No ha sido una tormenta puntual ni un temporal aislado. Ha sido un desfile. Desde finales de diciembre, las borrascas atlánticas han cruzado la península como si la puerta nunca se hubiera cerrado. Con la llegada de Pedro —la número 16 de la temporada 2025-2026— España se sitúa a una sola de igualar el récord histórico de borrascas nombradas, fijado en 17 durante el año hidrológico 2023-2024.
Pero más allá del contador meteorológico, lo verdaderamente llamativo es otra cosa. Este invierno no ha sido solo ventoso o lluvioso; ha sido persistente, casi obsesivo. Durante semanas, el cielo ha marcado el ritmo de nuestras conversaciones, nuestras rutas y nuestras decisiones cotidianas. Nunca habíamos mirado tanto al parte meteorológico.
¿Qué récord está realmente en juego?
Conviene aclararlo: no hablamos de la borrasca más intensa ni de la más destructiva de la historia.
El récord al que nos acercamos es el de mayor número de borrascas nombradas en una misma temporada desde que en 2017 comenzó el sistema oficial de denominación.
Las borrascas reciben nombre cuando se prevén avisos naranja o rojo por viento, según el protocolo coordinado entre AEMET, Météo-France, el IPMA portugués y otros servicios europeos.
Pedro fue nombrada por Météo-France. Y es la 16ª de una temporada que aún no ha terminado.
Pedro: viento, mar y nieve
La borrasca Pedro ha activado:
- Aviso naranja por fenómenos costeros en Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco.
- Olas de hasta 6–8 metros en el litoral cantábrico.
- Rachas que pueden superar los 120 km/h en cabos y zonas expuestas.
- Nieve a partir de 700 metros en el norte peninsular.
Galicia vuelve a ser uno de los territorios más castigados, con alerta amarilla en tierra por rachas de hasta 80 km/h y recomendación de evitar paseos por zonas costeras.
Pero Pedro no es un episodio aislado. Es una pieza más del engranaje.
Un año hidrológico marcado por cifras inéditas
Los números explican mejor que cualquier adjetivo lo que hemos vivido:
- 429 litros por metro cuadrado entre el 1 de octubre y el 10 de febrero.
- Es la cifra más alta desde el año hidrológico 2000-2001.
- Más de 400 municipios han superado los 500 l/m² desde principios de año.
- Enero de 2026 ha sido el enero más lluvioso desde que hay registros.
- También ha sido el enero con menos horas de sol desde 1996.
Lo extraordinario no fue un día concreto. Fue la continuidad, esa sensación de que la lluvia no daba tregua y que ha generado, como se percibe en la calle, un cierto hartazgo generalizado. Porque, aunque sabemos que es positivo que llueva, incluso lo necesario se lleva mejor cuando llega con moderación.
Grazalema, A Coruña, Mérida: cuando la lluvia no da tregua
En Grazalema se registraron 581 l/m² en 24 horas y más de 2.700 litros acumulados en apenas 43 días.
En A Coruña se encadenaron 38 días consecutivos de lluvia. En Mérida, 23. En puntos de Andalucía y la Comunidad de Madrid, más de dos semanas sin pausa.
El suelo dejó de absorber. Los acuíferos rebosaron. Los embalses tuvieron que abrir compuertas.
Embalses llenos… y bajo presión
Actualmente, España almacena 43.341 hectómetros cúbicos de agua, lo que supone un 77,34 % de su capacidad.
Es cerca de un 25 % más que la media de la última década para estas fechas.
En solo 15 días, los embalses experimentaron una subida histórica.
Pero este alivio hídrico tiene su reverso:
- Ríos en nivel 3 de emergencia.
- Deshielos acelerados.
- Infraestructuras hidráulicas sometidas a estrés.
- Debate sobre el estado de presas con más de 50 años.
La abundancia también exige gestión.
¿Por qué se nombran las borrascas?
Nombrarlas no es una cuestión estética, sino una herramienta de comunicación. Los estudios meteorológicos demuestran que asignar un nombre mejora la percepción del riesgo, facilita la coordinación entre países, unifica los avisos oficiales y evita confusiones cuando el mismo temporal afecta a varios territorios. Las borrascas no entienden de fronteras y un nombre común ayuda a coordinar respuestas y reforzar la concienciación ciudadana. Este invierno, además, esos nombres han sido especialmente recurrentes.
¿Se acaba el desfile de borrascas?
Los modelos apuntan a que el anticiclón de las Azores podría recolocarse, estabilizando progresivamente la atmósfera.
Pero el riesgo hidrológico no desaparece cuando deja de llover.
Con el suelo saturado y la nieve acumulada en montaña, el deshielo puede mantener elevados los caudales durante semanas.
El tren de borrascas puede frenarse. Las consecuencias, no inmediatamente.











