Romero durante un partido entre Chelsea y Tottenham. La acción no fue sancionada y generó una enorme polémica en Inglaterra. Desde entonces, algunos rivales bromean con la posibilidad de "hacerle un Romero" cuando quieren detener una de sus internadas por la banda. Lo que para muchos es un simple peinado se ha convertido incluso en una herramienta involuntaria para identificarle dentro del campo.
Convivencia familiar: un miembro más de la casa
En el ámbito doméstico, la melena genera opiniones enfrentadas. Su pareja, Claudia Rodríguez, ha reconocido con humor que convivir con semejante volumen de pelo puede llegar a ser "un sufrimiento". El espacio que ocupa en el baño, los pelos que aparecen tras cada cepillado y el tiempo que Marc dedica a cuidarlo forman parte de la rutina familiar. Para sus hijos, sin embargo, el cabello de su padre es poco menos que un juguete. Mateo, Río y Bella, de 7, 5 y 3 años, están fascinados con esos rizos imposibles. Lo ven como un personaje de dibujos animados o un superhéroe y disfrutan escondiendo pequeños objetos entre los mechones o tirando suavemente de ellos mientras juegan. En casa, la melena es ya un miembro más de la familia.
El trauma del pasado y la promesa del Mundial
A pesar de las bromas constantes de compañeros, aficionados y periodistas, Cucurella jamás ha dudado sobre la continuidad de su cabello. Quienes le conocen desde las categorías inferiores recuerdan que siempre defendió su imagen característica y que rara vez aceptaba sugerencias relacionadas con cambios importantes de aspecto. Con el paso de los años, la melena terminó convirtiéndose en una extensión de su personalidad. Esa fidelidad tiene también una explicación traumática.
El futbolista ha reiterado en distintas ocasiones, incluida una entrevista para la BBC, que nunca se cortará el pelo. Buena parte de esa determinación nació tras una experiencia que todavía recuerda con disgusto. Según relató, quedó profundamente marcado después de hacerse unas llamativas trenzas. Lo que parecía una simple aventura estética acabó derivando en un proceso complicado que incluyó decoloración y una notable caída del cabello al retirarlas. Desde entonces decidió desterrar cualquier tratamiento químico agresivo y no volver a experimentar con cambios drásticos.
Aquella experiencia representa lo más cerca que ha estado de modificar seriamente su aspecto. Más allá de pequeños retoques de mantenimiento y de algún cambio puntual de color, Cucurella nunca se ha rapado ni ha vuelto a llevar el pelo corto desde que decidió dejarlo crecer durante la adolescencia. Las fotografías de sus primeros años como futbolista son prácticamente el único testimonio de una época anterior a la famosa melena.
Este idilio con su cabello ya ha dejado momentos memorables. Uno de los más recordados llegó tras la conquista de la Eurocopa, cuando cumplió una promesa realizada durante el torneo y se tiñó el pelo. El resultado fue un tono mucho más cercano al naranja chillón que al rojo fuego prometido, debido a la base oscura de su cabello. Las imágenes recorrieron las redes sociales y reforzaron aún más la conexión entre el jugador y su característica cabellera.
De cara al próximo Mundial, sin embargo, el pelo seguirá siendo territorio intocable. Consciente de ello, ha preferido buscar otras formas de cumplir futuras apuestas. La última es especialmente llamativa: si España se proclama campeona del mundo, se tatuará en el bíceps el rostro de Luis de la Fuente. Una promesa que deja claro que, para Marc Cucurella, hay algo más difícil que ganar un gran torneo internacional: convencerle de que se desprenda de la melena que lleva acompañándolo desde hace más de una década.












